Vídeo

Guerra en Hispania (II): La Encarnación (Caravaca-Murcia).

Si hay un tema que me apasiona es el del sincretismo religioso. El cómo una imagen, un símbolo, un lugar, pueden ser referentes para diferentes culturas y momentos. Esto es lo que pasa con el santuario ibero-romano-cristiano de La Encarnación, situado en Caravaca de la Cruz (Murcia), donde hemos rodado éste pequeño vídeo, hablando de los diversos usos que éste espacio ha tenido a lo largo de la Historia.

Conocí éste magnífico santuario en 2006, mientras aprendía y me formaba como arqueólogo bajo la tutela de los siempre grandes Francisco Brotóns (arqueólogo municipal de Caravaca), Juan García Sandoval (conservador de Museo de la Región de Murcia, actualmente en el Museo Regional de Arte Moderno) y Antonio Murcia (Fundación Teatro Romano de Cartagena). Ellos dirigían el campo de trabajo mediante el cual se excavaba el castellum de Archivel, donde desarrollamos el pasado vídeo -sí, el del viento-. Un buen día, después de excavar, Paco nos llevó a mis compañeras y a mí a visitar el santuario, una joya, un unicum en la región que tenía fresco por las clases de Sebastián Ramallo (Catedrático de Arqueología de la UMU). El resto es una relación con la Encarnación de once años. Cada cierto tiempo intento visitar el sitio porque me ayuda a despejarme, a pensar con claridad sobre diversos asuntos, y ésta vez no iba a ser menos. Además iba muy bien acompañado por la mejor ayudante de cámara que se puede tener, aunque digamos que la llegada fue un poco accidentada, ya que casi se me cae el coche por un barranco, pero mereció la pena. Y todo por llegar a mi sitio favorito de la región, donde más fácil es el poder entender toda nuestra evolución de los últimos dos mil quinientos años.

Enjoy!

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“Do you know what Nemesis means?”

…Preguntaba atentamente el Ladrillo mientras miraba fijamente a sus interlocutores, después de haber tomado un té caliente y se levantaba lentamente del sofá con mirada desafiante, en aquella famosa escena de la película “Snatch”.

Snatch - El ladrillo

Brick Top -El Ladrillo- interpretado en el film por Alan Ford (blogdecine.com)

La Némesis es la justicia divina, aunque también un personaje mitológico que se unió con Zeus para dar a luz a Helena y los Dioscuros de una manera un tanto peculiar: anduvo el dios tras ella largo camino persiguiéndola, mientras Némesis, hija de Nix -la Noche- se metamorfoseaba en un sin fin de animales, como si de un Power Ranger se tratara. Finalmente, al ver que la muchacha se había convertido en oca, el dios se convirtió en cisne, pació con ella. De esa unión surgió un huevo que unos campesinos le dieron a Leda, y de ese huevo salieron Helena y los Dioscuros. -Sí, ya era raro un relato mitológico en el que Zeuso su homónimo romano Júpiter, no estuviera rondando a nadie-.

Si en la Antigüedad, para griegos y romanos, la Némesis es lo que equilibra el universo, en la actualidad, y más desde que se estrenara hace algunos años la mítica serie de televisión “Me llamo Earl”, ésta cualidad ha sido sustituida por el karma. Para los románticos que creemos que Roma todavía existe, preferimos llamar a esas casualidades o causalidades del destino como lo hacían nuestros antepasados antiguos, pese a ser y constituir una amplia minoría.

Hace casi dos mil años, los gladiadores, por ejemplo, se enconmendaban a ésta divinidad o cualidad para obtener la suerte en la arena, de ahí que en algunos anfiteatros como el de Italica (Santiponce-Sevilla), conservemos hoy en día, casi a la entrada de la misma, epígrafes que hacen referencia a la Némesis y a Caelestis, junto con el nombre de la persona que le dedica esta curiosa rogativa.

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Placa rogativa a Nemesis que se encuentra en la entrada al anfiteatro de Itálica (fot. Pedro Huertas).

