Hoy en “FAKES HISTÓRICOS”: El milenarismo va a llegar a Cartagena!

Hace aproximadamente una semana aparecía en prensa nacional la noticia sobre unos estudios llevados a cabo en 2013 y publicados a nivel científico hace un par de años -os dejo el enlace al artículo abajo-, en los que se hablaba de la disposición de los templos en la Antigüedad con respecto a constelaciones específicas, atendiendo a la posición de la entrada a los mismos, alineación estelar, etc. Es un hecho común a muchas religiones ese tipo de alineaciones, que vemos incluso a la entrada de las ciudades -véase el caso de Puente tablas (Jaén)-. En el caso de Cartagena -o Carthago Noua-, se la comparaba con los estudios realizados en otras ciudades del Oriente antiguo, debido a que la fundación de la ciudad obedece a la cultura púnica, heredera de la fenicia. Así, se llegó a la conclusión que los templos que habrían estado ubicados en alguno de los cerros que rodean la ciudad en su interior, tendrían este tipo de alineaciones: por ejemplo, en el actual Molinete -Arx Hasdrubalis- hay un templo dedicado a Atargatis, cuyo origen es púnico, siendo más tarde reutilizado por los romanos, así como un santuario romano de época republicana.
Como podréis observar tanto por los titulares como por el desarrollo de la noticia, ésta fue usada de una manera u otra dependiendo del medio que la publicase. Inicialmente la información obedece a una entrevista que la Agencia EFE efectuó a dos de los autores del artículo, pero la información ha sido tratada de manera, digamos, diferente: mientras que en la fotografía que os adjunto, sacada del diario “El Confidencial”, se ciñen más a la noticia original, el trato por parte del periódico “La Verdad” -¿verdad? ¿qué es eso? ¿se come?-, parece sacado de un documental del Canal Historia sobre viajeros espaciales.Sin contar con algunos errores históricos garrafales que han sido escritos únicamente para hacer la noticia más importante, la información que dan, en varios casos, es engañosa y no obedece a lo dicho en la entrevista. Además, en el caso de que lo hubiera escrito alguien de la Región de Murcia -dato que desconozco-, es de traca el poner una fotografía del santuario republicano romano con el pie de foto rezando: “Columna del templo de Tanit”. Así, porque yo lo valgo. Porque si no lo sé, me lo invento, y no pasa nada.
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¿Que por qué algunos hacen estas cosas? No idea.
 
¿Se podría hacer mucho mejor para no dar falsas esperanzas de algo que no es? Yes, of course. Solo hay que leer un poquico.
 
¿Qué sacamos de esto?
 
Que nunca nos podemos fiar de la primera impresión al leer una noticia. Debemos esforzarnos un poco en LEER, que no cuesta nada, solo un ratico de nuestro tiempo. Debemos leerlo TODO, hasta llegar a la fuente raíz, para no dejarnos engañar. Obviamente no se escribe la noticia tan mal debido a que la persona lo haga con mala fe. Simplemente es porque no se entera de lo que ha leído u le han dicho.
Así que, niños, la próxima vez, ya sabéis. Leed, leed y leed todos de él.
*Para el artículo científico, pinchad aquí: 
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Noticia de “El Confidencial”

 

 

 

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Noticia de “La Verdad”

Errores trimilenarios: segunda parte.

Ya dediqué hace un tiempo una entrada a la errada Historia sobre mi ciudad de origen, Cartagena, que algunos se empeñan en perpetuar, sin tener en cuenta las decenas, cientos de estudios serios sobre los diferentes temas que abarcan la extensa cronología de la misma. Hacía hincapié sobre todo, en los temas referentes a la Historia Antigua de la ciudad, casi tan bien conocida como la Edad Media o la Moderna pero que, tal vez envuelta por ese halo de misterio que le da el estar más lejana a nosotros, muchos se permiten el lujo de inventar, decir, componer obras erróneas y ningunear los trabajos de los verdaderos especialistas, que los hay, y muy buenos, sobre la arqueología cartagenera.

