Derrotas y más derrotas: Iliturgi e Ilorci.

Tras el descalabro romano en la propia Península Itálica frente a los ejércitos de Aníbal en las batallas de Trebia, Trasimeno y Cannas, se decidió enviar un ejército al mando de los Cónsules Publio y Cneo Cornelio Escipión a Iberia -el nombre de Hispania se le daría unos veinte años más tarde, así que haremos esa referencia toponímica-. Corría el año 215 a.C. aproximadamente cuando estos ejércitos llegaron a este nuevo escenario bélico, con un ejército de supervivientes y de muchachos que habían tenido que coger incluso armas de los templos, con un permiso especial del Senado, como nos narran en sus escritos Polibio y Tito Livio.

En la imagen, extraída de Jiménez Cobo, M. "La vía Castulo-Saetabis", hemos marcado en rojo el sitio de cada una de las batallas. La de Iliturgi en las cercanías de Castulo y la de Ilorci cerca de la actual Lorca, donde la historiografía tradicional la sitúa.

En la imagen, extraída de Jiménez Cobo, M. “La vía Castulo-Saetabis”, hemos marcado en rojo el sitio de cada una de las batallas. La de Iliturgi en las cercanías de Castulo y la de Ilorci cerca de la actual Lorca, donde la historiografía tradicional la sitúa.

Durante dos años anduvieron por tierras ibéricas, dejando una base permanente en Tarraco -actual Tarragona-. Pero en 212 a.C. algo iba a cambiar. Viendo que los ejércitos púnicos de Iberia estaban más o menos divididos, decidieron organizar un ataque en la zona sur-sureste, de esa manera cortarían el paso a las provisiones que llegaban a Krt-Hdst -Carthago-Noua, posteriormente conquistada por Publio hijo, y de la que ya hemos hablado en el blog-, para ser transportadas luego a Italia, a los ejércitos de Aníbal -o a lo que iba quedando de ellos-. Hasta ese momento, su labor había consistido en cortar el paso a los ejércitos púnicos que intentaban ir a la Península Itálica a ayudar a Aníbal.

Las fuentes escritas que nos hablan sobre estas batallas, que tuvieron lugar, la primera en un cerro en la provincia de Jaén y la segunda en un lugar indeterminado que, al llamarse la batalla de Ilorci, se ha identificado con las cercanías de la actual Lorca (Murcia), son: Tito Livio en un libro XXV, Polibio en el libro VIII, Apiano en Iberia, 16, Silio Italico en el cap. 13 y Eutropio en el libro 3. Obviamente, como en casi todo lo acontecido en las guerras púnicas, debemos hacer más caso a Polibio, por cercanía cronolóigica y, en menor medida a Tito Livio que, aunque en algunas cosas coincide con el primero, a veces novela en demasía.

Como he comentado anteriormente, el movimiento de ambos “generales” fue el de organizar una ofensiva para poder vencer en Iberia a los púnicos, pero digamos que las cosas no salieron como estaban pensadas, lo que acabó con un fatal desenlace.

Tanto Publio como Cneo contaban con la ayuda de miles de celtíberos en sus tropas, gentes que, como nos contaba Tito Livio era bastante cambiante y lo mismo estaba en un bando que en otro, según conviniera -véase el caso de Masinisa en este mismo episodio bélico-. Ambos generales habían llegado a la zona donde iban a plantar cara a los púnicos, procedentes de Tarraco y decidieron separar sus fuerzas para atacar dos frentes al mismo tiempo. Debemos tener en cuenta que en la zona en la que se desarrollan los hechos -Alta Andelucía y Murcia actuales- no había tropas de refresco romanas y sí púnicas, primer error. Con lo cual, estaban solos ante un futuro incierto pero que presumían favorable.

Según siempre las fuentes escritas, una vez que ambos se habían separado y Publio había establecido su campamento, los celtíberos que le acompañaban lo dejaron solo ante los ataques constantes tanto de Indíbil como de Masinisa y el general púnico Magón, con lo que para evitar mayores daños hubo de dejar dicho establecimiento y adentrarse en la noche para atacar a uno de ellos -Masinisa-. En el fragor de la batalla, una lanza -Livio XXV, 32-11- le atraviesa el costado y muere más tarde, dejando su ejército descabezado. Uno de sus oficiales se encargaría de llevar los restos de estos soldados -ya comenté en una entrada anterior que los ejércitos de esta época, en lo que atañe a Roma, son levas organizadas en el foro cada año. No son profesionales-.

Bien. Ya solo queda un pérfido romano de esos con vida -debió pensar alguno de los púnicos-. ¡A por él!

Así pues, durante el mes siguiente, todos los ejércitos púnicos apoyados por sus aliados iberos atosigaron a los romanos, empujándolos poco a poco hacia una zona casi sin salida, donde no les quedó otra que aguantar un último ataque en un cerro cercano a Ilorci. Sobre esta batalla, la ubicación no es tan segura como la primera, aunque se da por sentado que ocurrió en las cercanías de la actual Lorca, en Murcia,  si atendemos a la toponimia. Pero también existe en la Región de Murcia el topónimo actual de Lorquí, lo que dio pie en el siglo XIX a la creación de otras teorías sobre el desarrollo del contingente bélico.
Debemos imaginar a Cneo, hermano del general asesinado, asediado con sus soldados en lo alto de un cerro, como en esas películas western en las que el Séptimo de Caballería debe enfrentarse a ordas de indios y finalmente es totalmente aniquilado tras ser rodeado. Pero en este caso, solo murió el general, y los restos de ese gran ejército, fueron puestos a salvo, tras días de correrías levantinas, por Fonteyo, un “lugarteniente” de Publio.

Este ejército, o más bien lo que quedaba de él, es lo que se encontró el hijo y sobrino de ambos generales, Publio Cornelio Escipión, después llamado el Africano, cuando llegó a Iberia en 210 a.C. para dar la vuelta a la guerra…