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Guerra en Hispania (I): Caravaca, Julio César y Pompeyo.

Durante el siglo I a.e.c., la actual Región de Murcia sirvió de escenario para algunos de los episodios bélicos que decidirían el final de la República de Roma y la llegada de un nuevo sistema de gobierno: el Principado -conocido comúnmente como la época “Imperial”-.

Uno de esos puntos calientes fue la zona de la actual Caravaca que, tradicionalmente ha servido como punto de unión entre la alta Andalucía y Murcia. En Archivel, un pueblo cercano a Caravaca, nos encontramos un yacimiento en el llamado Cerro de las Fuentes, donde se estuvo excavando hasta hace pocos años. El castellum de Archivel habría sido construido por las tropas de Julio César durante la campaña militar que daría como consecuencia la batalla de Munda.

¿Queréis saber un poco más? Ved el vídeo y…subscribíos al canal de youtube, leche, que es gratis!

 

*Siento mucho el ruido del viento!

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Macrino y las batallas de gallos

Breve biografía de Macrino.

En la amplia historia del Principado, al igual que en todos los imperios, han habido grades gobernantes, gobernantes mediocres, algunos impuestos por la fuerza, otros por ellos mismos e incluso, muchas veces otros impuestos por los soldados que los siguen y por los pretorianos. Ese es el caso de Macrino. Un emperador del siglo III d.e.c. para el que contamos, como fuentes principales, con Herodiano, Casio Dión y la Historia Augusta.

El muchacho, impuesto por sus soldados, al igual que varios emperadores del siglo en el que le tocó reinar, estuvo en el poder sólo un año aproximadamente, hecho no por el cual su vida está exenta de hipotéticas vivencias que nos narran los escritores que versaron sobre su vida. Huelga decir lo que siempre, siempre os advierto sobre las fuentes escritas: ellos escriben en un tiempo y con una percepción de lo que les rodea. Algunos, muchos de ellos también escriben varios años después de que se produzcan los hechos y eso les da perspectiva, pero también la oportunidad de escribir lo que les de la gana, como es el caso de la Historia Augusta. Aunque…¿y la de relatos que nos deja?.

Macrino gobernó durante un año, entre la muerte de Caracalla y el advenimiento de Heliogábalo -al que ya dediqué una entrada en el blog-. Un año en el que le dio tiempo a decirle al Senado “keep calm, que yo soy como Marco Aurelio” -hay que ver cómo le gusta  a la gente ser como el bueno de Marco-, e incluso a hacer una campaña contra los partos -lo que le gustaba a los romanos luchar contra los partos, y a los partos luchar contra los romanos-. De esa campaña queda una batalla que no sabré nunca cómo calificar, Nisibis, que lo único que reportó a Roma fue un inmenso gasto en víctimas y dinero con el que pagar a los partos para que se replegaran y no atacaran el limes oriental, ya de por sí debilitado.

Su reinado duró aproximadamente un año, entre abril de 217 y mayo-junio de 218. Cuando leemos las fuentes que se refieren a su reinado, sólo la Historia Augusta es la que se refiere al episodio del que voy a escribir ahora, como pasa con otros tantos emperadores, con lo que lo más seguro es que sea una anécdota inventada para darle empaque, algo de chicha a un gobierno escueto. Herodiano, al igual que hace con otros emperadores, alaba el hecho de que su madurez -nació en Cesaréa en torno al 165 y debía contar con unos 50 años cuando llegó al poder- le haga un buen gobernante, despreciado sin embargo por Caracalla aunque fuera su prefecto del Pretorio (Libro IV, 12.1-2).

¿Qué es una batalla de gallos?

Dentro de la cultura Hip-Hop, la música de dicha cultura es el Rap, que se distingue por un uso del lenguaje normalmente bastante directo y que surgió en los barrios bajos de la ciudad de Nueva York en los años 70 del siglo XX. Una de las características de la música Rap, es el uso de batallas dialécticas de improvisación entre dos raperos que, con el uso de su vocabulario deben vencer a su oponente. Este tipo de acontecimientos se han hecho bastante famosos en los últimos años, llegando a ser promocionados por la marca Red Bull, que creó la Batalla de los Gallos. Pero este tipo de lucha dialéctica se puede ver a lo largo de la Historia, sobre todo de la literatura, con luchas tan famosas como las de Lope de Vega contra Cervantes, Quevedo y Góngora, etc. Y ya en la cultura tradicional o popular lo podemos ver en el trovo y su estilo libre.

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Macrino y las batallas de gallos.

Si atendemos a lo que el supuesto escritor de la Historia Augusta nos cuenta sobre este caso en particular del reinado de Macrino, parece ser que el señor había llevado una vida relajada moralmente y que, al llegar a ser emperador quiso que lo vieran como una persona rígida y severa (Macr. 11). Quería ser el tipo más duro a éste lado del Rubicón, de lo que se mofaban, parece ser, algunos en Roma.

