“Añadamos también esta noche a nuestra vida”. Otón, un emperador inusual.

Con esa frase describe Suetonio el último día de la vida de Otón, un gobernante al que podemos calificar como inusual. No solo por el aspecto que, siguiendo al mismo escritor podría tener y que ahora describiremos, sino también por cómo llegó al poder, las injurias que hubo de sufrir por parte de Nerón y cómo decidió él mismo acabar con su vida cuando apenas llevaba tres meses de reinado.

Partamos del hecho de que, pese a lo que pone en el título, no me gusta llamar a los emperarores de esta manera. Ellos eran principes, los principales hombres de la República. Esto se debía a que se seguía hablando de Roma como de un ente gobernado por el Senado y el gobernante supremo era como el más importante de todos ellos. Este paso se había dado ya en época de Augusto, para intentar disimular una monarquía encubierta. Por esta razón a los “reyes” romanos de este periodo no se les llama así. Todos sabemos cómo acabó el último rey de Roma en el 509 a.e.c. Y realmente, la palabra  emperador procede del latín imperator, que era un cargo militar.

Para la figura de Otón, al igual que hice con Galba, y nos tocará ver con Vitelio y Vespasiano, voy a usar sobre todo a Suetonio, junto con Plutarco, Tácito y Dión Casio, autores que hablan de una manera u otra del gobierno de estos personajes que se disputaron el mando del Imperio durante este corto periodo.

La descripción física que Suetonio nos hace al final del relato de la vida de Otón, nos habla de un hombre de poca estatura, de pies contrahechos y patizambo, pero que observaba un refinamiento casi mujeril, depilando su cuerpo y acoplando y adaptando una peluca a su cabeza (Suet. Otón, 12). Pero esto, claro está, no le impedía ejercer como político y militar, más de lo primero que de lo segundo, aunque no se lo pusieron fácil. El mismo Nerón le había quitado a su mujer, con la que mantuvo una aventura. Tal vez por ello, al llegar Otón al poder había decidido casarse con Mesalina. La verdad es que no entendemos esta jugada, sabiendo a través del mismo Suetonio cómo era la muchacha de marras -siempre teniendo en cuenta que todo lo que se dice de ella fuera verdad y no una burda manipulación de los hechos, algo a lo que las fuentes escritas romanas nos tienen un poco acostumbrados-.

Así pues, llegamos al año 68, Nerón desaparece del mapa, y un viejo amigo de Otón, Galba, se proclama princeps en Hispania. Tras unos meses, es mandado asesinar por una conjura en la que participa el mismo Otón quien, tras aparentar no saber nada, aparece en los cuarteles tras una carrera por Roma en la que no duda incluso en usar una litera de mujer, pero eso según Plutarco (Galba, 25,3), porque según Suetonio era una muliebris sella, esto es una “silla gestatoria cubierta y provista de techo y cortinas laterales” -según la edición de Vicente Picón para ed. Cátedra-. Vamos, que llegó de nuevo al mundo o a un mundo nuevo, lejos de su vida corriente. Un mundo lleno de riquezas que le asombró y asustó al mismo tiempo. Tal vez por ello en las primeras semanas de mandato intentó continuar en parte con las políticas y los egos de Nerón, continuando con la construcción de la Domus Aurea o liberando a personajes del entorno del antiguo emperador.

Su gobierno duró, como apunté al principio, unos tres meses aproximadamente. Por lo que podemos leer en los escritores que nombré al principio, el cargo le vino grande e incluso tenía premoniciones sobre su caída en desgracia, sueños, pesadillas, malos augurios; pero estos no hay que tomarlos como algo verdadero puesto que son artimañas literarias usadas frecuentemente por los autores antiguos para explicar el porqué de una muerte prematura. De hecho, el mismo Suetonio le confiere la frase: ¿Qué necesidad tengo yo de flautas largas? (Suet. Otón, 7), como advirtiendo que no se veía capacitado para gobernar.

Finalmente, tras conocer que los ejércitos de Vitelio, que sería su sucesor, se acercaban peligrosamente a Roma a presentar batalla, se unió a su familia, se despidió de todos ellos en la noche con la frase: Añadamos también esta noche a nuestra vida. Al siguiente amanecer se clavó un cuchillo cerca del corazón, acabando así de manera prematura con un gobierno escueto. Muchos de los que iban a su lecho, según Suetonio, al saber que él nunca quiso luchar y que esto lo hacía por evitar guerras intestinas, se daban muerte allí mismo.

Así acabó el segundo pretendiente…

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           Busto de Otón. Vía: wikipedia.

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     Moneda acuñada por Otón durante su escueto                                               mandato.

Cita

Galba, de ahorrador a emperador.