Como ya he comentado anteriormente, en nuestra época el término Némesis puede aplicarse a lo que comúnmente se denomina karma y que de vez en cuando aparece en algunas noticias o en comentarios que los usuarios de las redes sociales hacen para con las mismas. Es el caso de lo que pasó hace pocos días a un cazador de elefantes profesional, el cual, tras cazar con su rifle a un par de ellos fue arrollado por otro ejemplar que se abalanzó sobre él.

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Recorte de la noticia (fuente: El Mundo y EFE).

Así que, ya sabéis que si alguna vez os pasa algo que no es lo suficientemente bueno, o no tan malo, existe un fórmula grecolatina para ello. Al final va a llevar razón el señor Kosta Portokalos -personaje de “Mi gran boda griega” interpretado por Michael Constantine- cuando decía algo parecido a que cualquier palabra de cualquier idioma, tenía un origen griego.

Cita

El enterramiento de Vix. (siglo V a.e.c.)

Imaginad una noche cerrada de otoño en la actual costa atlántica francesa. La luna no ha hecho su aparición, acurrucada entre las nubes que cubren un cielo sombrío desde hace un par de días. De entre las brumas nocturnas, un sonido hueco de crepitar de antorchas acompaña a la procesión que va tras un carro inmenso, de los que casi no se ven por tierras más al sur. En el carro, el cuerpo inerte de una señora, uno de los personajes más importantes de la población, es seguido por otros soportes en los que encontramos montones de piezas, todas pertenecientes a la difunta. De entre el ajuar destaca una inmensa crátera de bronce, de más de un metro y medio de alto. Las cráteras, que se usan en rituales que tienen que ver con comidas y bebidas copiosas, son propias del mundo griego. Eso significa que la persona a la que sigue la procesión en completo silencio, es un personaje rico e importante.

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Detalle de un asa de la crátera del enteramiento de Vix, en el que se aprecia la cabeza de Medusa. (Fot. National Geographic)

La comitiva llega a un pequeño montículo donde se ha construido una cámara que servirá de descanso eterno para el cuerpo de ésta señora y todo lo que a ella le acompaña.

Pero en 1953, el equipo del señor René Joffroy, continuando las excavaciones que terriblemente tuvieron que ser cortadas debido a la Segunda Guerra Mundial, dieron con la cámara mortuoria de éste gran personaje que vivió a caballo entre los siglos VI-V a.e.c., dentro del periodo que llamamos de las culturas de La Téne y Hallstatt. Imaginad la cara de la persona que entrara primero a la cámara.

Cuando excavamos una tumba antigua, la sensación que eso nos produce, de conexión cercana con la cultura que estamos investigando, con la persona a la que vamos a devolver del anonimato. No hay palabras para describirlo. Hace unos años tuve la inmensa oportunidad de participar en la excavación de una necrópolis ibérica en las cercanías de Archena (Murcia), datada en torno a los siglos III-II a.e.c. Cuando quitas las últimas capas de mortero y llegas a la fosa excavada hace más de dos mil años, y encuentras todo el ajuar intacto, en su sitio, piensas que nadie ha visto lo mismo que tú y tus compañeros desde aquella noche perdida en la inmensidad del tiempo, cuando las últimas llamas de la hoguera en la que quemaron el cuerpo se apagaban y los restos eran recogidos en una urna.

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Plano de la tumba de Vix. (Fot. UAM)

Esa misma noche es en la que se apagó la vida de la mujer enterrada en Vix, y cuyo cuerpo fue enterrado en un monte para que, aun desde la distancia entre la vida y la muerte, controlara todo lo que acontecía a su alrededor, como testigo de su cultura, costumbres y hechos. Esa tumba está en un importante enclave de conexiones comerciales entre el Mediterráneo y el Atlántico. Este tipo de conexiones suelen sorprender al público en general, pero es tan sencillo como explicarles que nuestras autovías son el último paso evolutivo de esos caminos que empezaron siendo de tierra muchos siglos antes.