De entre esas personas se destaca a un anónimo griego que diría lo siguiente:

“Histrión ya de anciano, infame, severo, cruel e injusto

deseó ser al mismo tiempo impío y feliz,

de tal forma que no quiso ser piadoso, aunque sí dichoso,

algo que la naturaleza rehusa y la razón no admite.

Podia, en efecto, haberse llamado piadoso y feliz y haberlo parecido;

pero es impío y feliz, y lo será siempre” (Macr. 11.4)

Obviamente esto no iba a quedar así, y el emperador, tras ver posiblemente los versos escritos en el foro, respondió lo siguiente:

“Si el destino hubiera dotado al poeta griego

de las cualidades que ostenta este granuja latino,

el pueblo y el senado hubieran permanecido en la ignorancia,

y ningún mercader me hubiera dedicado versos abominables” (Macr. 11.6)

Un beef en toda regla. Sí señor. Como el de los Chikos del Maíz a C.Tangana y que en los últimos meses nos ha entretenido a los que seguimos el panorama de la música Rap en España.

Por desgracia la Fortuna quiso que éste magnífico artista en ciernes y cincuentón no pudiera evolucionar en su métrica, puesto que en Mayo del año 218 fue proclamado Heliogábalo como emperador en Siria, y un mes más tarde, Macrino y sus tropas fueron machacados en la zona de Capadocia -para los de la ESO, en Turquía-. Éste “máximo exponente” intentó escapar pero en su huida fue hecho preso, juzgado y ajusticiado, acabando de esa manera tan trágica, propia del gangsta rap, con una de las carreras más prometedoras.

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Cita

Sobre la corrupción. A roman tale…

Siempre he pensado que hay comportamientos inherentes al ser humano y que estos, independientemente de épocas, hechos, contextos, siempre salen a la luz cuando menos lo esperamos. Cuando tratamos un tema como el de la corrupción en época romana, no podemos evitar echar una ojeada a los periódicos actuales, donde casos de diversa índole e ideología pululan por las noticias y hasta se han convertido en normalidad. La corrupción, en sociedades como la nuestra, ha sido aceptada en todas las capas de la sociedad, y muy pocos se libran de esa espiral.

Los clichés sociales con los que vemos épocas pasadas nos hacen pensar muchas veces que ciertas culturas anteriores a la nuestra han sido peores o mejores, porque destacamos un hecho, no la cultura entera. Por suerte, con la historia de Roma, en los últimos años y gracias a la labor de investigación y divulgación de diversos autores, se ha producido un acercamiento más realista debido a los estudios sobre las que podríamos catalogar como clases populares. Tal vez el que la crisis que nos sigue envolviendo hoy en día haya afectado a la mayor parte de la sociedad, ha hecho que algunos investigadores centren más sus estudios en esas clases, que son las que realmente se ven afectadas en su mayoría por los recortes del presente y los fiascos del pasado.

Ya se lamentaba Salustio, autor que he tratado para este artículo, en su ensayo sobre la conjura de Catilina, de que en ese siglo I a.e.c. de grandes cambios, la sociedad romana había abandonado las tradiciones que hasta la guerra contra Carthago habían distinguido a la ciudad del Lazio (Cat. 10, 3-11,4).

En este artículo me voy a centrar en dos episodios acaecidos en tiempos de la república: el primero, por orden cronológico, citando el soborno que hizo Yugurta a ciertos políticos romanos para salir absuelto del delito que se le había imputado; y luego con el caso de Rabirio Póstumo, un político romano que fue defendido por Cicerón del delito de concusión.

Si viéramos a Yugurta con los ojos del siglo XXI, más de uno pensaría que le hace falta un “hermano mayor”, pese a que rebasaba la treintena cuando ocurrieron los hechos que narro. Parece que todos los pecados de la adolescencia caen en este personaje que puso en jaque a la Roma de Mario y sus amigos. Ambición, poder, envidias, guerras familiares. Este muchacho lo aúna todo en una sola persona. Pero centrémonos en los hechos concretos que, a su vez provocaron la llamada Guerra de Yugurta, donde hombres como Mario y Sila se curtieron para luego llegar a ser los amos de la República. Corría el año 113 a.e.c. y un joven Yugurta, no satisfecho con tener una parte del reino de Numidia, invadió Cirta, mató a Aderbal y de paso a unos cuantos comerciantes romanos. Claro, esto a Roma no le sentó especialmente bien, cosa que Yugurta no comprendió. Al fin y al cabo sólo eran unos pocos comerciantes, ¿qué podía salir mal?  Todo el peso del Imperio cayó entonces sobre esta zona que en la actualidad ocupa gran parte del Norte de África, desatándose una guerra que duró la friolera de siete años aproximadamente y que terminó, como era de esperar, con el inquieto e impío Yugurta en poder de una Roma que no le perdonaría sus sobornos y le ajusticiaría, finalmente, en 104 a.e.c.

