Palacios en el aire: Asdrúbal y su “casica” cartagenera.

Hace un par de semanas la noticia del supuesto hallazgo del “Palacio de Asdrúbal” en el cerro del Molinete de Cartagena (Murcia) se convirtió en viral dentro de las páginas que en redes sociales se dedican a la Arqueología, Historia Antigua y a la Historia en general, creando unas expectativas sobre el mismo edificio que ya han calado hondo en una sociedad que está ansiosa por conocer los “misterios de la Humanidad”.

Noticia del periódico ABC que se hace eco de la publicación del libro, con un titular cuanto menos, inquietante.

Noticia del periódico ABC que se hace eco de la publicación del libro, con un titular cuanto menos, inquietante.

Además, la noticia viene avalada porque se produce a raíz de la publicación de un libro titulado El magnífico palacio de Asdrúbal en Cartagena (Cerro del Molinete), editado por la Real Academia de la Historia y a un “módico” precio de 50€.

El problema, como se ha planteado en el primer párrafo estriba lo rápido que se propagan las noticias por internet -hecho que tiene cosas muy buenas pero cosas muy malas también-, y ya han arribado a la ciudad los primeros turistas que han preguntado: “Oye, ¿dónde está el palacio? Yo solo veo piedras”.

Bien. En primer lugar, a todos nos gustaría que Polibio, el autor griego que primero describió la ciudad de Carthago-Nova, llevara razón. Pero debemos empezar diciendo que él no afirma que estuviera ahí el palacio, o que existiera dicho edificio. El escritor daba a entender que una persona le había contado que alguien le había dicho que ahí, en tiempos de los púnicos, Asdrúbal había tenido una casa muy grande, si atendemos a la traducción de Loeb Library, y de palacio suntuoso si atendemos a la traducción de Gredos (Historias, libro X,10.1). De ahí, a suponer que hay un palacio, que es el mayor del Mediterráneo, con un tipo d estructura única en el mundo, va un libro de diferencia. Un libro que he tenido la oportunidad de tener en mis manos, repasar, leer algunos capítulos y llegar a la conclusión de que no es más que una hipótesis sin fundamento científico alguno -no voy a entrar a hablar del autor-.

En segundo lugar, el autor se basa en una serie de percepciones visuales en una prospección que se realizó, según cuenta él mismo, tras dar un paseo y darse cuenta en ese mismo deambular por el cerro, de que allí había algo muy grande. Y el libro se presenta más como un acto de revancha contra otros científicos que como un estudio serio propiamente dicho; de hecho parece más un capítulo de aquella famosa serie de los ochenta, el “Equipo A”, en plan: en 1998, un científico tuvo que desertar del ministerio por una serie de errores que no había cometido. Si algún cantonal lo necesita, ahora trabaja como arqueólogo de fortuna (fundido en negro de la escena acompañado de sonidos de picos chocando contra piedras -como comprenderéis, aquí no valen las balas-).

Entrando en el tema arqueológico, el excepcional trabajo que han realizado desde el equipo del profesor Noguera, ha podido concluir que lo que podemos hoy en día divisar en la cima son los restos de parte de la muralla que los púnicos construyeron en esa zona de la ciudad, y que más tarde fue modificada y vuelta a usar por romanos e incluso, posiblemente, por bizantinos; y en la imagen que podéis ver a continuación, modificada de la original aérea publicada por Noguera, Madrid y Velasco en los Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, veis el lío a la hora de interpretar todas las fases del cerro, desde los púnicos hasta el siglo XVI.

En la imagen (Noguera, Madrid y Velasco, 2012) modificada para la ocasión, veis en color negro uno de los paramentos de la muralla púnica, con una serie de cisternas para el abastecimiento de los soldados, en rojo los restos del templo de Atargatis, deidad de origen púnico -modificado en época romana-; en verde, lo que se conserva de un templo romano republicano (s. II a.C.) y en azul, parte de la muralla de Carlos V (siglo XVI).

En la imagen (Noguera, Madrid y Velasco, 2012) modificada para la ocasión, veis en color negro uno de los paramentos de la muralla púnica, con una serie de cisternas para el abastecimiento de los soldados, en rojo los restos del templo de Atargatis, deidad de origen púnico -modificado en época romana-; en verde, lo que se conserva de un templo romano republicano (s. II a.C.) y en azul, parte de la muralla de Carlos V (siglo XVI).

Bien es cierto que todavía queda una parte del cerro -la ladera Norte- por excavar en profundidad, pero es una zona en la que ya se centraron algunas excavaciones en la parte baja, y en las que no apareció nada.

Así pues, antes de darle tanto bombo a cierto tipo de noticias, vengan de donde vengan y las escriban quienes las escriban, no viene mal el preguntar a las personas que están, como en este caso, excavando la zona.

