De jóvenes y viejos

Hace una semana que España quedaba en shock debido al anuncio de la abdicación del rey Juan Carlos I. Un hecho histórico al que no se asiste todos los días.

Entre todos los temas, rumores, controversias y asuntos espinosos que han sonado, suenan y seguirán sonando hasta por lo menos septiembre, se encuentra el de la preparación del sucesor -hemos de recordar que el sistema monárquico se apoya en el dereho divino y, en el caso de España es hereditario sanguíneo-. ¿Está realmente preparado un príncipe para ser rey? Esa pregunta que surge entre esos debates antes mencionados, no es la primera vez que suena en este mundo. No somos nada innovadores, al igual que este modo de gobierno. Desde hace milenios, la preparación de los herederos al trono -siempre y cuando la monarquía sea hereditaria- es un problema que vemos con asiduidad. Ya Filipo II de Macedonia, siendo Alejandro -el Magno- pequeño, contrató a Aristóteles, el famoso filósofo griego para que diera clases al futuro rey de Macedonia y Grecia.

En la época griega, pero sobre todo en la romana, la preocupación por la preparación o por la elección del princeps optimus -hubiera valido con elegir a Optimus Prime, pero bueno- se debatía, si leemos a autores como Herodiano, Casio Dión o la Historia Augusta, por ver si era joven o viejo. A cada cual se le otorgaban unas propiedades de acuerdo a los tópicos de la edad: si era un emperador joven, puede ser un general valiente pero no tomará decisiones con calma y se verá arrastrado a los lujos y el placer de la corte; y si por el contrario es un emperador viejo, no realiza tantas campañas militares, se refugia en su corte pero a cambio será más templado en el carácter, debido sin duda al valor que da la edad en esos casos. Otro hecho que encontramos a la hora de estudiar las monarquías romanas -pese a llamar a esta etapa Imperio- es el de alabar de manera general a unos emperadores de los cuales se cogen todas sus virtudes y se comparan con el resto. El que sienta precedente es Augusto, obviamente porque es el primer emperador, pese a quién le pese, sobre todo a  los diseñadores del “Trivial Pursuit”. A partir de él y de sus sucesores en la primera dinastía imperial, la Julio-Claudia, los autores posteriores definirán a los emperadores posteriores. Aquí también debemos comentar que muchas de las fuentes que han llegado hasta nosotros y que pueden ser leídas, si tomamos sus biografías comprobaremos que son del ordo senatorial, así que todo se recude a la siguiente valoración: si un emperador tiene buenas relaciones con el Senado, será representado como un gran gobernante, y si no, será Calígula, Nerón, Cómodo, Heliogábalo. Este hecho es como si nuestra civilización desapareciera un día, y unos quinientos años más tarde aparecieran dos periódicos del mismo día, pero de signo político diferente. ¿A quién creeríamos? Si uno quiere dedicarse al estudio de la Historia, debe ser ante todo crítico. Nadie te va a decir una verdad absoluta y todo tendrás que deducirlo a raiz de esos “periódicos” propagandísticos que nos llegan. Debemos seleccionar e intentar ver, mediante el método de la crítica de textos, cuál es el que más se acerca a la realidad.

Continuando con nuestro periplo sobre los tipos de emperadores dependiendo de la edad, llegamos a saber que incluso han existido modas entorno a estos personajes. Parece ser que cuando ha habido una época de cambios bruscos, se ha buscado la experiencia de un emperador de edad abanzada -princeps senex-, como aparece en el corto pero intenso periodo de tiempo que va entre los años 274 y 285, justo antes del reinado de otro emperador que marcó precedente: Diocleciano y su amada “Tetrarquía”. Parece que el buen amigo quería dejarlo “todo atado y bien atado”, por eso a los que él consideraba sus sucesores los asoció al trono para inculcarles su manera de obrar…Y así surgió la guerra entre Constantino y Majencio.

Pero en todas las épocas, esa discusión sobre juventud y senectud ha estado al alza. Tomando ejemplos contemporáneos del cine: ¿alguien recuerda a un Arturo viejo? ¿O a un Marco Aurelio del que se narren sus primeros años de reinado, siendo joven? La influencia que la literatura de cronista histórico como lo fueron en su día los autores romanos es tal en las sociedades contemporáneas, que no podemos imaginar a un joven mago que no sea malo ni a un buen rey que no sea viejo.

 

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