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Moneda conmemorativa de la captura de Yugurta por Sila (Fuente: wikiseurce)

Aunque unos años antes, cuando el cerco de la ciudad de Cirta antes mencionado, y la muerte de Adérbal, se le exigió a Yugurta acudir al senado de Roma para explicar los hechos. Éste se llegó a trasladar a Roma pero, oh dioses, nunca llegó a declarar. Incluso se había establecido una comisión para tratar el tema de la muerte de los comerciantes italianos en suelo númida, además de la paz que Bestia, el Cónsul de aquel año, había firmado con el gobernante, debido a que era demasiado favorable a éste último (Iug. 29 y ss.). Pero el veto de uno de los tribunos de la Plebe, Cayo Bebio, contra la opción propuesta por Cayo Memmio impide tal hecho. El joven gobernante continúa en Roma viviendo a cuerpo de rey mientras la indignación crece en la población, que ven movimientos raros en un Senado que poco a poco iba perdiendo la confianza tanto de la plebe como de los grandes hombres de su tiempo. Y así nos lo cuenta Salustio en su Iugurta (34 y ss.). Esto quiere decir que, había personajes tan influenciables, cobardes y flojos de bolsillo, que no dudaban en ganar un dinero a costa de las vidas de sus propios compatriotas, como el caso que nos ocupa. Es fácil imaginar, cuando vemos el cuadro de August Müller, a Yugurta en un callejón escondido mientras el Tribuno Bebio se acerca, con la cara y la vergüenza tapadas por la cubierta de la ambitio, en una noche cerrada y con el único acompañamiento sonoro de una bolsa llena de dinero para encubrir los delitos producidos.

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Augusto Müller, “Jugurta”. Museu Nacional de Belas Artes (Sao Paulo) [Fuente: wikisource]

El segundo caso que nos ocupa es el de Rabirio Póstumo, un político y hombre de negocios que fue acusado de concusión, un delito que consiste, en este caso, en apropiarse de más dinero del que le correspondía por llevar anualmente las finanzas de Egipto. Como bien dicen Fernández Uriel y Jiménez Escalona en su artículo “Corrupción en monarquía ptolemaica: Rabirio Póstumo”:

“Este proceso muestra importantes relaciones económicos y políticas entre Roma y Egipto” (p. 37).

Esto quiere decir que el intrusismo romano en torno al año 60-55 a.e.c. en la que luego será provincia del Imperio, denota esa querencia por hacerla suya o, por lo menos de acercarse sigilosamente al poder de los ptolomeos.

De hecho, este caso comienza unos años antes, en casa de Pompeyo, como narra el mismo Cicerón, defensor de Rabirio. Lugar donde se reunieron Ptolomeo XII y los amigos de Pompeyo para que estos le prestaran el dinero necesario para crear un ejército con el que recuperar Egipto de las manos de su hija y usurpadora, Berenice IV. Este hecho se consagró, pero Egipto quedó en deuda con Pompeyo y sus clientes, uno de los cuales había sido Rabirio. Para compensar el que no iba a cobrar, o iba a tardar mucho en hacerlo, Ptolomeo nombró a Póstumo una especie de ministro de hacienda. Sirva de ejemplo la típica empresa que un buen día, no sabes porqué, aparece en tu ciudad llevando todos los servicios que teóricamente eran públicos. Empresa perteneciente a un empresario que prestó dinero a tu alcalde/sa en su momento -elecciones- a cambio de tener algún tipo de trato de favor. ¿Os suena? Se llama tráfico de influencias.

El tema fue que Rabirio empezó a coger dinero de las arcas públicas de Egipto, Ptolomeo se enteró y lo acusó ante el Senado, en el año 54 a.e.c., del delito de concusión, que ya he explicado antes. Pero gracias a la ayuda inestimable de Cicerón, el cual dejó todo escrito en su Pro C. Rabirio perduellionis reo ad quirites, de una condena de muerte, se pasó a un simple exilio del que el político romano volvería en tiempos de César.

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Heliogábalo: un emperador en el cole.

Jamás hubiera escrito la vida de Heliogábalo Antonino, conocido también con el nombre de Vario, para que nadie hubiera tenido noticia de la existencia de este emperador romano…

De esta manera comienza el relato que Elio Lampridio -supuesto autor de la vida de Heliogábalo- hace de este muchacho que gobernó Roma entre los años 218-222 d.e.c. La verdad es que no es un comienzo muy alentador. ¿O sí? El ser humano, especie en la que todavía incluyo a muchos de los que vivimos en los núcleos urbanos, siente curiosidad por las historias morbosas que rodean a personajes atormentados, y este muchacho no deja indiferente a nadie.