Finalmente y tras un periodo de restauración, parte de las piezas fueron expuestas en el Louvre en 1954, y en la actualidad podéis encontrarlas junto con otros grandes hallazgos de la zona en el museo de Vix, del que os dejo el enlace a la página web: http://www.musee-vix.fr/fr/index.php

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La crátera de Vix en el Museo del Luovre, 1954 (Fot. National Geographic).

Palacios en el aire: Asdrúbal y su “casica” cartagenera.

Hace un par de semanas la noticia del supuesto hallazgo del “Palacio de Asdrúbal” en el cerro del Molinete de Cartagena (Murcia) se convirtió en viral dentro de las páginas que en redes sociales se dedican a la Arqueología, Historia Antigua y a la Historia en general, creando unas expectativas sobre el mismo edificio que ya han calado hondo en una sociedad que está ansiosa por conocer los “misterios de la Humanidad”.

Noticia del periódico ABC que se hace eco de la publicación del libro, con un titular cuanto menos, inquietante.

Noticia del periódico ABC que se hace eco de la publicación del libro, con un titular cuanto menos, inquietante.

Además, la noticia viene avalada porque se produce a raíz de la publicación de un libro titulado El magnífico palacio de Asdrúbal en Cartagena (Cerro del Molinete), editado por la Real Academia de la Historia y a un “módico” precio de 50€.

El problema, como se ha planteado en el primer párrafo estriba lo rápido que se propagan las noticias por internet -hecho que tiene cosas muy buenas pero cosas muy malas también-, y ya han arribado a la ciudad los primeros turistas que han preguntado: “Oye, ¿dónde está el palacio? Yo solo veo piedras”.

Bien. En primer lugar, a todos nos gustaría que Polibio, el autor griego que primero describió la ciudad de Carthago-Nova, llevara razón. Pero debemos empezar diciendo que él no afirma que estuviera ahí el palacio, o que existiera dicho edificio. El escritor daba a entender que una persona le había contado que alguien le había dicho que ahí, en tiempos de los púnicos, Asdrúbal había tenido una casa muy grande, si atendemos a la traducción de Loeb Library, y de palacio suntuoso si atendemos a la traducción de Gredos (Historias, libro X,10.1). De ahí, a suponer que hay un palacio, que es el mayor del Mediterráneo, con un tipo d estructura única en el mundo, va un libro de diferencia. Un libro que he tenido la oportunidad de tener en mis manos, repasar, leer algunos capítulos y llegar a la conclusión de que no es más que una hipótesis sin fundamento científico alguno -no voy a entrar a hablar del autor-.

En segundo lugar, el autor se basa en una serie de percepciones visuales en una prospección que se realizó, según cuenta él mismo, tras dar un paseo y darse cuenta en ese mismo deambular por el cerro, de que allí había algo muy grande. Y el libro se presenta más como un acto de revancha contra otros científicos que como un estudio serio propiamente dicho; de hecho parece más un capítulo de aquella famosa serie de los ochenta, el “Equipo A”, en plan: en 1998, un científico tuvo que desertar del ministerio por una serie de errores que no había cometido. Si algún cantonal lo necesita, ahora trabaja como arqueólogo de fortuna (fundido en negro de la escena acompañado de sonidos de picos chocando contra piedras -como comprenderéis, aquí no valen las balas-).

Entrando en el tema arqueológico, el excepcional trabajo que han realizado desde el equipo del profesor Noguera, ha podido concluir que lo que podemos hoy en día divisar en la cima son los restos de parte de la muralla que los púnicos construyeron en esa zona de la ciudad, y que más tarde fue modificada y vuelta a usar por romanos e incluso, posiblemente, por bizantinos; y en la imagen que podéis ver a continuación, modificada de la original aérea publicada por Noguera, Madrid y Velasco en los Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, veis el lío a la hora de interpretar todas las fases del cerro, desde los púnicos hasta el siglo XVI.