Estas líneas supongo, se pueden aplicar a cualquier ciudad del orbe romano en la actualidad. En todos sitios cuecen habas, y en cada población, por grande o pequeña que sea hay eruditos a la violeta, sabios poseedores de una verdad absoluta solamente atestiguada por aquella escuela positivista, que veía la Historia desde el dato y no desde el hecho, en plan: en esta plaza paró una vez Escipión el Africano, miccionó justo en esa esquina, donde todavía pueden oler su orina, y luego continuó hacia Roma.

La mayoría de los hechos, lejos de ser comprobados, siempre son afirmados con esmero porque “don Fulano, que era el médico cuando yo era pequeño, lo dijo en un libro”. Y claro, años de investigación seria no pueden hacer nada frente a los libros escritos en el ocaso de la vida por personas sin formación, las cuales, muchas veces sin querer, meten la pata. Pero esa pata es seguida por legiones de fieles. Además, el arqueólogo u el historiador de Universidad siempre quieren arrebatarle al pueblo la Historia soñada.

Y ahora, comenzamos esta segunda parte de esos “errores” trimilenarios.

Hace ya algún tiempo me tocó trabajar en cierto yacimiento musealizado, donde cerca del mismo se encuentran una serie de restaurantes, por el centro. Como el sitio donde normalmente íbamos a por café antes de entrar a trabajar estaba cerrado, me decidí a acudir con un compañero a otro, un poco más cercano pero más caro, donde nos dispensaron un trato bonito, tierno, de esos que dejan huella. Unas miradas tan cálidas como la de un francotirador soviético en Stalingrado y la simpatía propia de un dinosaurio carnívoro que lleva semanas sin comer nos acogieron entre sus paredes. Me disponía a salir con esos cafés tan, tan buenos como un vaso de agua destilada cuando, o pardiez, me topé con una serie de carteles que hablaban de la grandilocuente historia de mi ciudad. Mi primera impresión -antes de leerlos- fue la de “oh, mira, alguien que se preocupa por mostrar al turista algo más”, pero nunca, repito, nunca, me debiera haber parado a leer.

Aparte de las faltas de comprensión textual, las cuales pasaremos por alto porque todos tenemos y, porque quiero que a mis amigos y conocidos filólogos les sangren los ojos desde su punto de vista, me topé con unos clichés que, muchas veces por desgracia aparecen, ya no solo en mi ciudad, sino en todas las del mundo. Como escribí en párrafos anteriores, en todos los sitios pasa lo mismo, pero yo voy a hablar de mi ciudad, que es la que creo conocer -aunque no tan bien como los que se autoproclaman salvadores de la patria cartagenera, obviamente-.

Los carteles están colocados de manera “cronológica” entre ellos, así que empezaremos por el primero, el que hace referencia a la ciudad desde su fundación -y no, no diré el nombre del sitio, que cada cual lo encuentra cuando venga- hasta la llegada de los romanos:

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Como veis, he marcado en negro las cosas raras, que analizamos una por una:

  1. La manía de la persona que ha escrito lo que podemos leer en los carteles, de realizar una mezcla ininteligible de nombre en diferentes idiomas: Cartagena, España, Carthagonova, etc. Hay que tener en cuenta que España como tal no existe en esta época, y que no debemos caer en los recursos que usaba la historiografía hace sesenta años. Es como hablar de Estados Unidos de América en el siglo XI, cosa totalmente inventada.
  2. ¿En qué quedamos? ¿Asdrúbal construyó las murallas o se aprovechó de las murallas? Lo que sabemos hasta ahora es que los púnicos construyeron una muralla, que tras las últimas excavaciones en el monte del Molinete se ha podido atestiguar que se reutilizó hasta el siglo VI d.e.c. con diferentes modificaciones.
  3. ¿Algunos palacios? En fin, para esto os remito a la entrada que realicé el año pasado titulada “Palacios en el aire”, pero sobre todo a los estudios realizados por el equipo del profesor Noguera, de la Universidad de Murcia, en la cima del cerro del Molinete. Lo mejor es que, el acérrimo cantonal que lea esto dirá: claro, como lo han excavado los murcianos, pues no han dejado nada porque no les conviene. Conspiranoia everywhere! (Aparte, el equipo de excavación está formado en casi su totalidad por gente de Cartagena y alrededores).
  4. Aníbal -el púnico, no Lecter ni Smith- era cuñado de Asdrúbal. A lo mejor Aníbal Lecter era su sobrino, y en un arrebato se comió a Amílcar.
  5. “Las atalayas de Aníbal”, o como renombrar a torres defensivas de los siglos XVI y XVII.

