Hoy en “FAKES HISTÓRICOS”: El milenarismo va a llegar a Cartagena!

Hace aproximadamente una semana aparecía en prensa nacional la noticia sobre unos estudios llevados a cabo en 2013 y publicados a nivel científico hace un par de años -os dejo el enlace al artículo abajo-, en los que se hablaba de la disposición de los templos en la Antigüedad con respecto a constelaciones específicas, atendiendo a la posición de la entrada a los mismos, alineación estelar, etc. Es un hecho común a muchas religiones ese tipo de alineaciones, que vemos incluso a la entrada de las ciudades -véase el caso de Puente tablas (Jaén)-. En el caso de Cartagena -o Carthago Noua-, se la comparaba con los estudios realizados en otras ciudades del Oriente antiguo, debido a que la fundación de la ciudad obedece a la cultura púnica, heredera de la fenicia. Así, se llegó a la conclusión que los templos que habrían estado ubicados en alguno de los cerros que rodean la ciudad en su interior, tendrían este tipo de alineaciones: por ejemplo, en el actual Molinete -Arx Hasdrubalis- hay un templo dedicado a Atargatis, cuyo origen es púnico, siendo más tarde reutilizado por los romanos, así como un santuario romano de época republicana.
Como podréis observar tanto por los titulares como por el desarrollo de la noticia, ésta fue usada de una manera u otra dependiendo del medio que la publicase. Inicialmente la información obedece a una entrevista que la Agencia EFE efectuó a dos de los autores del artículo, pero la información ha sido tratada de manera, digamos, diferente: mientras que en la fotografía que os adjunto, sacada del diario “El Confidencial”, se ciñen más a la noticia original, el trato por parte del periódico “La Verdad” -¿verdad? ¿qué es eso? ¿se come?-, parece sacado de un documental del Canal Historia sobre viajeros espaciales.Sin contar con algunos errores históricos garrafales que han sido escritos únicamente para hacer la noticia más importante, la información que dan, en varios casos, es engañosa y no obedece a lo dicho en la entrevista. Además, en el caso de que lo hubiera escrito alguien de la Región de Murcia -dato que desconozco-, es de traca el poner una fotografía del santuario republicano romano con el pie de foto rezando: “Columna del templo de Tanit”. Así, porque yo lo valgo. Porque si no lo sé, me lo invento, y no pasa nada.
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¿Que por qué algunos hacen estas cosas? No idea.
 
¿Se podría hacer mucho mejor para no dar falsas esperanzas de algo que no es? Yes, of course. Solo hay que leer un poquico.
 
¿Qué sacamos de esto?
 
Que nunca nos podemos fiar de la primera impresión al leer una noticia. Debemos esforzarnos un poco en LEER, que no cuesta nada, solo un ratico de nuestro tiempo. Debemos leerlo TODO, hasta llegar a la fuente raíz, para no dejarnos engañar. Obviamente no se escribe la noticia tan mal debido a que la persona lo haga con mala fe. Simplemente es porque no se entera de lo que ha leído u le han dicho.
Así que, niños, la próxima vez, ya sabéis. Leed, leed y leed todos de él.
*Para el artículo científico, pinchad aquí: 
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Noticia de “El Confidencial”

 

 

 

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Noticia de “La Verdad”

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Errores trimilenarios: segunda parte.

Ya dediqué hace un tiempo una entrada a la errada Historia sobre mi ciudad de origen, Cartagena, que algunos se empeñan en perpetuar, sin tener en cuenta las decenas, cientos de estudios serios sobre los diferentes temas que abarcan la extensa cronología de la misma. Hacía hincapié sobre todo, en los temas referentes a la Historia Antigua de la ciudad, casi tan bien conocida como la Edad Media o la Moderna pero que, tal vez envuelta por ese halo de misterio que le da el estar más lejana a nosotros, muchos se permiten el lujo de inventar, decir, componer obras erróneas y ningunear los trabajos de los verdaderos especialistas, que los hay, y muy buenos, sobre la arqueología cartagenera.

Estas líneas supongo, se pueden aplicar a cualquier ciudad del orbe romano en la actualidad. En todos sitios cuecen habas, y en cada población, por grande o pequeña que sea hay eruditos a la violeta, sabios poseedores de una verdad absoluta solamente atestiguada por aquella escuela positivista, que veía la Historia desde el dato y no desde el hecho, en plan: en esta plaza paró una vez Escipión el Africano, miccionó justo en esa esquina, donde todavía pueden oler su orina, y luego continuó hacia Roma.