El problema al que nos enfrentamos a la hora de comentar o intentar hacer una vida de Heliogábalo, penúltimo emperador de la dinastía Severa, es precisamente la extraordinaria vida que llevó, según los autores que la trataron, ya en época romana, y de los que dependemos a la hora de acercarnos al joven Vario. Yo voy a ceñirme expresamente a la Historia Augusta, precisamente por ser la más alejada de la realidad y, porqué no decirlo, la más divertida. Pero para hablar de Heliogábalo según la Historia Augusta, o Elio Lampridio, autor que supuestamente escribe su vida para este compendio de biografías imperiales, primero debemos acercarnos a la obra.

¿Quién es él o ellos?

La primera vez que nos acercamos a este maravilloso libro, leemos que hay una serie de autores diferentes que escriben historias iguales sobre diferentes emperadores, entre el siglo II y finales del siglo III d.e.c.*, y este hecho provocó que desde el siglo XIX por lo menos, algunos autores se plantearan que esa multiautoría era realmente de uno solo que, parece ser, quería dárselas de que conocía a muchos autores y que le hacían un regalo al emperador de turno. Vamos, el postureo de la época. Conclusión: por lo menos en la edición en castellano que he manejado -de Vicente Picón y Antonio Cascón para ed. Akal- junto con la bibliografía que dichos traductores manejan, fue un solo autor, del cual desconocemos el nombre.

¿Y cuándo se compuso?

Aquí el tema está más complicado. Sabemos que, como los últimos emperadores tratados, Caro, Carino -hermano de Carina, que lo buscaba en el baúl de los recuerdos- y Numeriano, son justo los que gobiernan antes de Diocleciano, la obra tuvo que componerse desde el año 290 en adelante, aproximadamente. Algunos autores, como Dessau, han querido centrarla en el reinado de Teodosio, y justo entre los años 385-388, más de cien años después del reinado de los últimos nombrados. Otros, como el señor Seeck, se la llevan al siglo V; pero el amigo Mommsen la fecha entre el 330 y el reinado de Teodosio. Obviamente, Mommsen, como siempre, es el más listo, porque pone un arco de años mucho más amplio y así no se “pilla las manos”. Así que nos podemos imaginar a los diferentes estudiosos del tema pugnando por llevar la razón, al modo del partido de fútbol entre filósofos de los Monty Python.

Una vez que ya hemos tratado la “magnífica” obra en la que nos vamos a basar para esta descripción de la vida de Heliogábalo -hay más escritores antiguos como Herodiano y Dión Casio, que son más exactos pero más aburridos- pasemos a hablar del joven:

Pequeños datos biográficos imparciales:

Nació en el año 203 en Emesa (Siria) y fue asesinado el 11 de Marzo de 222 en Roma, tan solo menos de cuatro años después de haber accedido al trono, al cual llegó cuando contaba unos quince años. Debemos imaginar a un muchacho con facciones sirio-palestinas, criado al modo oriental, que en aquella época rezumaría el intento de llegar al boato de las cortas persas de cuando las Guerras Médicas, pero que se quedaría en solo eso, un intento. Todo eso mundo había cambiado desde que Roma plantara el pie en Oriente y convirtiera Siria en una provincia, mezclando las tradiciones propias de la zona con las exportadas desde otras partes del Imperio. Pero en los primeros años del siglo III, donde ni los emperadores eran nacidos en la Península Itálica, sino que Septimio Severo era originario del Norte de África, esa mezcolanza proveía a Roma de un tesoro sin igual.

En la familia, él y su primo Alejandro, que le sucedería en el trono, habían sido criados para cuando llegara el día de gobernar.

Así pues, tenemos a un muchacho menor de edad, que llega al trono tras una serie de asesinatos cometidos por el ejército dentro de la familia imperial, y que, precisamente por su juventud tuvo que apoyarse siempre en su madre. Por lo menos en el escueto tiempo que le dejaron gobernar.

¿Qué dice la Historia Augusta sobre el muchacho?

Viendo como empieza el relato de Heliogábalo -que, por cierto, se hizo llamar así por el dios protector de la ciudad en la que vivía-, nos podemos imaginar el desarrollo de la biografía; pero debemos tener en cuenta, sobre todo, que esto es un patrón de conducta que el autor atribuye a los emperadores, es decir, dependiendo de cómo haya sido en general el reinado, los va a atacar o defender, inventando hechos sobre los mismos para la comidilla de las personas que lo leyeran. Vamos, como las revistas de prensa amarilla de nuestros días, que con tal de estar en el candelero informativo, muchas veces no dudan en inventar noticias sobre personajes que suelen caer mal en la sociedad.

Tal vez, una de las hipérboles más descarada es cuando el autor escribe:

En sus triclinios de artesonado giratorio cubría a sus invitados de violetas y flores, hasta el punto de que algunos de ellos murieron al no poder salir al exterior (SHA, Hel. 7.5).

