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Guerra en Hispania (II): La Encarnación (Caravaca-Murcia).

Si hay un tema que me apasiona es el del sincretismo religioso. El cómo una imagen, un símbolo, un lugar, pueden ser referentes para diferentes culturas y momentos. Esto es lo que pasa con el santuario ibero-romano-cristiano de La Encarnación, situado en Caravaca de la Cruz (Murcia), donde hemos rodado éste pequeño vídeo, hablando de los diversos usos que éste espacio ha tenido a lo largo de la Historia.

Conocí éste magnífico santuario en 2006, mientras aprendía y me formaba como arqueólogo bajo la tutela de los siempre grandes Francisco Brotóns (arqueólogo municipal de Caravaca), Juan García Sandoval (conservador de Museo de la Región de Murcia, actualmente en el Museo Regional de Arte Moderno) y Antonio Murcia (Fundación Teatro Romano de Cartagena). Ellos dirigían el campo de trabajo mediante el cual se excavaba el castellum de Archivel, donde desarrollamos el pasado vídeo -sí, el del viento-. Un buen día, después de excavar, Paco nos llevó a mis compañeras y a mí a visitar el santuario, una joya, un unicum en la región que tenía fresco por las clases de Sebastián Ramallo (Catedrático de Arqueología de la UMU). El resto es una relación con la Encarnación de once años. Cada cierto tiempo intento visitar el sitio porque me ayuda a despejarme, a pensar con claridad sobre diversos asuntos, y ésta vez no iba a ser menos. Además iba muy bien acompañado por la mejor ayudante de cámara que se puede tener, aunque digamos que la llegada fue un poco accidentada, ya que casi se me cae el coche por un barranco, pero mereció la pena. Y todo por llegar a mi sitio favorito de la región, donde más fácil es el poder entender toda nuestra evolución de los últimos dos mil quinientos años.

Enjoy!

Vídeo

Guerra en Hispania (I): Caravaca, Julio César y Pompeyo.

Durante el siglo I a.e.c., la actual Región de Murcia sirvió de escenario para algunos de los episodios bélicos que decidirían el final de la República de Roma y la llegada de un nuevo sistema de gobierno: el Principado -conocido comúnmente como la época “Imperial”-.

Uno de esos puntos calientes fue la zona de la actual Caravaca que, tradicionalmente ha servido como punto de unión entre la alta Andalucía y Murcia. En Archivel, un pueblo cercano a Caravaca, nos encontramos un yacimiento en el llamado Cerro de las Fuentes, donde se estuvo excavando hasta hace pocos años. El castellum de Archivel habría sido construido por las tropas de Julio César durante la campaña militar que daría como consecuencia la batalla de Munda.

¿Queréis saber un poco más? Ved el vídeo y…subscribíos al canal de youtube, leche, que es gratis!

 

*Siento mucho el ruido del viento!

Vídeo

¿Qué es un topero en Arqueología?

Los que nos dedicamos o nos hemos dedicado de forma activa a la Arqueología, muchas veces nos hemos topado con yacimientos que han sido masacrados por personas que van únicamente a por las piezas que consideran de valor. O han robado piezas de museos, tanto arqueológicos como de otro tipo, únicamente por el dinero.

En concreto, para referirnos a las personas, amigas de lo ajeno, que se dedican a destruir esos restos que son patrimonio de todo el mundo, en la Región de Murcia les llamamos toreros. En éste primer vídeo que colgamos en nuestro canal de youtube “Roma en un día blog vídeos”, os lo explicamos, precisamente desde un yacimiento que ha sido topeado.

 

 

 

“Do you know what Nemesis means?”

…Preguntaba atentamente el Ladrillo mientras miraba fijamente a sus interlocutores, después de haber tomado un té caliente y se levantaba lentamente del sofá con mirada desafiante, en aquella famosa escena de la película “Snatch”.

Snatch - El ladrillo

Brick Top -El Ladrillo- interpretado en el film por Alan Ford (blogdecine.com)

La Némesis es la justicia divina, aunque también un personaje mitológico que se unió con Zeus para dar a luz a Helena y los Dioscuros de una manera un tanto peculiar: anduvo el dios tras ella largo camino persiguiéndola, mientras Némesis, hija de Nix -la Noche- se metamorfoseaba en un sin fin de animales, como si de un Power Ranger se tratara. Finalmente, al ver que la muchacha se había convertido en oca, el dios se convirtió en cisne, pació con ella. De esa unión surgió un huevo que unos campesinos le dieron a Leda, y de ese huevo salieron Helena y los Dioscuros. -Sí, ya era raro un relato mitológico en el que Zeuso su homónimo romano Júpiter, no estuviera rondando a nadie-.

Si en la Antigüedad, para griegos y romanos, la Némesis es lo que equilibra el universo, en la actualidad, y más desde que se estrenara hace algunos años la mítica serie de televisión “Me llamo Earl”, ésta cualidad ha sido sustituida por el karma. Para los románticos que creemos que Roma todavía existe, preferimos llamar a esas casualidades o causalidades del destino como lo hacían nuestros antepasados antiguos, pese a ser y constituir una amplia minoría.