La mayoría de los hechos, lejos de ser comprobados, siempre son afirmados con esmero porque “don Fulano, que era el médico cuando yo era pequeño, lo dijo en un libro”. Y claro, años de investigación seria no pueden hacer nada frente a los libros escritos en el ocaso de la vida por personas sin formación, las cuales, muchas veces sin querer, meten la pata. Pero esa pata es seguida por legiones de fieles. Además, el arqueólogo u el historiador de Universidad siempre quieren arrebatarle al pueblo la Historia soñada.

Y ahora, comenzamos esta segunda parte de esos “errores” trimilenarios.

Hace ya algún tiempo me tocó trabajar en cierto yacimiento musealizado, donde cerca del mismo se encuentran una serie de restaurantes, por el centro. Como el sitio donde normalmente íbamos a por café antes de entrar a trabajar estaba cerrado, me decidí a acudir con un compañero a otro, un poco más cercano pero más caro, donde nos dispensaron un trato bonito, tierno, de esos que dejan huella. Unas miradas tan cálidas como la de un francotirador soviético en Stalingrado y la simpatía propia de un dinosaurio carnívoro que lleva semanas sin comer nos acogieron entre sus paredes. Me disponía a salir con esos cafés tan, tan buenos como un vaso de agua destilada cuando, o pardiez, me topé con una serie de carteles que hablaban de la grandilocuente historia de mi ciudad. Mi primera impresión -antes de leerlos- fue la de “oh, mira, alguien que se preocupa por mostrar al turista algo más”, pero nunca, repito, nunca, me debiera haber parado a leer.

Aparte de las faltas de comprensión textual, las cuales pasaremos por alto porque todos tenemos y, porque quiero que a mis amigos y conocidos filólogos les sangren los ojos desde su punto de vista, me topé con unos clichés que, muchas veces por desgracia aparecen, ya no solo en mi ciudad, sino en todas las del mundo. Como escribí en párrafos anteriores, en todos los sitios pasa lo mismo, pero yo voy a hablar de mi ciudad, que es la que creo conocer -aunque no tan bien como los que se autoproclaman salvadores de la patria cartagenera, obviamente-.

Los carteles están colocados de manera “cronológica” entre ellos, así que empezaremos por el primero, el que hace referencia a la ciudad desde su fundación -y no, no diré el nombre del sitio, que cada cual lo encuentra cuando venga- hasta la llegada de los romanos:

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Como veis, he marcado en negro las cosas raras, que analizamos una por una:

  1. La manía de la persona que ha escrito lo que podemos leer en los carteles, de realizar una mezcla ininteligible de nombre en diferentes idiomas: Cartagena, España, Carthagonova, etc. Hay que tener en cuenta que España como tal no existe en esta época, y que no debemos caer en los recursos que usaba la historiografía hace sesenta años. Es como hablar de Estados Unidos de América en el siglo XI, cosa totalmente inventada.
  2. ¿En qué quedamos? ¿Asdrúbal construyó las murallas o se aprovechó de las murallas? Lo que sabemos hasta ahora es que los púnicos construyeron una muralla, que tras las últimas excavaciones en el monte del Molinete se ha podido atestiguar que se reutilizó hasta el siglo VI d.e.c. con diferentes modificaciones.
  3. ¿Algunos palacios? En fin, para esto os remito a la entrada que realicé el año pasado titulada “Palacios en el aire”, pero sobre todo a los estudios realizados por el equipo del profesor Noguera, de la Universidad de Murcia, en la cima del cerro del Molinete. Lo mejor es que, el acérrimo cantonal que lea esto dirá: claro, como lo han excavado los murcianos, pues no han dejado nada porque no les conviene. Conspiranoia everywhere! (Aparte, el equipo de excavación está formado en casi su totalidad por gente de Cartagena y alrededores).
  4. Aníbal -el púnico, no Lecter ni Smith- era cuñado de Asdrúbal. A lo mejor Aníbal Lecter era su sobrino, y en un arrebato se comió a Amílcar.
  5. “Las atalayas de Aníbal”, o como renombrar a torres defensivas de los siglos XVI y XVII.