El cerro del Molinete es el segundo en magnitud e importancia de la ciudad de Cartagena. En él se han hallado restos desde época púnica al siglo XVIII puesto que, excepto entre los siglos VII-XV, ha estado siempre habitado, convirtiéndose en un barrio popular desde el siglo XVII hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando fueron expropiadas gran parte de las viviendas precisamente para realizar excavaciones arqueológicas. Unas excavaciones que casi nunca han parado y que en la actualidad continúan con el proyecto de REPSOL, para unir el ya musealizado “Barrio del Foro” -en él podemos apreciar tres edificios de época romana: unas termas, una plaza para acceder a las mismas y un edificio para realizar banquetes religiosos en honor a Isis y Serapis-, con otros restos ya excavados y que pertenecen al foro mismo: el inicio de la plaza, la subida a la terraza en la que estaría el templo capitolino de la ciudad y la curia o ayuntamiento. Con la importancia que la ciudad tuvo en época romana y con su dilatada historia, no hace falta inventarse historias paralelas que solo sirven para contentar a los amigos de lo imaginario y para alimentar el ego de algunos que se piensan que en su ciudad ha pasado todo. Hay que aprender a salir y ver que en todos sitios ha pasado de todo, que no somos la única ciudad que ha habido en el mundo. Que “no estamos solos en el Universo”.

En la imagen, decumano superior que servía para salvar la altura entre terrazas a la hora de subir al cerro en época romana. Se encuentra ya musealizado e incluso se puede caminar por él.

En la imagen, decumano superior que servía para salvar la altura entre terrazas a la hora de subir al cerro en época romana. Se encuentra ya musealizado e incluso se puede caminar por él.

Flavio Josefo, o como ser un “chaquetero”

En la actualidad muchas personas se llevan las manos a la cabeza cuando su jugador favorito de deportes colectivos como el fútbol o el baloncesto decide cambiar de equipo, pero marcha al eterno rival, e incluso montan manifestaciones o amenazan de muerte a la persona. Pero imaginad por un momento que eso pasa en mitad de una guerra, cuando tu “país” está luchando contra un invasor extranjero y, de repente uno de los cabecillas de la revuelta que, además ha participado en fieros enfrentamientos contra esa potencia, llamada esta vez Roma, se marcha de tus filas al “equipo contrario”. La cara de estupor de quien hasta ese día habían sido sus compañeros de armas tuvo que ser de fotografía -una de las pocas cosas buenas que tiene la sociedad actual, que todo se queda grabado-.

Flavio Josefo, activista convencido, que había participado en la revuelta contra Roma de los años 60 del siglo I d.C., acabó sus días escribiendo sobre las antigüedades de su pueblo, las guerras en las que había participado e incluso una autobiografía en la que intenta justificarse. Pero su caso no es ajeno a la Historia Antigua. Tenemos a Polibio de Megalópolis que, tras luchar contra Roma  ser apresado tras una batalla, acabó siendo el escritor de cabecera de los escipiones, haciendo sus Historias para publicidad de dicha familia.

Así pues, de chaqueteros está el mundo lleno en todas las épocas de la Historia. En nuestra península lo sabemos bien pues, los íberos tenían fama, al igual que los celtas de la Galia, de cambiar de bando dependiendo del pagador y la conveniencia de cada caso, como bien lo muestra Tito Livio en su libro XV cuando estos abandonaron a su suerte al tío y al padre de Escipión el Africano en pleno combate contra los púnicos.

A favor del pobre Josefo he de decir que fue apresado durante la contienda y acabó sus días en Roma a sueldo de los flavios. De hecho en sus obras como Sobre la Antigüedad de los judíos habla de las tradiciones de su pueblo, cargando las tintas contra autores griegos como Polión, que hablaban de barbaridades practicadas por los judíos, como los asesinatos rituales de viajeros griegos, a los que cebaban para luego dar muerte (II, 94 y siguientes). Obviamente esta mala publicidad puede venir de una interpretación del Antiguo Testamento, cuando se habla del sacrificio molk que llevaban acabo los fenicios, el cual tampoco hoy en día está muy claro si fue practicado, o si se hizo, era como encontramos escrito en la Biblia.

Otro relato curioso de nuestro escritor judío favorito del siglo I d.C. es cuando nos habla sobre Antíoco Epífanes y el hallazgo en el templo de Jarusalén de una supuesta cabeza de asno, o una escultura de Moisés encima de un asno (II, 83). Este hecho que, según Josefo es falso, tuvo repercusión en autores posteriores como Tácito y Tertuliano, este último cristiano. A estos autores les venía bien este tipo de relatos para justificar el poder escribir mal sobre los judíos.

Josefo, que pudo haber participado en la batalla de Beth Horon, en la que un contingente judío venció a varias legiones romanas, se ganó el desprecio de todos sus conciudadanos al quedarse en Roma y escribir, en griego, sobre su pueblo. Aunque lo cierto es que, si bien en su autobiografía, como hemos dicho anteriormente intenta justificar el por qué está con los romanos, aduciendo que no son tan malos, que hay compatriotas que se han portado mal con él -esto nos recuerda mucho a “La vida de Brian” con el famoso “¿qué han hecho los romanos por nosotros?”-, en el resto de sus escritos lo único que hizo, aparte de hablar sobre la historia de su pueblo, fue meterse con los trabajos de autores griegos como el citado Polión, intentando desmentir las historias que se contaban sobre el pueblo judío. Es curioso el que aduce a veces a la falta de liquidez de los griegos y a la ayuda judía, tema que se ha convertido en un topos –tópico- muy extendido a lo largo de la Historia.

Posible retrato hecho en mármol del autor judío.

Posible retrato hecho en mármol del autor judío.