“Tranquilos, ha ardido para bien nuestro”. Vitelio, el tercero en discordia.

Tal vez la figura de Vitelio sea la más extravagante de las cuatro que vamos a tratar en estas entradas, para el que escribe. Procedente de una familia en la que encontramos, siempre según las fuentes, desde personajes de alta alcurnia hasta prostitutas, fue el tercero de los cuatro emperadores de este loco año que transcurrió entre la muerte de Nerón y el advenimiento de los Flavios en la figura de Vespasiano.

Parece ser que ya desde su más tierna infancia el destino le tenía guardadas grandes sorpresas, a juzgar por el susto que se llevaron sus padres al conocer la lectura de su horóscopo por parte de los matemáticos, como nos cuenta Suetonio (Vit. 2). Tal vez por ello, al llegar al poder:

“no mostraba a nadie tanta inquina como a los bufones y a los matemáticos, y en cuanto alguno era acusado, lo castigaba con la muerte sin haberlo escuchado” (Suetonio, Vit. 14).

¿Y cómo llegó a ser princeps?

Sencillamente mientras gobernaba Germania Inferior por mandato imperial desde hacía solamente un mes (diciembre del 68 d.e.c.), según nos cuentan Suetonio y Tácito, vio el malestar en la cara de los soldados con respecto a la situación de las guerras intestinas y decidió revelarse contra Galba mientras Otón también intentaba librarse del sucesor de Nerón. Sería nombrado emperador posiblemente en torno a las kalendas de Enero del año 69 (Tácito, Historias, 1, 57). Apenas unos días más tarde Galba era asesinado por Otón y otros conspiradores, pero al estar éste ya en Roma y Vitelio todavía marchando desde Germania, el primero aprovechó y se nombró princeps, un cargo que, como vimos en la entrada anterior del blog no le duró mucho tiempo.

Parece ser que por aquel entonces algunas deudas acuciaban a Vitelio, como nos narra Suetonio (Vit., 7) con su estilo inigualable, teniendo incluso que dejar a su mujer y sus hijos viviendo en un pisito de alquiler en Roma mientras que arrendaba su casa para pagar a prestamistas. Obviamente cuando llegó a emperador, tras el suicidio de Otón, todo esto se disipó ya que: “apenas perdonó a ninguno de los prestamistas, deudores y publicanos que alguna vez le hubieran reclamado sus deudas” (Suet. Vit., 14). Ésta es una buena manera de ahorrar dinero, o por lo menos más rápida.

¿Y cómo es él? ¿Y en qué lugar se libró de ti?

Ya en el poder desde abril del año 69 d.e.c., según nos narran Suetonio y Tácito principalmente, se dedicó a dos cosas básicas: comer y matar. Comer de una manera atroz, solamente superado por Homer Simpson y sus disparatados platos. En referencia a una de sus famosas cenas:

“mezcló higadillos de escaros, sesos de faisanes y de pavos, lenguas de flamencos y lechecillas de morenas buscadas por sus jefes de navío y trirremes desde Partia hasta el estrecho de Hispania” (Suet. Vit. , 13).

Y con respecto a los asesinatos, ya hemos nombrado las personas que le caían mal -matemáticos, bufones, prestamistas-, aunque llegó a asesinar a un hombre que lo había nombrado su heredero, por el hecho de que también heredaba un liberto de ese señor. Solución: matar a ambos y se quedó con todo.

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Aquí podemos apreciar un acercamiento conceptual a Vitelio y su obra.

Entre comidas de empresa y asesinatos selectivos llegó diciembre del año 69 d.e.c. Un nuevo personaje entra en juego: Vespasiano. Vitelio, lejos de achantarse como había hecho Otón, salió en busca de los ejércitos orientales que acompañaban al Flavio, pero al igual que había pasado con el ejército de Otón, el suyo pereció ante la máquina de guerra y además en el mismo sitio en el que habían perdido los partidarios de Otón, Bedríaco, unos meses antes.

“This is the End”

 Comienzan entonces unos días vibrantes: Vitelio llegó a abandonar dos veces el trono y por dos veces también, según nos cuenta Suetonio, vuelve al oír a sus partidarios alentarlo para que no abandone (Vit. 15 y ss.).

Partidarios de Vitelio animándolo a seguir.

       Partidarios de Vitelio animándolo a seguir.

Pero un día, a mediados de diciembre, las tropas de Vespasiano llegan a Roma y el depuesto emperador intenta fugarse en una escena que podría narrar mejor el propio Guy Ritchie en una de sus películas: llega a palacio y al verlo vacío coge dinero y corre. Se esconde en una “garita” hasta que los soldados lo encuentran. Al ver que no lo conocen dice que Vitelio se ha ido, pero finalmente lo descubren y antes de que diga nada ya lo están arrastrando por la ciudad con las manos atadas y una soga al cuello, posiblemente para que él mismo sea partícipe de esas prácticas que le gustaba hacer con otras personas. Al igual que vemos en el relato de Otón se resaltan sus defectos: talla enorme, rostro amoratado, gran barriga y posiblemente cojearía de una pierna (Suet. Vit., 16-17).

Finalmente le clavaron un garfio a orillas del Tíber y fue arrojado al río. Comenzaba de esta manera el reinado de Vespasiano, el primero de los Flavios.

Posible retrato de Vitelio conservado en el Louvre.

                           Posible retrato de Vitelio conservado en el Louvre.

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