 

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En este segundo cartel la cosa se pone más seria. Se nota que el que lo ha hecho ha estado días y días sin dormir para poder escribir una historia, que no la Historia de la ciudad:

  1. Ya en el nombre nos salen ojeras de leer. “Cartago nueva” ¿really?. En todo caso sería “Nueva ciudad nueva”, debido a la evolución del nombre desde el púnico al latín, pero en todo caso, no se traduce, que queda muy feo hombre.
  2. Eso de que se llame así hasta el “último tercio del siglo V”, supongo que será hasta el último tercio que se tomaría el que lo escribió, en el bar de la esquina, porque el nombre de Carthago continuaría hasta la llegada de los musulmanes, de los cuales tenemos noticias en el entorno del teatro romano desde el siglo IX aproximadamente. Es entonces cuando pasará a llamarse Cartayannat l-Halfa.
  3. Lo de los nombres inventados de Skombraria y tal, suena más a casting para nombre de grupo heavy.
  4. Augusto no pudo iniciar ningún proyecto de romanización puesto que la ciudad ya estaba romanizada desde hacía más de un siglo. Lo que hizo Octaviano fue reformar la ciudad dentro del organigrama político y administrativo, para hacer lo mismo que en casi todas las partes del recién creado Principado: una Roma en pequeño. Básicamente, si viéramos a Augusto con los ojos del siglo XXI para nosotros sería un dictador que, tras ganar una guerra civil realiza grandes obras para que su pueblo lo vea como un gran constructor y gobernante. Pero lo mejor es que os leáis el magnífico libro de Paul Zanker Augusto y el poder de las imágenes.
  5. Con respecto a lo de César…¿por dónde empezar? Aparte de que todavía no sabemos si fue él o Pompeyo el que nombra COLONIA a la ciudad, básicamente al “escritor” se le ha olvidado eso, la palabra Colonia, que es el rango al que llega la ciudad en esta época. Y no, no se construye el foro en esta época, ni el teatro. El foro es de origen republicano y reformado en época de Augusuto, y el teatro se construye en época de Augusto, precisamente porque está dedicado a sus nietos: Cayo y Lucio.

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Y llegamos al último cartel, pero no por ello el mejor escrito. De hecho es el más inverosímil, porque claro, como todo el mundo sabe la tardoantigüedad es esa época que ocurre entre la llegada de Conan el bárbaro y Juego de Tronos.

  1. Con el nombre…idem, eadem, idem. Que no se traducen, leñe.
  2. Como todos sabéis, en España gobernaba Felipe VI hasta que llegaron los reinos germanos para establecerse y dejarlo todo pastas arriba con su morbo gótico. Para empezar, en esta época a la península se le sigue llamando Hispania y más tarde Spaniam, precisamente por los godos, que establecerán una monarquía electiva, como ha pasado en la actual Alemania hasta que comenzó a ser una república, debido a que en parte es heredera de esas tradiciones. Pero lo mejor es lo de las “construcciones” como “las termas de la Calle Honda”. Nadie sabe la cronología de las termas, menos el avispado e intuitivo escritor de esas líneas. Las termas fueron excavadas en el año 1984, no encontrándose una cronología segura, aunque se baraja la posibilidad de que fueran construídas en torno a finales del siglo I d.e.c., es decir, unos cuatrocientos años antes de lo que aparece ahí escrito. De hecho, se sabe que en el siglo V toda esa zona de la ciudad está abandonada y será reutilizada en el siglo VI por los bizantinos, en el breve espacio de tiempo que dominaron el Sureste peninsular. Y esto me lleva a…
  3. Lo que hace Leovigildo es una campaña de conquista de la Oróspeda, región que quedaba entre las posesiones bizantinas y las visigodas, en un territorio también entre las actuales Murcia, Alicante y parte de Castilla-La Mancha. De hecho, los investigadores de verdad no se ponen de acuerdo todavía en dónde estaría la frontera entre los visigodos y los bizantinos.
  4. No mentamos nada de los bizantinos aquí ¿para qué? Prefiero inventarme la llegada inexistente de inmigrantes norteafricanos presionados por un reino vándalo que ya no existía porque estaba anexionado a Bizancio. Lo que llega es cerámica procedente del Norte de África, como la Terra Sigillata Africana que podéis ver en el Museo del Teatro Romano de Cartagena, del cual recomiendo encarecidamente la visita.
  5. Y volvemos atrás en el tiempo, como Marty McFly, hasta el siglo V de nuevo, para comprobar que, pese a la construcción de un macellum (mercado) encima de la escena del teatro, “Cartagena es abandonada a su suerte”. Lo que ocurre es algo tan importante como la caída del Imperio Romano de Occidente, que se disgrega en diversos reinos que luego evolucionarán a esa amalgama política de la Edad Media.