 

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En este segundo cartel la cosa se pone más seria. Se nota que el que lo ha hecho ha estado días y días sin dormir para poder escribir una historia, que no la Historia de la ciudad:

  1. Ya en el nombre nos salen ojeras de leer. “Cartago nueva” ¿really?. En todo caso sería “Nueva ciudad nueva”, debido a la evolución del nombre desde el púnico al latín, pero en todo caso, no se traduce, que queda muy feo hombre.
  2. Eso de que se llame así hasta el “último tercio del siglo V”, supongo que será hasta el último tercio que se tomaría el que lo escribió, en el bar de la esquina, porque el nombre de Carthago continuaría hasta la llegada de los musulmanes, de los cuales tenemos noticias en el entorno del teatro romano desde el siglo IX aproximadamente. Es entonces cuando pasará a llamarse Cartayannat l-Halfa.
  3. Lo de los nombres inventados de Skombraria y tal, suena más a casting para nombre de grupo heavy.
  4. Augusto no pudo iniciar ningún proyecto de romanización puesto que la ciudad ya estaba romanizada desde hacía más de un siglo. Lo que hizo Octaviano fue reformar la ciudad dentro del organigrama político y administrativo, para hacer lo mismo que en casi todas las partes del recién creado Principado: una Roma en pequeño. Básicamente, si viéramos a Augusto con los ojos del siglo XXI para nosotros sería un dictador que, tras ganar una guerra civil realiza grandes obras para que su pueblo lo vea como un gran constructor y gobernante. Pero lo mejor es que os leáis el magnífico libro de Paul Zanker Augusto y el poder de las imágenes.
  5. Con respecto a lo de César…¿por dónde empezar? Aparte de que todavía no sabemos si fue él o Pompeyo el que nombra COLONIA a la ciudad, básicamente al “escritor” se le ha olvidado eso, la palabra Colonia, que es el rango al que llega la ciudad en esta época. Y no, no se construye el foro en esta época, ni el teatro. El foro es de origen republicano y reformado en época de Augusuto, y el teatro se construye en época de Augusto, precisamente porque está dedicado a sus nietos: Cayo y Lucio.

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Y llegamos al último cartel, pero no por ello el mejor escrito. De hecho es el más inverosímil, porque claro, como todo el mundo sabe la tardoantigüedad es esa época que ocurre entre la llegada de Conan el bárbaro y Juego de Tronos.