En la imagen (Noguera, Madrid y Velasco, 2012) modificada para la ocasión, veis en color negro uno de los paramentos de la muralla púnica, con una serie de cisternas para el abastecimiento de los soldados, en rojo los restos del templo de Atargatis, deidad de origen púnico -modificado en época romana-; en verde, lo que se conserva de un templo romano republicano (s. II a.C.) y en azul, parte de la muralla de Carlos V (siglo XVI).

En la imagen (Noguera, Madrid y Velasco, 2012) modificada para la ocasión, veis en color negro uno de los paramentos de la muralla púnica, con una serie de cisternas para el abastecimiento de los soldados, en rojo los restos del templo de Atargatis, deidad de origen púnico -modificado en época romana-; en verde, lo que se conserva de un templo romano republicano (s. II a.C.) y en azul, parte de la muralla de Carlos V (siglo XVI).

Bien es cierto que todavía queda una parte del cerro -la ladera Norte- por excavar en profundidad, pero es una zona en la que ya se centraron algunas excavaciones en la parte baja, y en las que no apareció nada.

Así pues, antes de darle tanto bombo a cierto tipo de noticias, vengan de donde vengan y las escriban quienes las escriban, no viene mal el preguntar a las personas que están, como en este caso, excavando la zona.

El cerro del Molinete es el segundo en magnitud e importancia de la ciudad de Cartagena. En él se han hallado restos desde época púnica al siglo XVIII puesto que, excepto entre los siglos VII-XV, ha estado siempre habitado, convirtiéndose en un barrio popular desde el siglo XVII hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando fueron expropiadas gran parte de las viviendas precisamente para realizar excavaciones arqueológicas. Unas excavaciones que casi nunca han parado y que en la actualidad continúan con el proyecto de REPSOL, para unir el ya musealizado “Barrio del Foro” -en él podemos apreciar tres edificios de época romana: unas termas, una plaza para acceder a las mismas y un edificio para realizar banquetes religiosos en honor a Isis y Serapis-, con otros restos ya excavados y que pertenecen al foro mismo: el inicio de la plaza, la subida a la terraza en la que estaría el templo capitolino de la ciudad y la curia o ayuntamiento. Con la importancia que la ciudad tuvo en época romana y con su dilatada historia, no hace falta inventarse historias paralelas que solo sirven para contentar a los amigos de lo imaginario y para alimentar el ego de algunos que se piensan que en su ciudad ha pasado todo. Hay que aprender a salir y ver que en todos sitios ha pasado de todo, que no somos la única ciudad que ha habido en el mundo. Que “no estamos solos en el Universo”.

En la imagen, decumano superior que servía para salvar la altura entre terrazas a la hora de subir al cerro en época romana. Se encuentra ya musealizado e incluso se puede caminar por él.

En la imagen, decumano superior que servía para salvar la altura entre terrazas a la hora de subir al cerro en época romana. Se encuentra ya musealizado e incluso se puede caminar por él.

Carthago-Nova misteriosa -o no-

Si hace unos días comentaba las dificultades de algunas personas para quitarse el ego de los hombros a nivel general, hoy voy a centrarme en mi ciudad, Cartagena, la antigua Mastia Tartessiorum que antes había sido Teucria, y después Krt-Hdst, Carthago-Noua, Carthago Spartaria, Cartayanat al-Haiffa y finalmente Cartagena (también válida la acepción Cartajena durante parte de la Edad Media). ¿Es realmente tan abultada la historia de una ciudad? ¿Somos la joya del Mediterráneo? Pues a veces sí y otras veces no. Qué le vamos a hacer.