“¿Qué artista muere conmigo?”- Según Casio Dión, escritor romano del siglo III d.e.c.., así se despidió Nerón de este mundo un día de Junio del año 68 justo antes de ser apuñalado por su secretario Epafrodito, mientras huía por la Via Salaria, y tras haber sido nombrado enemigo público por un Senado que ya se había cansado del último de los Julio Claudios, refrendando a Galba, gobernador de Hispania, como Princeps…

Con la muerte de Nerón acababan los sucesores de Augusto, fundador de la dinastía, y cuya figura sobrevolaba a cada uno de sus sucesores. Unos sucesores que nunca habían estado a la altura de Octaviano, auténtico ideólogo junto con su tío César de este sistema de gobierno. Comenzaba así un año de luchas constantes entre los diferentes pretendientes al trono vacío. Y comienzo, obviamente, por el primero de ellos.

Servio Sulpicio Galba, primer emperador que no perteneció a los descendientes de Augusto, había nacido en el seno de una familia conocida dentro de la política romana del siglo I d.e.c., ya que su abuelo ya había sido Cónsul y uno de los creadores de la “ensalada César”, es decir, había participado en el complot contra el Divino Julio en 44 a.e.c.

La ajetreada vida del padre de Galba, casado varias veces y con un hijo derrochador que se perdió para siempre de la Historia en las calles de una Roma llena de trampas morales, tal vez fuera el detonante de ese gusto por la austeridad que Suetonio recalca varias veces en la figura del princeps. Sin duda un gusto que personas como la guardia pretoriana no compartían y que tiene que ver con la duración del reinado del primero de los llamados Cuatro Emperadores.

Hasta su consagración como Princeps poco sabemos del viejo y avaro Galba, si acaso lo que tanto Suetonio como Tácito u Dión Casio nos muestran en sus obras: gran político que asciende rápido en la esfera de personajes que rodea a los emperadores, que será enviado como gobernador de la Tarraconense en torno al año 60 d.e.c., y que apoyado por Otón -su sucesor- y Vindex -gobernador de la Galia- se proclamó emperador en Hispania en Junio del 68 d.e.c., provocando la caída y huída de Nerón, el cual acabó como ya habéis podido leer en el primer párrafo. Sobre su advenimiento como nuevo emperador, Suetonio nos va advirtiendo en todo el pasaje que le dedica en su obra, acabando con la frase:

que algún día saldría de Hispania el dueño y príncipe del mundo (Suet. Galba, 9)

en referencia al oráculo que un sacerdote de Clunia había pronosticado -sacerdote que viene muy bien en las apuestas deportivas de la actualidad-.

Así pues, tenemos a un señor mayor, al que nos tenemos que imaginar en algún punto perdido de la Tarraconense diciendo aquello de:-en mi época se gobernaba mejor. En aquellos tiempos las cosas no se hacían así-; y que decide lanzarse a la aventura y proclamarse emperador. Lo que no está tan claro es dónde, puesto que algunos autores dicen que fue en Clunia, y que por eso se llamó “Colonia Clunia Sulpicia”, pero si leemos a Suetonio, ese tema no queda tan claro:

Mientras celebraba una audiencia en Carthago-Noua se enteró de la sublevación de las Galias (…)

Así pues, tras subir a su tribunal como si se dispusiera a realizar una manumisión de esclavos, colocando ante sí el mayor número posible de retratos de personas condenadas y asesinadas por Nerón (…) deploró la situación del momento y, al ver que era aclamado emperador por todos, se declaró legado del Senado (Suet. Galba, 9-10)

Esto nos viene a decir que fue en Carthago-Noua, actual Cartagena, donde se pudo haber proclamado emperador y no en Clunia. Vamos, que como es mi ciudad, y sale nombrada, he de barrer para casa, pero es un tema abierto a interpretación. Además, sobre el tipo de poder que ostenta debemos leer también la interpretación de Plutarco (Galba, 5, 1) el cual nos avisa de que rechaza el título de Emperador y que deposita el poder en manos del Senado. Esto se puede interpretar como una jugada para ser recibido y consagrado en Roma, como se puede ver más adelante, ya que será el Senado el que nombre a Nerón enemigo del estado y ratifique a Galba en el puesto. Y con ese aval senatorial se nos presenta en Roma triunfante, mientras por el camino va dejando destellos de sus artes para la política, haciendo lo que cualquier político: prometer pagamentas a pretorianos y legionarios. Unos pagos que no se hicieron efectivos pues, cuando llegó a Roma, habló de la herencia recibida, de lo mal que estaban las arcas y que el de antes había sido un derrochador que había dejado al Imperio en números rojos, pero que él iba a hacer una nueva política, que quería volver a dar valor a las instituciones, etc. ¿Os suena? No hemos cambiado en dos mil años, ¿eh?.

Obviamente, en época romana la gente solía ser más directa que en la nuestra, o menos políticamente correcta, con lo que un día paseando por el foro, confiado de que esas oídas sobre Otón eran falsas, y que incluso un soldado lo había matado (Suet. Galba, 19-20), fue cazado cual presa y acuchillado hasta la muerte por un grupo de soldados. Tal era la animadversión que, según Suetonio y Plutarco había creado en la población, que casi nadie acudió en su ayuda y finalmente, su cuerpo fue abandonado a orillas del lago Curcio.

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   En la imagen, busto de Galba conservado en el Museo de Historia de Estocolmo.

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Aquí, en una faceta poco conocida, como actor de Hollywood en la película “Unferworld”, haciendo de Víctor.