  1. Con el nombre…idem, eadem, idem. Que no se traducen, leñe.
  2. Como todos sabéis, en España gobernaba Felipe VI hasta que llegaron los reinos germanos para establecerse y dejarlo todo pastas arriba con su morbo gótico. Para empezar, en esta época a la península se le sigue llamando Hispania y más tarde Spaniam, precisamente por los godos, que establecerán una monarquía electiva, como ha pasado en la actual Alemania hasta que comenzó a ser una república, debido a que en parte es heredera de esas tradiciones. Pero lo mejor es lo de las “construcciones” como “las termas de la Calle Honda”. Nadie sabe la cronología de las termas, menos el avispado e intuitivo escritor de esas líneas. Las termas fueron excavadas en el año 1984, no encontrándose una cronología segura, aunque se baraja la posibilidad de que fueran construídas en torno a finales del siglo I d.e.c., es decir, unos cuatrocientos años antes de lo que aparece ahí escrito. De hecho, se sabe que en el siglo V toda esa zona de la ciudad está abandonada y será reutilizada en el siglo VI por los bizantinos, en el breve espacio de tiempo que dominaron el Sureste peninsular. Y esto me lleva a…
  3. Lo que hace Leovigildo es una campaña de conquista de la Oróspeda, región que quedaba entre las posesiones bizantinas y las visigodas, en un territorio también entre las actuales Murcia, Alicante y parte de Castilla-La Mancha. De hecho, los investigadores de verdad no se ponen de acuerdo todavía en dónde estaría la frontera entre los visigodos y los bizantinos.
  4. No mentamos nada de los bizantinos aquí ¿para qué? Prefiero inventarme la llegada inexistente de inmigrantes norteafricanos presionados por un reino vándalo que ya no existía porque estaba anexionado a Bizancio. Lo que llega es cerámica procedente del Norte de África, como la Terra Sigillata Africana que podéis ver en el Museo del Teatro Romano de Cartagena, del cual recomiendo encarecidamente la visita.
  5. Y volvemos atrás en el tiempo, como Marty McFly, hasta el siglo V de nuevo, para comprobar que, pese a la construcción de un macellum (mercado) encima de la escena del teatro, “Cartagena es abandonada a su suerte”. Lo que ocurre es algo tan importante como la caída del Imperio Romano de Occidente, que se disgrega en diversos reinos que luego evolucionarán a esa amalgama política de la Edad Media.

De esta manera, podemos observar la sapiencia popular de la Historia de mi ciudad -y eso sin entrar en la creación de la primera, primerísima catedral de ¡España!, cuando ni existía el concepto de iglesia ni de cristianismo-; y el poco caso que se hace a la gente, muchas veces oriunda de la propia ciudad, que dedica su esfuerzo en el estudio de la misma.

*Nota mental: lo siento mucho por la calidad de las fotografías.

Palacios en el aire: Asdrúbal y su “casica” cartagenera.

Hace un par de semanas la noticia del supuesto hallazgo del “Palacio de Asdrúbal” en el cerro del Molinete de Cartagena (Murcia) se convirtió en viral dentro de las páginas que en redes sociales se dedican a la Arqueología, Historia Antigua y a la Historia en general, creando unas expectativas sobre el mismo edificio que ya han calado hondo en una sociedad que está ansiosa por conocer los “misterios de la Humanidad”.

Noticia del periódico ABC que se hace eco de la publicación del libro, con un titular cuanto menos, inquietante.

Noticia del periódico ABC que se hace eco de la publicación del libro, con un titular cuanto menos, inquietante.

Además, la noticia viene avalada porque se produce a raíz de la publicación de un libro titulado El magnífico palacio de Asdrúbal en Cartagena (Cerro del Molinete), editado por la Real Academia de la Historia y a un “módico” precio de 50€.

El problema, como se ha planteado en el primer párrafo estriba lo rápido que se propagan las noticias por internet -hecho que tiene cosas muy buenas pero cosas muy malas también-, y ya han arribado a la ciudad los primeros turistas que han preguntado: “Oye, ¿dónde está el palacio? Yo solo veo piedras”.

Bien. En primer lugar, a todos nos gustaría que Polibio, el autor griego que primero describió la ciudad de Carthago-Nova, llevara razón. Pero debemos empezar diciendo que él no afirma que estuviera ahí el palacio, o que existiera dicho edificio. El escritor daba a entender que una persona le había contado que alguien le había dicho que ahí, en tiempos de los púnicos, Asdrúbal había tenido una casa muy grande, si atendemos a la traducción de Loeb Library, y de palacio suntuoso si atendemos a la traducción de Gredos (Historias, libro X,10.1). De ahí, a suponer que hay un palacio, que es el mayor del Mediterráneo, con un tipo d estructura única en el mundo, va un libro de diferencia. Un libro que he tenido la oportunidad de tener en mis manos, repasar, leer algunos capítulos y llegar a la conclusión de que no es más que una hipótesis sin fundamento científico alguno -no voy a entrar a hablar del autor-.