De esta manera, podemos observar la sapiencia popular de la Historia de mi ciudad -y eso sin entrar en la creación de la primera, primerísima catedral de ¡España!, cuando ni existía el concepto de iglesia ni de cristianismo-; y el poco caso que se hace a la gente, muchas veces oriunda de la propia ciudad, que dedica su esfuerzo en el estudio de la misma.

*Nota mental: lo siento mucho por la calidad de las fotografías.

Cita

Galba, de ahorrador a emperador.

“¿Qué artista muere conmigo?”- Según Casio Dión, escritor romano del siglo III d.e.c.., así se despidió Nerón de este mundo un día de Junio del año 68 justo antes de ser apuñalado por su secretario Epafrodito, mientras huía por la Via Salaria, y tras haber sido nombrado enemigo público por un Senado que ya se había cansado del último de los Julio Claudios, refrendando a Galba, gobernador de Hispania, como Princeps…

Con la muerte de Nerón acababan los sucesores de Augusto, fundador de la dinastía, y cuya figura sobrevolaba a cada uno de sus sucesores. Unos sucesores que nunca habían estado a la altura de Octaviano, auténtico ideólogo junto con su tío César de este sistema de gobierno. Comenzaba así un año de luchas constantes entre los diferentes pretendientes al trono vacío. Y comienzo, obviamente, por el primero de ellos.

Servio Sulpicio Galba, primer emperador que no perteneció a los descendientes de Augusto, había nacido en el seno de una familia conocida dentro de la política romana del siglo I d.e.c., ya que su abuelo ya había sido Cónsul y uno de los creadores de la “ensalada César”, es decir, había participado en el complot contra el Divino Julio en 44 a.e.c.

La ajetreada vida del padre de Galba, casado varias veces y con un hijo derrochador que se perdió para siempre de la Historia en las calles de una Roma llena de trampas morales, tal vez fuera el detonante de ese gusto por la austeridad que Suetonio recalca varias veces en la figura del princeps. Sin duda un gusto que personas como la guardia pretoriana no compartían y que tiene que ver con la duración del reinado del primero de los llamados Cuatro Emperadores.

Hasta su consagración como Princeps poco sabemos del viejo y avaro Galba, si acaso lo que tanto Suetonio como Tácito u Dión Casio nos muestran en sus obras: gran político que asciende rápido en la esfera de personajes que rodea a los emperadores, que será enviado como gobernador de la Tarraconense en torno al año 60 d.e.c., y que apoyado por Otón -su sucesor- y Vindex -gobernador de la Galia- se proclamó emperador en Hispania en Junio del 68 d.e.c., provocando la caída y huída de Nerón, el cual acabó como ya habéis podido leer en el primer párrafo. Sobre su advenimiento como nuevo emperador, Suetonio nos va advirtiendo en todo el pasaje que le dedica en su obra, acabando con la frase:

que algún día saldría de Hispania el dueño y príncipe del mundo (Suet. Galba, 9)

en referencia al oráculo que un sacerdote de Clunia había pronosticado -sacerdote que viene muy bien en las apuestas deportivas de la actualidad-.

Así pues, tenemos a un señor mayor, al que nos tenemos que imaginar en algún punto perdido de la Tarraconense diciendo aquello de:-en mi época se gobernaba mejor. En aquellos tiempos las cosas no se hacían así-; y que decide lanzarse a la aventura y proclamarse emperador. Lo que no está tan claro es dónde, puesto que algunos autores dicen que fue en Clunia, y que por eso se llamó “Colonia Clunia Sulpicia”, pero si leemos a Suetonio, ese tema no queda tan claro:

Mientras celebraba una audiencia en Carthago-Noua se enteró de la sublevación de las Galias (…)