Hace casi dos mil años, los gladiadores, por ejemplo, se enconmendaban a ésta divinidad o cualidad para obtener la suerte en la arena, de ahí que en algunos anfiteatros como el de Italica (Santiponce-Sevilla), conservemos hoy en día, casi a la entrada de la misma, epígrafes que hacen referencia a la Némesis y a Caelestis, junto con el nombre de la persona que le dedica esta curiosa rogativa.

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Placa rogativa a Nemesis que se encuentra en la entrada al anfiteatro de Itálica (fot. Pedro Huertas).

Como ya he comentado anteriormente, en nuestra época el término Némesis puede aplicarse a lo que comúnmente se denomina karma y que de vez en cuando aparece en algunas noticias o en comentarios que los usuarios de las redes sociales hacen para con las mismas. Es el caso de lo que pasó hace pocos días a un cazador de elefantes profesional, el cual, tras cazar con su rifle a un par de ellos fue arrollado por otro ejemplar que se abalanzó sobre él.

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Recorte de la noticia (fuente: El Mundo y EFE).

Así que, ya sabéis que si alguna vez os pasa algo que no es lo suficientemente bueno, o no tan malo, existe un fórmula grecolatina para ello. Al final va a llevar razón el señor Kosta Portokalos -personaje de “Mi gran boda griega” interpretado por Michael Constantine- cuando decía algo parecido a que cualquier palabra de cualquier idioma, tenía un origen griego.

Hoy en “FAKES HISTÓRICOS”: El milenarismo va a llegar a Cartagena!

Hace aproximadamente una semana aparecía en prensa nacional la noticia sobre unos estudios llevados a cabo en 2013 y publicados a nivel científico hace un par de años -os dejo el enlace al artículo abajo-, en los que se hablaba de la disposición de los templos en la Antigüedad con respecto a constelaciones específicas, atendiendo a la posición de la entrada a los mismos, alineación estelar, etc. Es un hecho común a muchas religiones ese tipo de alineaciones, que vemos incluso a la entrada de las ciudades -véase el caso de Puente tablas (Jaén)-. En el caso de Cartagena -o Carthago Noua-, se la comparaba con los estudios realizados en otras ciudades del Oriente antiguo, debido a que la fundación de la ciudad obedece a la cultura púnica, heredera de la fenicia. Así, se llegó a la conclusión que los templos que habrían estado ubicados en alguno de los cerros que rodean la ciudad en su interior, tendrían este tipo de alineaciones: por ejemplo, en el actual Molinete -Arx Hasdrubalis- hay un templo dedicado a Atargatis, cuyo origen es púnico, siendo más tarde reutilizado por los romanos, así como un santuario romano de época republicana.
Como podréis observar tanto por los titulares como por el desarrollo de la noticia, ésta fue usada de una manera u otra dependiendo del medio que la publicase. Inicialmente la información obedece a una entrevista que la Agencia EFE efectuó a dos de los autores del artículo, pero la información ha sido tratada de manera, digamos, diferente: mientras que en la fotografía que os adjunto, sacada del diario “El Confidencial”, se ciñen más a la noticia original, el trato por parte del periódico “La Verdad” -¿verdad? ¿qué es eso? ¿se come?-, parece sacado de un documental del Canal Historia sobre viajeros espaciales.Sin contar con algunos errores históricos garrafales que han sido escritos únicamente para hacer la noticia más importante, la información que dan, en varios casos, es engañosa y no obedece a lo dicho en la entrevista. Además, en el caso de que lo hubiera escrito alguien de la Región de Murcia -dato que desconozco-, es de traca el poner una fotografía del santuario republicano romano con el pie de foto rezando: “Columna del templo de Tanit”. Así, porque yo lo valgo. Porque si no lo sé, me lo invento, y no pasa nada.
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¿Que por qué algunos hacen estas cosas? No idea.
 
¿Se podría hacer mucho mejor para no dar falsas esperanzas de algo que no es? Yes, of course. Solo hay que leer un poquico.
 
¿Qué sacamos de esto?
 
Que nunca nos podemos fiar de la primera impresión al leer una noticia. Debemos esforzarnos un poco en LEER, que no cuesta nada, solo un ratico de nuestro tiempo. Debemos leerlo TODO, hasta llegar a la fuente raíz, para no dejarnos engañar. Obviamente no se escribe la noticia tan mal debido a que la persona lo haga con mala fe. Simplemente es porque no se entera de lo que ha leído u le han dicho.
Así que, niños, la próxima vez, ya sabéis. Leed, leed y leed todos de él.
*Para el artículo científico, pinchad aquí: 
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Noticia de “El Confidencial”

 

 

 

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Noticia de “La Verdad”

Errores trimilenarios: segunda parte.