En segundo lugar, el autor se basa en una serie de percepciones visuales en una prospección que se realizó, según cuenta él mismo, tras dar un paseo y darse cuenta en ese mismo deambular por el cerro, de que allí había algo muy grande. Y el libro se presenta más como un acto de revancha contra otros científicos que como un estudio serio propiamente dicho; de hecho parece más un capítulo de aquella famosa serie de los ochenta, el “Equipo A”, en plan: en 1998, un científico tuvo que desertar del ministerio por una serie de errores que no había cometido. Si algún cantonal lo necesita, ahora trabaja como arqueólogo de fortuna (fundido en negro de la escena acompañado de sonidos de picos chocando contra piedras -como comprenderéis, aquí no valen las balas-).

Entrando en el tema arqueológico, el excepcional trabajo que han realizado desde el equipo del profesor Noguera, ha podido concluir que lo que podemos hoy en día divisar en la cima son los restos de parte de la muralla que los púnicos construyeron en esa zona de la ciudad, y que más tarde fue modificada y vuelta a usar por romanos e incluso, posiblemente, por bizantinos; y en la imagen que podéis ver a continuación, modificada de la original aérea publicada por Noguera, Madrid y Velasco en los Cuadernos de Prehistoria y Arqueología de la Universidad Autónoma de Madrid, veis el lío a la hora de interpretar todas las fases del cerro, desde los púnicos hasta el siglo XVI.

En la imagen (Noguera, Madrid y Velasco, 2012) modificada para la ocasión, veis en color negro uno de los paramentos de la muralla púnica, con una serie de cisternas para el abastecimiento de los soldados, en rojo los restos del templo de Atargatis, deidad de origen púnico -modificado en época romana-; en verde, lo que se conserva de un templo romano republicano (s. II a.C.) y en azul, parte de la muralla de Carlos V (siglo XVI).

En la imagen (Noguera, Madrid y Velasco, 2012) modificada para la ocasión, veis en color negro uno de los paramentos de la muralla púnica, con una serie de cisternas para el abastecimiento de los soldados, en rojo los restos del templo de Atargatis, deidad de origen púnico -modificado en época romana-; en verde, lo que se conserva de un templo romano republicano (s. II a.C.) y en azul, parte de la muralla de Carlos V (siglo XVI).

Bien es cierto que todavía queda una parte del cerro -la ladera Norte- por excavar en profundidad, pero es una zona en la que ya se centraron algunas excavaciones en la parte baja, y en las que no apareció nada.

Así pues, antes de darle tanto bombo a cierto tipo de noticias, vengan de donde vengan y las escriban quienes las escriban, no viene mal el preguntar a las personas que están, como en este caso, excavando la zona.

El cerro del Molinete es el segundo en magnitud e importancia de la ciudad de Cartagena. En él se han hallado restos desde época púnica al siglo XVIII puesto que, excepto entre los siglos VII-XV, ha estado siempre habitado, convirtiéndose en un barrio popular desde el siglo XVII hasta la segunda mitad del siglo XX, cuando fueron expropiadas gran parte de las viviendas precisamente para realizar excavaciones arqueológicas. Unas excavaciones que casi nunca han parado y que en la actualidad continúan con el proyecto de REPSOL, para unir el ya musealizado “Barrio del Foro” -en él podemos apreciar tres edificios de época romana: unas termas, una plaza para acceder a las mismas y un edificio para realizar banquetes religiosos en honor a Isis y Serapis-, con otros restos ya excavados y que pertenecen al foro mismo: el inicio de la plaza, la subida a la terraza en la que estaría el templo capitolino de la ciudad y la curia o ayuntamiento. Con la importancia que la ciudad tuvo en época romana y con su dilatada historia, no hace falta inventarse historias paralelas que solo sirven para contentar a los amigos de lo imaginario y para alimentar el ego de algunos que se piensan que en su ciudad ha pasado todo. Hay que aprender a salir y ver que en todos sitios ha pasado de todo, que no somos la única ciudad que ha habido en el mundo. Que “no estamos solos en el Universo”.