Así pues, tras subir a su tribunal como si se dispusiera a realizar una manumisión de esclavos, colocando ante sí el mayor número posible de retratos de personas condenadas y asesinadas por Nerón (…) deploró la situación del momento y, al ver que era aclamado emperador por todos, se declaró legado del Senado (Suet. Galba, 9-10)

Esto nos viene a decir que fue en Carthago-Noua, actual Cartagena, donde se pudo haber proclamado emperador y no en Clunia. Vamos, que como es mi ciudad, y sale nombrada, he de barrer para casa, pero es un tema abierto a interpretación. Además, sobre el tipo de poder que ostenta debemos leer también la interpretación de Plutarco (Galba, 5, 1) el cual nos avisa de que rechaza el título de Emperador y que deposita el poder en manos del Senado. Esto se puede interpretar como una jugada para ser recibido y consagrado en Roma, como se puede ver más adelante, ya que será el Senado el que nombre a Nerón enemigo del estado y ratifique a Galba en el puesto. Y con ese aval senatorial se nos presenta en Roma triunfante, mientras por el camino va dejando destellos de sus artes para la política, haciendo lo que cualquier político: prometer pagamentas a pretorianos y legionarios. Unos pagos que no se hicieron efectivos pues, cuando llegó a Roma, habló de la herencia recibida, de lo mal que estaban las arcas y que el de antes había sido un derrochador que había dejado al Imperio en números rojos, pero que él iba a hacer una nueva política, que quería volver a dar valor a las instituciones, etc. ¿Os suena? No hemos cambiado en dos mil años, ¿eh?.

Obviamente, en época romana la gente solía ser más directa que en la nuestra, o menos políticamente correcta, con lo que un día paseando por el foro, confiado de que esas oídas sobre Otón eran falsas, y que incluso un soldado lo había matado (Suet. Galba, 19-20), fue cazado cual presa y acuchillado hasta la muerte por un grupo de soldados. Tal era la animadversión que, según Suetonio y Plutarco había creado en la población, que casi nadie acudió en su ayuda y finalmente, su cuerpo fue abandonado a orillas del lago Curcio.

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   En la imagen, busto de Galba conservado en el Museo de Historia de Estocolmo.

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Aquí, en una faceta poco conocida, como actor de Hollywood en la película “Unferworld”, haciendo de Víctor.

El ejército de Escipión el Africano. ¿Un ejército “profesional”?

Tal vez una de las motivaciones por las que empecé hace poco a dedicarme a la recreación histórica de la Segunda Guerra Púnica fue por aquel trabajo que tuve la inmensa suerte de hacer y presentar en 2010 bajo el título Arqueología militar de época romana republicana en Carthago-Nova y su entorno, como tesis de Máster en la Universidad de Murcia. Trabajo que me descubrió un mundo nuevo, el del ejército romano republicano. Siempre que pensamos en las legiones de Roma nos vienen a la mente tipos rudos, generales que buscan venganza y hombres totalmente uniformados bajo un signum a modo de águila. Pero el ejército republicano, por lo menos hasta el año 100 a.C. y las reformas de Mario, es otra cosa muy distinta.

Personas de todas las capas de la sociedad romana, siempre dependiendo de su status y de su dinero, eran llamadas cada vez que había un conflicto para elegir de entre sus miembros a los que ocuparían las cuatro líneas de esta legión totalmente diferente a las que solemos ver en cine, tv, novelas. Hay que pensar por un momento que eres un campesino que está tranquilamente cultivando tus tierras cerca de la ciudad de Roma y, de repente llega un emisario del Senado que ordena que todos los hombres desde lo 16 años tienen que presentarse en el Campo de Marte para la selección, por edades y por dinero, del nuevo ejército compuesto, siempre en esta época salvo en contadas ocasiones -durante la IIGP hubo en movimiento hasta 28 legiones- por cuatro legiones al mando de dos personas designadas como cónsules por el órgano de gobierno.

Sudor frío, una sensación de no saber si vas a volver, revisar el arcón de tu padre para coger esa espada desengrasada y revolver entre las habitaciones para encontrar las caligae -botas militares con clavos-.