Cuando abrimos un libro sobre historia general de la ciudad -generalmente no escritos por historiadores de verdad, sino señores retirados que tienen mucho tiempo libre- encontramos muy poca información sobre la Edad Antigua -la que más me interesa-, la cual se envuelve en un halo de misterios, Santiagos arribando del mar, santos bizantinos, Augusto, Escipión, Aníbal y poco más. Sin embargo, cuando avanzamos y llegamos a la Edad Moderna, toda esa información se amplía gracilmente. ¿Por qué? Porque esos mismos señores se dedican a fusilar las actas capitulares del Concejo desde el siglo XVI, realizando una gran labor para esa época, pero dejando a la ciudad coja por las restantes. Libros como el de Juan Soler Cantó -médico de época franquista retirado que hizo su “historia” de Cartagena- son más leídos que los realizados por expertos de verdad. Esto se debe a que a la gente le gusta más la anécdota que el hecho, la fantasía que la realidad -a mí también, para qué nos vamos a engañar-; pero cuando se trata de lo que uno ha estudiado y manoseado, suelen tocar las narices afirmaciones como: Teucro, héroe de la Guerra de Troya, fundó Teucria donde hoy está Cartagena porque lo dicen “los sabios”. Con los sabios, la persona que me hacía referencia a ese “hecho”, hablaba, sin saberlo, de Silio Itálico, escritor romano copión de Virgilio que inventa una fundación mítica basada en la Guerra de Troya tanto para nuestra ciudad, como para otras tantas. E incluso podríamos remontarnos al mítico rey Testa, para ser los primeros,no ya del Mediterráneo, sino del mundo entero, pero el sueño nos dura lo que estemos dormidos. Bien, ya no tenemos tres mil años de Historia, válgame Dios.

Y seguimos con más “fechos”: a ese mismo autor como a tantos otros dentro de la corriente historiográfica -que no sé si sabiéndolo o no, seguían- del positivismo histórico, daban por hecho que tras esa Teucria hubo otro asentamiento, Mastia de Tartessos, citada por Polibio. El problema estriba cuando vemos que Tartessos estaría, si fuera una cultura o región, entre el sur de la actual Extremadura y la desembocadura del Guadalquivir. Claro, geográficamente nos vamos un poco, pero da igual. Dejamos el nombre de Mastia y punto. Otro problema, esta vez arqueológico, llega cuando repasamos las excavaciones en las que se ha llegado a niveles ibéricos en la ciudad, dando como resultado algún tipo de pequeño poblado fechado en el siglo IV a.C. Me cachis, otra vez nos cargamos los tres mil años de historia y las grandiosas teorías de Cantó y sus amigotes.

Pero la Historia no acaba aquí, obviamente. Llegamos a época romana -voy a obviar todos los errores garrafales centrados solo en la Segunda Guerra Púnica- y la conversión de los ciudadanos de Carthago Nova al cristianismo. Como no podría ser de otra manera, Cartagena fue la primerísima ciudad del mundo en ser cristiana, porque somos más papistas que el Papa. Recuerdo todavía con nostalgia esos souvenirs de la ciudad a modo de figurita en la que salía el teatro romano y la iglesia de Santa María, donde se podía leer: Teatro Romano de Cartagena (siglo I d.C.)-Catedral de Cartagena (siglo I a.C.). Obviamente antes de que el mismo cristo hubiera o hubiese nacido, los cartageneros ya celebrábamos la Semana Santa porque somos unos visionarios. Y tras la llegada de Santiago por el puerto de Santa Lucía en el año 37 d.C. -casualmente el año que comienza el reinado de Caligula-, más todavía. Claro, cuando a un vecino mío intentas explicarle que eso son los medievales que estaban muy locos y les molaba el rollo de inventar historias, te dice que eres un loco y que arderás en el infierno por contradecir al clamor popular -y más con algunas asociaciones que dicen defender el patrimonio de la ciudad, perolo que hacen es sembrar falsas semillas-. Señores defensores de la independecia de Cartagena: lo siento mucho, pero la Iglesia de Santa María se construyó entre los siglos XIII-XIV y Santiago nunca salió de Palestina -se lo impidió el muro israelí de la vergüenza-. Lo siento, de veras. Me gustaría que tuviéramos la mejor ciudad del mundo, y me encanta mi ciudad, pero hay que llamar a las cosas por su nombre. Está muy bien defender las ideas…cuando se pueden defender.

¿Y después del chasco?

