Sobre Augusto

Tras un tiempo de dar vueltas pensando en qué podría consistir la próxima entrada, he decidido plegarme a las modas y celebrar el año de Augusto, puesto que murió un 19 de Agosto -su mes- del año 14 d.C.
Modas en las que se nos habla del gran reformador, el estratega, el político, el que trae nuevos tiempos a Roma y a su población; al Imperio. En fin, un nuevo sistema que venía a cambiar a la anquilosada República, pero…¿cómo veríamos a Augusto -Octaviano para los amigos- si este hubiera vivido en el siglo XX o en nuestros días?
Debemos tener en mente que, primero, no estamos en época romana ni podemos juzgar los actos del pasado con nuestra mentalidad. Eso tiene que ir siempre por delante porque en cada época ha habido unos modos de pensar y actuar que, nosotros los podremos ver bien o mal, pero han sido así, y no se pueden cambiar. Nuestro deber es cambiar el presente para que el futuro sea siempre a mejor.
Después de esta aclaración, vamos a jugar un poco con la figura del insigne. Llegado al poder tras una guerra civil contra Marco Antonio y la reina de un país en “vías de desarrollo”, Cleopatra VII y su famoso Egipto. Su vida había estado llena de acontecimientos, y ya se veía algo del personaje cuando, siendo todavía adolescente acompañó a su tío abuelo Julio César en la campaña de Munda (año 46-45 a.C.).
¿Y después?
¿Os acordáis de las estatuas de los grandes dictadores por las calles de los países que dirigen o han dirigido? Pues eso. Campaña de marketing y publicidad. Me explico. Cada vez que viajemos a un sitio en el que quedan restos de una ciudad reformada por Augusto o fudada por él mismo, debemos fijarnos en los pequeños detalles, en esos que a simple vista serían reconocidos por una persona de la época como característicos de la misma pero que nosotros identificamos como “muy bonitos”. Vamos a centrarnos en mi ciudad, la actual Cartagena, antigua Noua Karthago en la que podemos observar los grandes cambios producidos en la Pax Augusta: la cosntrucción del teatro, la reforma del foro de la Colonia, la plaza de la manzana anexa al foro, la redecoración de edificos públicos… Todo esto fue una gran campaña para hacerse con el favor de una ciudadanía que todavía respiraba a Pompeyo por sus calles, ya que este gran personaje de la Historia de Roma era el que dio el estatuto de Colonia a la ciudad, allá por el año 55 a.C. aproximadamente. -Necesitamos hacer algo- se diría el nuevo gobernante con preocupación. Ese algo fue la “recalificación de terrenos” mediante la cual se construyó el teatro -hay domus destruídas y restos de mosaicos bajo una parte del mismo-. ¿Os suena de algo ese concepto?
Además, en la decoración del edificio encontramos pistas para que el personaje sea respetado, admirado y a la vez se tenga cuidado con él. Una de ellas es el Apolo Citaredo. Apolo era uno de los dioses protectores de Octavio y a él se encomendará tras la la victoria de Actium. De hecho en el monte Palatino de Roma encontramos un templo en su honor. Otro ejemplo dentro del organigrama del teatro es el friso en el que aparece Rea Silvia. Ésta, madre de Rómulo y Remo, tuvo un affair con Marte por el cual nacen ambos. Rómulo fue el fundador de Roma, pero, según Julio César y su genealogía inventada, toda su familia procede de Marte y Venus. Con lo cual, Julio César y por ende Octavio, son descendientes de Rómulo. Octavio, de esta manera, se entitulaba como el “refundador” de Roma. Esta es una técnica que podemos observar en los dictadores del siglo XX, la de la vuelta la pasado, el pensar que lo de “antes” era el orden y que ellos han puesto punto y final al caos para que, de esa manera el pueblo piense y se crea que con ellos ha llegado la estabilidad. Y por si fuera poco esta campaña de publicidad, visitad el monte Palatino, concretamente la casa de Augusto que, casualmente se construyó junto a unas cabañas de pastores fechadas en la Edad del Bronce pero de las cuales una sería identificada con la casa de Rómulo. -Yo, Octavio, soy el nuevo Rómulo-.
Y cuando pensábamos que la figura del primer Princeps -que no emperador- no podía dar más de sí, fallece, siendo convertido en Dios por su hijo Tiberio. Si hiciéramos un paralelismo con, por ejemplo, Corea del Norte en la actulidad, los dictadores -y autonombrados reyes- Kin Jong Il y su hijo King Jong Un, pasando por el fundador de la dinastía, Kim Il-Sung, serían un buen ejemplo siempre salvando las distancias. Son tratados como semidioses, sus fechas de nacimiento son días de fiesta nacional, han creado un calendario propio -como Julio César o Napoleón- e incluso hay estatuas suyas por todas las ciudades del país. Volviendo a la figura de Augusto y su muerte, esta pareció más una continuación de su vida debido a que en muchas ciudades del Imperio se le erigieron una serie de templos, llamados Augustea y con unos sacerdotes propios -augustales- que solían ser altos mandatarios de la ciudad, como los ediles. En la actual Cartagena se conservan los restos de uno de estos templos que recomiendo encarecidamente visitar, ya que, aunque esté construido en época Flavia -de esos hablaremos en otro post, que también tienen tela- significa la culminación de un cambio de mentalidad que había surgido más de cien años antes, cuando un niño enclenque, de pelo rubio y extremadamente delgado decidió que había que cambiar las cosas.

EstatuaAugusto2003
Fotografía en la que podemos apreciar el momento del hallazgo de la estatua de Augusto “capite velato” en Cartagena, en 2003 (extraída de skyscrapercity.com)

Sobre la miseria humana (Fr. 1 West)

Sobre la miseria humana (Fr. 1 West)
“Hijo mío, Zeus gravitonante posee el cumplimiento
de todo cuanto existe
y todo lo dispone según su voluntad.
Pero los hombres no tienen conciencia de ello,
sino que, pendiente de lo de cada día,
como ganado viven, sin tener idea
de cómo haá la divinidad que cada cosa concluya.”

Con estos versos, editados en 2002 por Emilio Suárez de la Torre para la ed. Cátedra, Simónides de Samos, poeta griego que vivió encabalgado entre el siglo VII-VI a.C., definía lo que para él era esa dejadez humana cuando se sabe protegida por un algo superior. Vemos, analizando el texto, que el poeta -y también activo fundador de ciudades, según algunas fuentes escritas tardías- ve que la gente de su tiempo se siente relajada, esperando que todo vaya como ha ido siempre. Pero sin mover un ápice para hacer que las cosas vayan.
Zeus, que todo lo mueve, hace y deshace a su voluntad, aunque eso no le vaya bien al mortal. Él es un dios. El mayor de los dioses, después de imponerse a Cronos. Le dan igual, en cierto modo, los designios de los humanos. Unos humanos, que viven para ellos mismos, sin pensar en el prójimo, ni en el grupo.
Hoy en día, la mayoría nos vemos rodeados de esa desidia. Una dejadez que hace que nuestros dirigentes, llamémosle Zeus, hagan y deshagan a su antojo, sin importarles lo que o a quien se lleven por delante. Y nosotros, pobres mortales, nos abstraemos de todo, viviendo a lo nuestro. Sin compartir con nadie. A veces, ni con los más cercanos, mientras vemos como nuestro vecino se vuelve imberbe; pero sin remojarnos las barbas. Todo nos da igual. No hay cooperación, y vivimos en una burbuja, en una caverna, en la que sólo vemos lo que nos dejan ver.
El pesimismo y la soledad deberían invadir las costas físicas de cada uno. Y sálvese quien pueda.