De ese tipo de gente, ciudadanos romanos desde el más pobre al más rico, estaba compuesto el ejército que acompañó a Escipión -más tarde llamado Africanus– a Iberia, o Hispania, como comenzaría a llamarse tras la llegada romana a la península. Para echar más leña al fuego, al llegar a Tarraco el panorama es desolador: los restos del ejército que había acompañado en el año 212 a.C. a los cónsules enviados a Iberia -casualmente el padre y el tío de Escipión- y que habían sido asesinados en la batalla de Ilorqui, aguardan asustadizos la llegada de tropas de refuerzo mientras que el púnico campa a sus anchas realizando razzias, ataques contra los pueblos iberos que no se unen a su causa, y Aníbal continúa en Italia.

¿De qué tipo de soldados está compuesto este ejército?

Ya hemos hablado de las dificultades a la hora de hacer una legión, hábilmente descritas por Polibio en el libro IV de sus Historias. Siguiendo al mismo historiador y para que veáis lo diferente que puede llegar a ser la realidad, aquí os describo grosso modo qué tipo de soldados vamos a encontrar:

1. Velites: Son la llamada “infantería ligera”. Los muchachos más jóvenes y gente con menos poder adquisitivo forman esta línea, armada únicamente con un escudo redondo y las llamadas hastae uelitari, hasta 6 jabalinas cortas con punta de madera o metálica. Las usaban para tirarlas al enemigo y desoncertar al mismo, mientras se movían con rapidez, pero muchos de ellos morían al ser los primeros que entraban en batalla.

2 y 3 Hastati y Principes: Son personas más mayores y que van armados, esta vez sí, con espada (gladius hispaniensis, campovalano,… ). La mayoría de ellos, para proteger los órganos centrales como el corazón, llevaban una plaquita de bronce llamada cardiophilax. Otro elemento que les caracteriza es el scutum un escudo que sirve para tapar casi todo el cuerpo a la hora de adoptar la posición de ataque. Estos ya se pueden permitir el llevar casco, que varía entre el archiconocido Montefortino al menos conocido Apulo-Corintio o el Ático modificado. Y su arma más característica es el pilum, pero de forma bastante diferente a los que podríamos tener en mente de época imperial. Este vale para engancharse al escudo del contrario al ser lanzado, con lo que queda inutilizado y el rival es un blanco fácil (tranquilos, que abajo hay fotos)

4. Triarii: Era la última línea, formada por personas más expertas y que además podían costearse el tener cota de malla, llamada lorica hamata, y una lanza parecida a las que llevaban los hoplitas griegos. Por lo demás, vestían igual que la línea precedente.

Cota de malla de origen celta, cascos griegos, escudos celtas. El ejército romano de esta época está muy influenciado por estas culturas y eso se refleja en su indumentaria. Debemos tener en cuenta que hasta hacía pocos decenios se luchaba al modo hoplítico y vestían como los fieros guerreros griegos que habían participado en la batalla de Maratón, por ejemplo. No es de extrañar que algunos centuriones llevaran incluso un hoplón, escudo circular que da nombre al magnífico ejército griego. Y para más peculiaridad, la persona encargada de llevar a estos valerosos muchachos a la batalla no era otra que Publio Cornelio Escipión, un muchacho de poco más de veinte años, casi sin experiencia militar -si obviamos la participación con su padre en Cannae y todos sabemos como acabó- y que es nombrado Procónsul (no fue Cónsul). Y aún así, conquistaron Krt-Hdst, echaron a los púnicos de Iberia, ganaron la Segunda Guerra Púnica y comenzó la Romanización de Hispania. Cosas, hechos con los que nos sorprende la vida.

Y si os pensáis que los púnicos eran salvajes con el chip Conan activado, estáis muy equivocados, pues si hay un ejército al que influenció la falange griega, fue al cartaginés, pero de eso se hablará en otra entrada. Con lo que todas las visiones románticas sobre el ejército púnico y romano que todavía laten en el subconsciente social general deben ser revisadas.

Ahora sí, las fotografías explicativas:

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Tribuno -derecha, es uno de los mandos intermedios- y Legado -izquierda, estarían los segundos en la línea de mando, tras el cónsul- de una legión republicana. El tribuno lleva una espada del tipo campovalano, coraza musculada -muy poco común-. (ed. Osprey)

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Líneas principales de una legión romana republicana. Tanto el hastatus o princeps como el triarius llevan casco montefortino y espada gladius hispaniensis. El hastatus lleva dos pila pesados (ed. Osprey).