¿Y ahora qué?¿De qué hablamos ahora? Pues podemos hablar de la capital militar y estratégica de los púnicos en Iberia, de la ciudad por la que entró primeramente la romanización, cocapital con Tarraco de la Citerior, de una de las ciudades que tuvieron el honor de contar, posiblemente, con la visita de personajes como César u Octavio -antes de ser Augusto-, ser la ciudad fuerte junto con Corduba de los ejércitos de los hijos de Pompeyo en Hispania.

La Historia de todas las ciudades, incluso contando la verdad, es muy rica.

Estatua de Teucro realizada en Pontevedra. Parece ser que por allí también pasó, siempre según Estrabón, un señor que hizo un libro de geografía sin salir de su casa.

Estatua de Teucro realizada en Pontevedra. Parece ser que por allí también pasó, siempre según Estrabón, un señor que hizo un libro de geografía sin salir de su casa.

Historiadores, novelistas y viceversa

Muchos son los historiadores que se introducen en el maravilloso y fascinante mundo de la novela, y muchos, también los novelistas que hacen el camino contrario, queriendo transmitir algo más real que la invención de personajes e historias -que ya de por sí es un duro trabajo-. Vaya por delante que esta opinión no es crítica generalizada, pues así como hay novelistas que transmiten la Historia verdadera de una manera amena, también existen los historiadores plomizos que te duermen con solo separar los labios. Pero sí es una crítica a aquellos que se creen por encima del investigador simplemente por tener unos “best sellers” y un público adicto al misterio inventado y fingido.

Me levantaba ayer con el siguiente titular en un periódico, sacado de una entrevista a Javier Sierra -novelista por muchos conocido y con varias de sus obras en los top ventas-: “Mis novelas rellenan las lagunas que dejan los historiadores”. Este titular aparecido en la edición impresa del Diario de Sevilla, podríamos pensar que está sacado de contexto de la entrevista, pues de todos es sabido la querencia de algunos periodistas por buscar el morbo y la noticia donde no la hay. Pero lo que me deja estupefacto es que el mismo escritor -supongo que alguien en su nombre en la página de facebook- intenta justificar la respuesta del mismo, diciendo que bueno, no es que haya querido decir eso, pero que sí lo ha dicho porque es verdad.

Entiendo que no todo el mundo tiene que saberse la lista de los reyes godos. Cada uno es libre de dedicarse a lo que quiera o crea conveniente, siempre sin meterse en un campo que no domina. Por escribir novelas sobre supuestos misterios de la Humanidad -inventados o no-, uno no es historiador. La Historia es una Ciencia Social, con carrera propia en la Universidad y con un método científico de aplicación que, como en todas las ciencias ha ido evolucionando con el paso del tiempo, dejando atrás algunas teorías después de ser comprobada su utilidad o no, y adoptando otras nuevas. Me atrevería a decir que es una de las ciencas sociales que más se transforma, por esa obsesión que tenemos los que nos dedicamos al estudio de la Historia de una manera u otra, de intentar llevarla a toda la sociedad. El problema estriba cuando personas sin formación, al igual que pasa en todos los campos de estudio y trabajos, se creen en posesión de la verdad absoluta porque “me he leído un libro”. La labor del historiador -y esto no lo digo yo, es de primero de carrera-, también consiste en usar todos los tipos de fuentes que tenga alrededor, ya sean escritas, arqueológicas, epigráficas. Debemos tomar esas fuentes y ser críticos con las mismas, compararlas. Ver qué fuente es la más idónea. Eso no se consigue escribiendo novelas, sino acudiendo a la universidad y aprendiendo los mecanismos necesarios para poder realizar ese trabajo.