Texto que fue muy bien retratado por el magnífico pintor del siglo XIX L. Alma Tadema en su cuadro “Las rosas de Heliogábalo”.

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Pero las excentricidades del emperador no se quedaron ahí. Por ejemplo, en otro párrafo:

Reunió en unos edificios públicos a todas las meretrices que pululaban por el circo, por el estadio, por los baños y por otros lugares, y pronunció una arenga ante ellas como si se trata de una arenga militar, llamándolas “compañeras de armas”, y discutió con ellas sobre las distintas clases de posturas y placeres (SHA, Hel. 26.3)

Este texto y otros hacen referencia a la feminidad del emperador, del cual se llegó a decir que le gustaba vestir como una mujer, tal vez por esa imagen que siempre se ha tenido de las cortes orientales como muy sobrecargadas de abalorios y decoraciones en las vestimentas. Lo que está claro es, que por lo menos el muchacho se informaba sobre el tema sexual. El saber no ocupa lugar.

Según el señor Lampridio, una de las bromas que más gustaba a hacer en su palacio de Roma a Heliogábalo era la siguiente:

A menudo encerraba en un dormitorio a sus amigos, después de haberles emborrachado, e inesperadamente introducía por la noche leones, leopardos y osos desprovistos de garras para que, al despertarse con la luz del día o, lo que es más grave aún, durante la noche, se encontraran con estas fieras en la misma estancia, y como consecuencia la mayor parte de ellos murieron (SHA, Hel. 25,1)

Qué graciosa su majestad. Cómo le gustaba jugar a Vario, qué cachondo. Poniéndonos serios, esta sería una representación de la tradición sobre las bacanales o la figura del dios Baco, puesto que este siempre iba acompañado, según la mitología, de animales salvajes como las panteras, representación que intenta unir el como una persona se desmelena cuando va ebria.

En fin, toda una serie de actividades libidinosas que tanto autores más serios como Herodiano, como el autor anónimo de estos relatos confirieron, no solo al pobre y joven Vario, si no también a Cómodo, por ejemplo, desdeñando casi cualquiera de sus acciones “buenas” en pro de las antes mencionadas.

Pero, como digo muchas veces, debemos tener cuidado a la hora de enfrentarnos a textos como estos, tan cargados de hipérboles, puesto que la mayoría de las cosas que cuentan son mentiras; aunque también dentro de esos textos encontramos pistas sobre la realidad. En este caso lo podemos ver en el siguiente párrafo:

No se conserva ninguna de las obras públicas que promovió, salvo el templo al dios Heliogábalo, al que unos llaman Sol y otros Júpiter, el anfiteatro -coliseo- restaurado tras su incendio y los baños emplazados en el barrio Sulpicio, que había iniciado ya Antonino, el hijo de Severo. (HSA. Hel. 17.8-9).

¿Qué nos quiere decir este párrafo? Que tal vez el reinado del jovencísimo Vario no fue un paréntesis de caos y fiestas en afterhour, sino que algo se hizo, que fue machacado como en otras ocasiones para que no lo conociéramos. Algo que quedó perdido en la memoria de los que ya no están y que, solo la arqueología nos puede desvelar con el tiempo.

*Recordad, niños, que siempre uso d.e.c. = después de la era cristiana.

Roma paga a “invasores”. ¿Crisis y caída del Imperio Romano?

En el colegio, cuando se da, o más bien se daba Historia, generaciones de nosotros hemos estudiado que el Imperio Romano sufre una gran crisis desde el siglo III d.e.c., que culmina con la caída de Roma en el año 476 en poder de los germanos. Mientras, la parte Oriental del Imperio, con capital en Bizancio u Constantinopla (Estambul), y que funcionaba como ente casi autónomo desde la muerte de Teodosio en 395 d.e.c., se mantendría más o menos estable -perdiendo más de la mitad de sus posesiones entre los siglos VII-X- hasta que un chaval llamado Mehmet II conquistara finalmente en 1453 la capital, pasando entonces a llamarse Imperio Otomano, hasta la Primera Guerra Mundial, grosso modo.

Lo que mucha gente no sabe, y muchos no nos explicamos el porqué, es que desde hace cuarenta años aproximadamente esa “crisis”, teoría en boga desde el siglo XVIII, se ha demostrado inexistente en muchos aspectos. Los investigadores de las últimas décadas no hablan de crisis sino de evolución, transformación del Imperio a tenor de muchos factores que influencian en el cambio de mentalidad, de la tradicional romana a una mezcla entre las diferentes culturas que lo formaban y el enorme choque de trenes que supone la inclusión del cristianismo dentro de las magistraturas más importantes. Punto de inflexión es la conversión de Constantino, que parece más un: -bueno, como aceptamos todos los dioses, por uno más que me proteja no me va a pasar nada-.