En la imagen, decumano superior que servía para salvar la altura entre terrazas a la hora de subir al cerro en época romana. Se encuentra ya musealizado e incluso se puede caminar por él.

En la imagen, decumano superior que servía para salvar la altura entre terrazas a la hora de subir al cerro en época romana. Se encuentra ya musealizado e incluso se puede caminar por él.

¿Quienes son esos campesinos? La conquista de Kart-Hadast

Imaginémonos por un momento que somos un habitante de la ciudad de Roma a finales del año 212 a.C. (541 a.u.c.). Es de día pero unas nubes sangrientas cubren el cielo azul debido a las desastrosas noticias que llegan desde Iberia: los hermanos Cornelio Escipión han muerto en batalla contra los púnicos cerca de la zona de Ilorci -hay muchas teorías sobre dónde se desarolló la batalla, entre Castulo y Lorca, teóricamente-. La desgracia se cierne sobre la gens Cornelia y sobre toda Roma al conocer la noticia, lo que provoca que el desaliento se apodere de la ciudadanía y muchos miren al cielo pidiendo una explicación a Júpiter. Todas las esperanzas que habían depositado en una victoria contra los ejércitos de los familiares de Aníbal habían caído en saco roto…

¿Todas?

Un muchacho de apenas poco más de veinte años, Publio Cornelio Escipión, sobrino e hijo de los cónsules asesinados, es nombrado Proconsul y puesto al mando de las tropas que, una vez más serán enviadas a Iberia para luchar contra el púnico. Muchos critican la decisión del Senado por pensar que el joven es demasiado inexperto, aunque había estado, que no luchado, en la batalla de Cannae, unos años antes, acompañando a su padre, al cual, según Polibio, había salvado la vida.

Así que, nosotros, ciudadanos de Roma, últimos refuerzos que quedan apenas en la ciudad, sin experiencia de ningún tipo en armas y que estamos más preocupados de que nuestro huerto no sea quemado por celtas o púnicos de los que andan todavía con Aníbal, somos elegidos para formar las cuatro legiones que se enfrentarán a la máquina de guerra, 45000 hombres totalmente preparados que tienen en Iberia su centro de operaciones. No olvidemos que las campañas de Aníbal fueron más un empeño personal o familiar, que una empresa propia del Senado cartaginés.

Se nos envía casi con lo puesto -el senado no nos proporciona nada- o con lo que nos queda de nuestros padres o abuelos a luchar a una tierra extraña, por mar, a la desesperada, un par de años más tarde de la caída en batalla de ambos cónsules. El viaje es lento, muchos nunca han montado en barco y están casi todo el día vomitando por la borda. Las armas que hemos recogido de familiares o incluso rapiñado de las necrópolis están un poco oxidadas…Pero allá vamos, dispuestos a ganar sea como sea, a invertir la situación de la guerra.

Desarrollo del conflicto: la conquista de Krt-Hdst

En una entrada anterior ya explicamos cómo iban pertrechados los efectivos que combatieron en batallas o conquistas de ciudades como esta, así que no nos extenderemos en este asunto, sino más bien en cómo planteó Escipión la llegada a la ciudad, la sorpresa y el movimiento rápido de tropas y el cómo se conquistó Kart-Hadast en tres días.

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En la imagen, algunos de los miembros del Grupo de Recreación Histórica y Arqueología Experimental “Legio I”: en primer plano un Veles, primera línea de ataque, son los más jóvenes e inexpertos, además de los más pobres dentro del ejército; a la derecha el Vexilifer de la Legio, encargado de llevar el estantarde y, finalmente, unos hastati o principes que formarían la segunda y tercera línea de ataque. Faltaría la línea de los triarii, más experimentados en batalla y cuya forma de vestir recuerda todavía un poco a la influencia griega dentro del ejército romano de los primeros años de la República. (Fot.: Legio Prima)