No soy ni el primero ni el último que acaba hasta las narices y más allá, con personas que no paran de revatir un tema histórico con el único argumento, ya expuesto anteriormente de “es que me he leído un libro”. Un novelista, por muy bueno que sea, nunca va a ser un historiador, y un historiador, por muy bien que explique la Historia, nunca va a ser un novelista. Entiendo que el señor Sierra se debe, como he escrito antes, a un tipo de público muy específico que piensa que los historiadores o los arqueólgos tenemos el Santo Grial escondido en la vajilla de nuestra abuela para que no sea encontrado, que el lignum crucis lo usamos para fabricar una silla o que el Arca de la Alianza es el baúl en el que nuestra madre guarda nuestros Cliks de Playmobil de cuando éramos pequeños; y todo para que no sea revelada la aunténtica verdad verdadera secreta de la Sábana Santa. Todo eso es un nombre, marketing, con sus seguidores y detractores, pero lo que no se puede hacer es engañar al público.

Estracto del "Diario de Sevilla" con la entrevista a Javier Sierra.

Extracto del “Diario de Sevilla” con la entrevista a Javier Sierra.

“No mires atrás”. Zombies y mitología

Si comenzáramos hablando de una ciudad o un grupo de gente, establecido en un sitio de manera permanente, que les aleja de una realidad hostil, pero que, tras un cruento ataque llevado a cabo por otro bando deben abandonar la seguridad de ese sitio buscando cada uno la manera de sobrevivir. Si les dijéramos que los protagonistas -así se queda claramente expuesto- son un padre y un hijo que deberán de peregrinar salvando mil obstáculos para llegar a un final incierto… Podríamos estar pensando, los que tuvimos que estudiar latín y mitología, tanto en el instituto como en la carrera -lo siento futuros estudiantes, esto por desgracia no lo cataréis gracias a la actualidad- en el relato apasionante que hace aproximadamente dos mil años escribiera Virgilio sobre un hombre llamado Eneas que, desde una Troya destruída por los griegos debió de buscarse la vida junto con su padre Anquises y su hijo Ascanio. Un personaje, obviamente desarrollado por el autor a partir de los relatos homéricos para justificar la antigüedad de Roma.
Pero lo relatado en las primeras líneas no tiene nada que ver con eso, ¿o sí? Se trata del final de la primera parte de la cuarta temporada de la serie “The Walking Dead” -basada en parte en los cómics del mismo nombre-. Ese final abierto nos deja a Rick -¿Eneas huérfano?- y a su hijo Carl -¿Ascanio?- huyendo tras una batalla en la que un tanque -¿caballo de Troya?- de manera más literal que el caballo usado en la ciudad anatolia ha atravesado sus verjas y tras él otro bando de humanos supervivientes con el extraño personaje llamado “el Gobernador” encabezando la oleada. Todos los que han sobrevivido al ataque han tenido que huir del refugio en el que se escondían

-casualmente una prisión que les liberaba de una muerte segura-.
Vemos cómo elementos literarios o mitológicos usados hace milenios por un viejo alrededor del fuego para entretener o intentar explicar cosas que se perdían en los recuerdos de quienes le escuchaban, son usados de manera más o menos buscada, para hacernos atractivo el seguimiento de una serie de TV en la actualidad. Cuánto no hemos cambiado.
“No mires atrás” es la frase que Rick va repitiéndole a su hijo Carl mientras estos se alejan de su prisión de libertad, dejando tras de sí un reguero de sangre, muerte, destrucción y desconocimiento de cómo estarán los amigos y supervivientes, entre ellos la otra hija de Rck, Judith. Casualmente, Judith es el título de uno de los libros del Antiguo Testamento, usado para explicar la invasión por parte de los asirios a la zona de Babilonia y Fenicia. Judith -traducido por “la judía”- es la encargada de guiar a su pueblo a la victoria sobre el invasor, que se extiende como una plaga. Y será Judith la que, valiéndose de artimañas consiga rebanar la cabeza al general asirio Holofernes, como bien retrató en su día Caravaggio. Para el que no lo sepa, a un “caminante” -como lo llaman en la serie- o un “zombie” se le mata atravensándole la cabeza, ya sea de un fuerte golpe, disparo, una espada…
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Judith cortando la cabeza a Holofernes (Caravaggio)

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