El retraso que persigue a la enseñanza de la asignatura de Historia en colegios e institutos no es propio únicamente de la sociedad española, sino que alcanza a todo el orbe. Se siguen una serie de presupuestos, alejados de los estudios actuales ya que parece que con eso vale para llegar a un mínimo exigible. Pero no, no vale solo con dar “lo de siempre”. Por culpa de esos postulados -malditos ilustrados del siglo XVIII, pardiez- se crea una serie de presupuestos que son aplicados, por ejemplo, por el primer ministro de Holanda en días pasados, el cual venía a comparar y afirmar que si en Europa se dejaba pasar a los refugiados sirios, caería al igual que lo hizo Roma hace mil quinientos años.

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Sonriente y xenófobo, el primer ministro holandés.

Bien. Obviamente esto son maniobras políticas para inclinar la balanza del pensamiento hacia uno u otro lado. Y las cosas, en la vida, y la Historia es la vida misma pero de los que han estado antes, no es ni blanca ni negra, es gris. Esas gamas de gris que hay entre el blanco y el negro son todas las causas que propiciaron que un señor llamado Odoacro se presentara un buen día en Roma en plan: Hola, buenos días. Perdone pero ¿tiene cinco minutos para que le hable de nuestro sistema de gobierno?.

Luego entramos en la lectura tanto de los escritores de la época, muchos de los cuales tienen ese mismo miedo que muchos de nuestros conciudadanos, y la interpretación que hacemos en la actualidad de esos escritos. Os pongo un ejemplo: según el escritor Hidacio, los Suevos destruyeron las murallas de Conimbriga (Portugal) en torno al año 468 d.e.c. durante el asedio a la ciudad -que siguió poblada con más o menos suerte hasta el siglo XV, cuando la población residual pasó a vivir a Condeixa Velha-. Si hoy vais a Conimbriga os encontraréis con una muralla muy alta, muy grande y muy bonita que flanquea casi todo el perímetro de la ciudad en época Tardoantigua, además de los restos de la muralla Altoimperial, más testimonial que defensiva.

De esta manera, cuando leemos en la prensa que alguien ha demostrado cual fue la causa de la caída del Imperio Romano debemos mirar esto con recelo. Todas las causas son más o menos válidas pero no hay una que podamos demostrar que sobresale por encima de las demás. Podemos hablar de la entrada del cristianismo -si somos marxitas- o de los pueblos germanos -si somos positivistas-, pero realmente es un conjunto de episodios entre los que destaca la misma grandeza del Imperio, el no poder mantener a ese gigante con pies de barro. Peter Heather, en su libro titulado precisamente La caída del imperio romano achaca mayormente ese cambio al no mantenimiento de la administración imperial mezclado con los cambios en el mismo centro del poder: el emperador; todo esto unido a la presión de los pueblos germanos, que a su vez eran presionados por los los Hunos. Muchos, como nuestro amigo holandés, comparan eso con los sirios de la actualidad, pero podemos destacar dos puntos: en esa época existe una cosa llamada “Batalla de los Campos Catalaúnicos” en la que gran parte de los pueblos germanos junto con el ejército romano se unieron para luchar contra los hunos, y que si este señor viera los Simpsons, encontramos en el capítulo en el que se le hace el chequeo al señor Burns toda la explicación necesaria para conocer este episodio histórico.

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La vida de Vespasiano.

Cuando hablamos de Vespasiano debemos hacerlo desde la perspectiva de que fue el primer princeps -duradero- después de los Julio Claudios, la dinastía impuesta tras la muerte de Augusto. Su llegada al poder, como hemos podido comprobar, se produce en una época convulsa, llena de pretendientes que con más o menos apoyos, deciden un buen día declararse “Padres de la Patria” e incluso llegan a acuñar moneda para hacer valer sus pretensiones. Esta nueva dinastía será vista por las fuentes escritas como una nueva rama de paz y para ello no dudarán en descargar elogios, sobre todo en los dos primeros emperadores, Vespasiano y su hijo Tito.

Si nos acercamos a lo que los escritores antiguos como Suetonio escriben sobre la familia de este nuevo enviado, tenemos al igual que en el resto de hombres de este año tan movido, un origen a veces humilde, pero de personas que se hacen a ellas mismas y que, poco a poco, generación tras generación van escalando dentro de los diferentes órdenes sociales hasta llegar al personaje en cuestión, que representa la eclosión de importancia de sus respectivas familias. Además, con ese aderezo que los escritores imprimen a sus narraciones, parece que los dioses siempre quieren que sean estos quienes gobiernen y no otros, porque ya desde la cuna, o en su juventud, han recibido mensajes, llamadas divinas haciéndoles ver que ellos son los elegidos. Esto lo vemos en todas las religiones desde China a América, aunque no quiero decir nombres concretos, para no fastidiar al cristianismo.

