¿Por qué le llaman “Circo” cuando quieren decir “Anfiteatro”?

Hace un tiempo, cuando yo iba al colegio -no sé si se seguirá haciendo-, al llegar a dar lo poco que veíamos sobre la cultura romana siempre se nos decía que había tres tipos de edificios de espectáculos: anfiteatro, teatro y circo (estadio).

Un teatro era el sitio en el que se representaban obras teatrales y comienza a ponerse de moda en Roma alrededor de mediados-finales del siglo I a.C.

Un anfiteatro era el edificio, parecido por dimensiones y forma a un estadio de fútbol actual, en el que los gladiadores se daban de leches y se mataban entre sí -a veces-, además de hacer luchas de animales e incluso naumaquias -imitaciones de batallas marítimas-.

Y finalmente, un circo -o estadio- era el sitio donde se hacían carreras de caballos, normalmente en cuádrigas, vamos, a lo “Ben-Hur”.

Hasta aquí todo bien…menos cuando trabajas en un museo que es un teatro y la inmensa mayoría de los visitantes cuando llegan te dicen: “¿es ésta la entrada al anfiteatro?” o “¿quiero ver el coliseo “del” Espartaco?”. En este mundo de pantomima, donde lo que más importa es que la gente no te vea llorar ni sienta tus debilidades y donde te atosigan por los medios de comuniación diciéndote de manera subversiva que tienes que ser “otro”, te retratas cuando te las quieres dar de entendido en una materia y sueltas gazapos tan fáciles de adivinar. Estas pequeñas anécdotas nos demuestran que cada ley de educación que se apruebe va a ser peor que la anterior, precisamente para volverte más burro y andar hacia donde te muestre el resto del ganado.

Lo más lamentable es cuando incluso en libros destinados al público infantil me encuentro con eso gazapos, esas mentiras que de tanto repetirlas se convierten en verdades. Por suerte vivo en una ciudad donde se celebran unas fiestas para rememoran el pasado de la misma. Pero por desgracia vivo en una ciudad donde hasta el gato de la esquina que orina encima de un epígrafe se cree que sabe algo de historia, solo porque ha nacido en ella. Es lo que se llama ser un “sacabarrigas” y, pese a estar equivocado, si estás dentro del círculo, te seguirán dando la razón aunque no la lleves. A veces me parece que estamos dentro del cuento “El traje nuevo del emperador” y que, los que pensamos que esos eruditos a la violeta van desnudos de conocimientos, realmente es que somos tontos.

Leyendo a gente como Séneca o Marco Aurelio, intentas darte cuenta de que no hemos cambiado mucho desde los tiempos en que ellos escribían sus realidades. Hay una gran masa social que acude a edificios de espectáculos a olviddarse de todo mientras su mundo real se acaba.

Al visitante le da igual que donde entra sea un anfiteatro, un circo o un teatro porque gracias al mal uso de las redes sociales, lo que le importa es hacerse la foto en el sitio “ese de las piedras” -y he citado textualmente- y luego colgarla para que sus amigos le digan que vaya pedazo de viaje, aunque no haya entendido nada después de una hora de visita.

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