En la imagen de arriba podemos comprobar cómo irían vestidos la mayoría de los soldados de las legiones romanas entre la I Guerra Púnica y la batalla de Pidna (Grecia) aproximadamente. En concreto podría pertenecer a la línea de los hastati o de los principes, que iban vestidos casi de la misma manera y además podemos ver a un veles y al vexilifer de la Legio. Esta gente, junto con sus compañeros, anduvieron durante más de diez días (Polibio dice que fueron siete, pero es prácticamente imposible) hasta llegar a la ciudad con las murallas más altas que habían visto en su vida. Apostados en los cerros que la bordeaban, esperaron pacientemente a que su Proconsul Publio diera la orden para el primer ataque, frontal, contra la puerta principal, situada en el único punto en el que esta se unía con tierra firme mediante un istmo. Les han dicho que no se preocupen, que la ciudad caerá tarde o temprano porque son muy pocos y la población está contra los púnicos, pero nuestros amigos no se fían. Saben que los púnicos matan niños y los ofrecen a sus dioses como ofrenda. Hay miedo entre los soldados, pero puede más el sentimiento de venganza.

Sin duda, la mejor manera de acercarnos a la conquista de la ciudad de Kart-Hadast a través de la literatura, la encontramos en los textos de Polibio (libro X, 9 y ss.) y de Tito Livio (libro XXVI, 42 y ss.), siendo un poco más novelesco el segundo, debido al aura mítico en el que envuelve las campañas de generales como los escipiones; pero siempre tenemos que acercarnos con prudencia a las fuentes escritas. No olvidemos que algunos de los pasajes se alteran a propósito para que el lector sienta mayor atracción y simpatía por el personaje en cuestión,y esta vez estamos hablando del salvador de Roma en el II Guerra Púnica, el que le dio la vuelta a la situación con el golpe de mano que supuso presentarse en Iberia y empezar a conquistar y dominar territorios hasta ahora en poder púnico.

Sobre la conquista de Kart-Hadast tenemos una narración básica mostrada por estos dos autores antes mencionados, que varía en algunas cosas pero que se parece en tanto en cuanto seguro que Livio leyó a Polibio y a raíz de ahí comenzó a escribir sobre el tema. Sabemos que el ejército se movió con una rapidez que solo han podido emular personajes de la talla de César o, más recientemente Napoleón. Que por los restos arqueológicos y la aplicación de la arqueología espacial podemos determinar que se rodeó la ciudad de tal manera que se controlaron todas las vías de comunicación, en un tiempo record, además de bloquear el puerto; pero algunos interrogantes nos quedan en su explicación. Walbank en su gran obra de 1967 Comentarios a la obra de Polibio, en su tomo segundo dedica una parte a esta batalla que pudo ser crucial para el principio del fin del dominio púnico en Iberia y el comienzo de la romanización, interpretando algunos pasajes de una manera que ha sido aceptada hasta fechas próximas, como cuando sitúa el campamento de Escipión en la colina llamada Mons Mercurii -actualmente Cabezo de los Moros-, donde en la actualidad, cuando llegamos a Cartagena por la autovía podemos divisar un castillo construido a fines del siglo XIX. Pero un estudio detallado del Libro X de Polibio nos da para otra sugerencia de la situación del castrum , a saber, realizando como hemos comentado anteriormente un rodeo de toda la ciudad, apostando vigilancia en los puntos más altos que rodean a la misma y construyendo el campamento cerca de la Vía Heraklea en un falso llano que va capuzando hasta llegar a la laguna interior. Hay que tener en cuenta que según las mismas fuentes, iban con Escipión alrededor de 20000 hombres, los cuales, según la historiografía tradicional deberían haber estado dispuestos en un área de menos de 1 hectárea (en el mapa, color morado). Pero si leemos los escritos de Alan Richardson sobre fortificaciones romanas y sus medidas, para este ejército necesitaríamos unas dimensiones de aproximadamente  70 hectáreas (en el mapa, color azul). Basándonos en yacimientos cercanos -La Mota tiene restos desde el siglo IV a.C. al II a.C. y fue interpretado como un punto de control del territorio, por ejemplo-, llegamos a la conclusión de que no hubo un solo campamento, sino varios alrededor de Kart-Hadast, como exponemos en el mapa siguiente:

carthago noua copiaCentrándonos en el ataque, sabemos que hubo el primer día del sitio uno frontal, en el cual nos narra Polibio que sucedió que las escalas no eran lo suficientemente altas como para llegar arriba de la muralla, y fue repelido. Es entonces cuando parece que a Escipión se le ilumina una gran idea en la cabeza: bordear la laguna interna con unos cuantos hombres y escalar por la zona del actual monte Molinete –Arx Hasdrubalis-. Posiblemente llevaría consigo a velites o a hastati porque eran las unidades que menos carga llevan y pueden escalar con más facilidad, aunque esto es solo una licencia nuestra, no demostrable. Sabemos que para despistar al enemigo se hicieron varios ataques al mismo tiempo: uno marítimo, otro a la puerta principal y uno más desde la zona del yacimiento de La Mota, aproximadamente, con lo que la defensa de la ciudad se volvió casi inútil, momento que es aprovechado por esta avanzadilla para escalar la muralla por una zona no defendida y saltar al interior. En la actualidad, gracias a las últimas excavaciones llevadas a cabo en el Molinete se ha descubierto ese posible tramo de muralla, y junto con yacimientos de casas púnicas arrasadas por las tropas de Escipión podemos intentar hacer un itinerario de sus tropas por el interior de la ciudad:

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Conquista de Kart-Hadast atendiendo al Libro X de Polibio: 1. Badear la laguna y llegar al Arx Hasdrubalis; 2. Tras conquistar el muro, buscar la forma de llegar a la puerta principal, dejando un reguero de casas quemadas; y 3. Abrir la puerta para que pueda pasar el resto de las tropas.

En el mapa que hemos colocado arriba mostramos en color rojizo el Arx Hasdrubalis, en color amarillo los restos de excavaciones arqueológicas -Calle Serreta, Calle San Cristobal la Larga y Plaza de la Merced- donde se han hallado casas púnicas afectadas por el ataque y en color verdoso la situación del otro tramo visitable de muralla púnica.

Así pues, tras tres intensos y duros días, la ciudad, joya militar de los púnicos en Iberia había caído en manos romanas. En la ciudad, tanto el Senado como los mismos romanos podían respirar tranquilos porque aquel muchacho junto con sus campesinos había sido capaz de devolver las esperanzas a todo un pueblo. Tras esta, otras muchas derrotas llegaron al bando cartaginés, desde un intento por parte de los ejércitos púnicos de Iberia de reconquistar la ciudad que se quedó en solo un intento, hasta la derrota final en Gadir.

Podemos decir que, la desde ahora llamada Noua Karthago supuso un antes y un después en el conflicto secular que envolvió a estas dos ciudades convertidas en potencias, dio un vuelvo a las pocas aspiraciones que le quedaban a un Aníbal cada vez más solitario en la Península Itálica y un soplo de aire fresco en los pulmones del senado romano.

Mucho se ha escrito de Escipión, más tarde llamado el Africano tras su gran victoria en Zama, incluso podemos encontrar rebuscando en los textos, litigios con ese mismo Senado que una vez lo había aclamado -a él no, pero a su hermano sí lo encontraron culpable de quedarse con parte del tesoro traído de la zona de Grecia, lo que viene a ser evasión de impuestos-, lo que hizo que se volviera un desconfiado y fuera a vivir a su villa de la Campania donde murió rodeado de los suyos, casi desterrado de la capital, como le ocurriría a Aníbal, que acabó en la zona de Siria, expulsado de Carthago, ciudad a la que, debido a las ambiciones de su familia habían hecho caer en desgracia. Casualmente, sus vidas fueron bastante paralelas en ese sentido y su final, solitario, recordando ulteriores triunfos en la oscuridad de una sala, con unas pocas lucernas encendidas para agradar a los suyos.