En lo que respecta a las predicciones, con respecto a la figura de Vespasiano se mezcla tanto la faceta de, por ejemplo:

“En Judea cuando consultaba el oráculo del dios Carmelo, las suertes le alentaron prometiéndole que todo lo que planeara e ideara, por importante que fuera le saldría bien” (Suet. Vesp. 5,6)

mensajes que las divinidades envían al que va a ser emperador, con otro tipo de mensajes:

“se le acercaron a un tiempo un hombre de la plebe privado de la vista y otro con una pierna enferma pidiéndole la ayuda para su dolencia que les había indicado Serapis durante un sueño, [diciéndoles] que Vespasiano devolvería al uno la vista, si escupía en sus ojos, y restablecería al otro la pierna, si se dignaba tocarla con el pie. Y, aunque apenas creía que tendría éxito alguno y por eso no se atrevía ni siquiera a intentarlo, por fin, al animarle sus amigos, ensayó ambas cosas en la asamblea en presencia de todos y obtuvo el éxito”. (Suet. Vesp. 7, 2-3)

donde se observa en este caso al Flavio como un semidios, una persona que está predestinada y hasta cura a los enfermos.

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Casi, casi podemos aplicar el mismo argumento que los célebres Monty Python hicieron en su afamada Brian´s Life a este emperador el cual, ya al servicio de otros demostró su valía como militar en las campañas de la llamada “Guerra de los Judíos”, en el Oriente romano. Tanto él como su hijo Tito -el inteligente de los dos que tuvo- fueron aclamados por el pueblo de Roma y odiados por los habitantes de Judea, menos por Flavio Josefo, a él le caían bien.

Tras llegar al poder, al ser el único que gobernó durante unos años, pudo desarrollar una política de redistribución de las provincias occidentales -véase el ejemplo de Hispania-, del ejército -aunque no tan radical como en tiempos de Mario u Augusto-, e incluso una reforma de la ciudad de Roma, abandonando el viejo sueño neroniano de la Domus Aurea y devolviendo parte de los terrenos a las personas a las que se las había despojado de los mismos para hacer realidad el sueño del último de los Julio-Claudios. Entre esas familias figura la de los Lamia, que anduvieron por Hispania desde tiempos de Augusto y a los que se les habían arrebatado los Horti Lamiarum. De esa familia tenemos noticias en nuestra península pues parece ser que precisamente en época flavia se construyen algunos de los edificios termales en ciudades del ámbito hispano, como en Valeria. Tras la conquista de Jerusalén en 70 d.e.c. comenzó la reedificación de Roma. Al igual que casi cien años antes había hecho Augusto, Vespasiano apoyado en su hijo Tito -¿dónde está Domiciano?- realiza obras en la ciudad para hacer ver a la población que con él llega de nuevo la Paz y de esa manera asentarse en el poder. Así, se construyó el llamado Templo de la Paz, que además de los restos arqueológicos que podemos apreciar hoy en día cuando viajamos a Roma y paseamos cerca de la Vía dei Fori Imperiali (calle construida en tiempos del “gran” Mussolini rompiendo edificaciones romanas para celebrar sus triunfos), en algunos escritores como por ejemplo en Josefo (Bel. Iud. VII, 5.7-158), Suetonio (Vesp., 9) o Dion Casio (LXV, 15.1) se ve reflejada su construcción.

Pero si algún edificio sobresale por encima de todos los que para la posteridad dejó Vespasiano y que está unido a su nombre, fue el único que él no pudo ver terminado en vida: el anfiteatro Flavio u Coliseo -llamado así por una estatua colosal de Nerón que había en las proximidades-. Éste fue inaugurado por su hijo Tito precisamente con unos juegos a la memoria de su padre.

En Vespasiano convergen una serie de valores como la honradez y el ahorro que a veces han sido llevados al extremo por los autores del momento como el archiconocido por todos nosotros tras estas entradas, Suetonio. Parece ser que incluso osó el emperador en poner impuestos que iban más allá de la lógica -como en la España actual al sol-. Veamos un fragmento:

“Cuando su hijo Tito le censuraba por haber inventado incluso un impuesto sobre la orina, le acercó el dinero obtenido del primer pago a las narices y le preguntó si le molestaba el olor; y al contestarle que no, replicó: Pues es fruto de la orina” (Suet. Vesp. 23.3).

“Tranquilos, ha ardido para bien nuestro”. Vitelio, el tercero en discordia.

Tal vez la figura de Vitelio sea la más extravagante de las cuatro que vamos a tratar en estas entradas, para el que escribe. Procedente de una familia en la que encontramos, siempre según las fuentes, desde personajes de alta alcurnia hasta prostitutas, fue el tercero de los cuatro emperadores de este loco año que transcurrió entre la muerte de Nerón y el advenimiento de los Flavios en la figura de Vespasiano.

