Historiadores, novelistas y viceversa

Muchos son los historiadores que se introducen en el maravilloso y fascinante mundo de la novela, y muchos, también los novelistas que hacen el camino contrario, queriendo transmitir algo más real que la invención de personajes e historias -que ya de por sí es un duro trabajo-. Vaya por delante que esta opinión no es crítica generalizada, pues así como hay novelistas que transmiten la Historia verdadera de una manera amena, también existen los historiadores plomizos que te duermen con solo separar los labios. Pero sí es una crítica a aquellos que se creen por encima del investigador simplemente por tener unos “best sellers” y un público adicto al misterio inventado y fingido.

Me levantaba ayer con el siguiente titular en un periódico, sacado de una entrevista a Javier Sierra -novelista por muchos conocido y con varias de sus obras en los top ventas-: “Mis novelas rellenan las lagunas que dejan los historiadores”. Este titular aparecido en la edición impresa del Diario de Sevilla, podríamos pensar que está sacado de contexto de la entrevista, pues de todos es sabido la querencia de algunos periodistas por buscar el morbo y la noticia donde no la hay. Pero lo que me deja estupefacto es que el mismo escritor -supongo que alguien en su nombre en la página de facebook- intenta justificar la respuesta del mismo, diciendo que bueno, no es que haya querido decir eso, pero que sí lo ha dicho porque es verdad.

Entiendo que no todo el mundo tiene que saberse la lista de los reyes godos. Cada uno es libre de dedicarse a lo que quiera o crea conveniente, siempre sin meterse en un campo que no domina. Por escribir novelas sobre supuestos misterios de la Humanidad -inventados o no-, uno no es historiador. La Historia es una Ciencia Social, con carrera propia en la Universidad y con un método científico de aplicación que, como en todas las ciencias ha ido evolucionando con el paso del tiempo, dejando atrás algunas teorías después de ser comprobada su utilidad o no, y adoptando otras nuevas. Me atrevería a decir que es una de las ciencas sociales que más se transforma, por esa obsesión que tenemos los que nos dedicamos al estudio de la Historia de una manera u otra, de intentar llevarla a toda la sociedad. El problema estriba cuando personas sin formación, al igual que pasa en todos los campos de estudio y trabajos, se creen en posesión de la verdad absoluta porque “me he leído un libro”. La labor del historiador -y esto no lo digo yo, es de primero de carrera-, también consiste en usar todos los tipos de fuentes que tenga alrededor, ya sean escritas, arqueológicas, epigráficas. Debemos tomar esas fuentes y ser críticos con las mismas, compararlas. Ver qué fuente es la más idónea. Eso no se consigue escribiendo novelas, sino acudiendo a la universidad y aprendiendo los mecanismos necesarios para poder realizar ese trabajo.

No soy ni el primero ni el último que acaba hasta las narices y más allá, con personas que no paran de revatir un tema histórico con el único argumento, ya expuesto anteriormente de “es que me he leído un libro”. Un novelista, por muy bueno que sea, nunca va a ser un historiador, y un historiador, por muy bien que explique la Historia, nunca va a ser un novelista. Entiendo que el señor Sierra se debe, como he escrito antes, a un tipo de público muy específico que piensa que los historiadores o los arqueólgos tenemos el Santo Grial escondido en la vajilla de nuestra abuela para que no sea encontrado, que el lignum crucis lo usamos para fabricar una silla o que el Arca de la Alianza es el baúl en el que nuestra madre guarda nuestros Cliks de Playmobil de cuando éramos pequeños; y todo para que no sea revelada la aunténtica verdad verdadera secreta de la Sábana Santa. Todo eso es un nombre, marketing, con sus seguidores y detractores, pero lo que no se puede hacer es engañar al público.

Estracto del "Diario de Sevilla" con la entrevista a Javier Sierra.

Extracto del “Diario de Sevilla” con la entrevista a Javier Sierra.

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2 comentarios en “Historiadores, novelistas y viceversa

  1. Desgraciadamente, hay bastante gente que desprecia el trabajo del Historiador, y de cualquier persona que decidió recibir formación en esta disciplina. Puede que seamos incomprendidos, pero debemos hacer valer nuestra voz. Respecto a las novelas históricas, no dejan de ser una forma ficticia de revivir el pasado (con mayor o menor acierto), aunque hay que reconocer que una buena novela de ese género debe ir más allá del puro entretenimiento. Son aquellas que una vez acabas, te pones a buscar información sobre la realidad histórica de esa época.

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