Parece ser que ya desde su más tierna infancia el destino le tenía guardadas grandes sorpresas, a juzgar por el susto que se llevaron sus padres al conocer la lectura de su horóscopo por parte de los matemáticos, como nos cuenta Suetonio (Vit. 2). Tal vez por ello, al llegar al poder:

“no mostraba a nadie tanta inquina como a los bufones y a los matemáticos, y en cuanto alguno era acusado, lo castigaba con la muerte sin haberlo escuchado” (Suetonio, Vit. 14).

¿Y cómo llegó a ser princeps?

Sencillamente mientras gobernaba Germania Inferior por mandato imperial desde hacía solamente un mes (diciembre del 68 d.e.c.), según nos cuentan Suetonio y Tácito, vio el malestar en la cara de los soldados con respecto a la situación de las guerras intestinas y decidió revelarse contra Galba mientras Otón también intentaba librarse del sucesor de Nerón. Sería nombrado emperador posiblemente en torno a las kalendas de Enero del año 69 (Tácito, Historias, 1, 57). Apenas unos días más tarde Galba era asesinado por Otón y otros conspiradores, pero al estar éste ya en Roma y Vitelio todavía marchando desde Germania, el primero aprovechó y se nombró princeps, un cargo que, como vimos en la entrada anterior del blog no le duró mucho tiempo.

Parece ser que por aquel entonces algunas deudas acuciaban a Vitelio, como nos narra Suetonio (Vit., 7) con su estilo inigualable, teniendo incluso que dejar a su mujer y sus hijos viviendo en un pisito de alquiler en Roma mientras que arrendaba su casa para pagar a prestamistas. Obviamente cuando llegó a emperador, tras el suicidio de Otón, todo esto se disipó ya que: “apenas perdonó a ninguno de los prestamistas, deudores y publicanos que alguna vez le hubieran reclamado sus deudas” (Suet. Vit., 14). Ésta es una buena manera de ahorrar dinero, o por lo menos más rápida.

¿Y cómo es él? ¿Y en qué lugar se libró de ti?

Ya en el poder desde abril del año 69 d.e.c., según nos narran Suetonio y Tácito principalmente, se dedicó a dos cosas básicas: comer y matar. Comer de una manera atroz, solamente superado por Homer Simpson y sus disparatados platos. En referencia a una de sus famosas cenas:

“mezcló higadillos de escaros, sesos de faisanes y de pavos, lenguas de flamencos y lechecillas de morenas buscadas por sus jefes de navío y trirremes desde Partia hasta el estrecho de Hispania” (Suet. Vit. , 13).

Y con respecto a los asesinatos, ya hemos nombrado las personas que le caían mal -matemáticos, bufones, prestamistas-, aunque llegó a asesinar a un hombre que lo había nombrado su heredero, por el hecho de que también heredaba un liberto de ese señor. Solución: matar a ambos y se quedó con todo.

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Aquí podemos apreciar un acercamiento conceptual a Vitelio y su obra.

Entre comidas de empresa y asesinatos selectivos llegó diciembre del año 69 d.e.c. Un nuevo personaje entra en juego: Vespasiano. Vitelio, lejos de achantarse como había hecho Otón, salió en busca de los ejércitos orientales que acompañaban al Flavio, pero al igual que había pasado con el ejército de Otón, el suyo pereció ante la máquina de guerra y además en el mismo sitio en el que habían perdido los partidarios de Otón, Bedríaco, unos meses antes.

“This is the End”

 Comienzan entonces unos días vibrantes: Vitelio llegó a abandonar dos veces el trono y por dos veces también, según nos cuenta Suetonio, vuelve al oír a sus partidarios alentarlo para que no abandone (Vit. 15 y ss.).

Partidarios de Vitelio animándolo a seguir.

       Partidarios de Vitelio animándolo a seguir.

Pero un día, a mediados de diciembre, las tropas de Vespasiano llegan a Roma y el depuesto emperador intenta fugarse en una escena que podría narrar mejor el propio Guy Ritchie en una de sus películas: llega a palacio y al verlo vacío coge dinero y corre. Se esconde en una “garita” hasta que los soldados lo encuentran. Al ver que no lo conocen dice que Vitelio se ha ido, pero finalmente lo descubren y antes de que diga nada ya lo están arrastrando por la ciudad con las manos atadas y una soga al cuello, posiblemente para que él mismo sea partícipe de esas prácticas que le gustaba hacer con otras personas. Al igual que vemos en el relato de Otón se resaltan sus defectos: talla enorme, rostro amoratado, gran barriga y posiblemente cojearía de una pierna (Suet. Vit., 16-17).

Finalmente le clavaron un garfio a orillas del Tíber y fue arrojado al río. Comenzaba de esta manera el reinado de Vespasiano, el primero de los Flavios.

Posible retrato de Vitelio conservado en el Louvre.

                           Posible retrato de Vitelio conservado en el Louvre.