Ya dediqué hace un tiempo una entrada a la errada Historia sobre mi ciudad de origen, Cartagena, que algunos se empeñan en perpetuar, sin tener en cuenta las decenas, cientos de estudios serios sobre los diferentes temas que abarcan la extensa cronología de la misma. Hacía hincapié sobre todo, en los temas referentes a la Historia Antigua de la ciudad, casi tan bien conocida como la Edad Media o la Moderna pero que, tal vez envuelta por ese halo de misterio que le da el estar más lejana a nosotros, muchos se permiten el lujo de inventar, decir, componer obras erróneas y ningunear los trabajos de los verdaderos especialistas, que los hay, y muy buenos, sobre la arqueología cartagenera.

Estas líneas supongo, se pueden aplicar a cualquier ciudad del orbe romano en la actualidad. En todos sitios cuecen habas, y en cada población, por grande o pequeña que sea hay eruditos a la violeta, sabios poseedores de una verdad absoluta solamente atestiguada por aquella escuela positivista, que veía la Historia desde el dato y no desde el hecho, en plan: en esta plaza paró una vez Escipión el Africano, miccionó justo en esa esquina, donde todavía pueden oler su orina, y luego continuó hacia Roma.

La mayoría de los hechos, lejos de ser comprobados, siempre son afirmados con esmero porque “don Fulano, que era el médico cuando yo era pequeño, lo dijo en un libro”. Y claro, años de investigación seria no pueden hacer nada frente a los libros escritos en el ocaso de la vida por personas sin formación, las cuales, muchas veces sin querer, meten la pata. Pero esa pata es seguida por legiones de fieles. Además, el arqueólogo u el historiador de Universidad siempre quieren arrebatarle al pueblo la Historia soñada.

Y ahora, comenzamos esta segunda parte de esos “errores” trimilenarios.

Hace ya algún tiempo me tocó trabajar en cierto yacimiento musealizado, donde cerca del mismo se encuentran una serie de restaurantes, por el centro. Como el sitio donde normalmente íbamos a por café antes de entrar a trabajar estaba cerrado, me decidí a acudir con un compañero a otro, un poco más cercano pero más caro, donde nos dispensaron un trato bonito, tierno, de esos que dejan huella. Unas miradas tan cálidas como la de un francotirador soviético en Stalingrado y la simpatía propia de un dinosaurio carnívoro que lleva semanas sin comer nos acogieron entre sus paredes. Me disponía a salir con esos cafés tan, tan buenos como un vaso de agua destilada cuando, o pardiez, me topé con una serie de carteles que hablaban de la grandilocuente historia de mi ciudad. Mi primera impresión -antes de leerlos- fue la de “oh, mira, alguien que se preocupa por mostrar al turista algo más”, pero nunca, repito, nunca, me debiera haber parado a leer.

Aparte de las faltas de comprensión textual, las cuales pasaremos por alto porque todos tenemos y, porque quiero que a mis amigos y conocidos filólogos les sangren los ojos desde su punto de vista, me topé con unos clichés que, muchas veces por desgracia aparecen, ya no solo en mi ciudad, sino en todas las del mundo. Como escribí en párrafos anteriores, en todos los sitios pasa lo mismo, pero yo voy a hablar de mi ciudad, que es la que creo conocer -aunque no tan bien como los que se autoproclaman salvadores de la patria cartagenera, obviamente-.

Los carteles están colocados de manera “cronológica” entre ellos, así que empezaremos por el primero, el que hace referencia a la ciudad desde su fundación -y no, no diré el nombre del sitio, que cada cual lo encuentra cuando venga- hasta la llegada de los romanos:

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Como veis, he marcado en negro las cosas raras, que analizamos una por una:

  1. La manía de la persona que ha escrito lo que podemos leer en los carteles, de realizar una mezcla ininteligible de nombre en diferentes idiomas: Cartagena, España, Carthagonova, etc. Hay que tener en cuenta que España como tal no existe en esta época, y que no debemos caer en los recursos que usaba la historiografía hace sesenta años. Es como hablar de Estados Unidos de América en el siglo XI, cosa totalmente inventada.
  2. ¿En qué quedamos? ¿Asdrúbal construyó las murallas o se aprovechó de las murallas? Lo que sabemos hasta ahora es que los púnicos construyeron una muralla, que tras las últimas excavaciones en el monte del Molinete se ha podido atestiguar que se reutilizó hasta el siglo VI d.e.c. con diferentes modificaciones.
  3. ¿Algunos palacios? En fin, para esto os remito a la entrada que realicé el año pasado titulada “Palacios en el aire”, pero sobre todo a los estudios realizados por el equipo del profesor Noguera, de la Universidad de Murcia, en la cima del cerro del Molinete. Lo mejor es que, el acérrimo cantonal que lea esto dirá: claro, como lo han excavado los murcianos, pues no han dejado nada porque no les conviene. Conspiranoia everywhere! (Aparte, el equipo de excavación está formado en casi su totalidad por gente de Cartagena y alrededores).
  4. Aníbal -el púnico, no Lecter ni Smith- era cuñado de Asdrúbal. A lo mejor Aníbal Lecter era su sobrino, y en un arrebato se comió a Amílcar.
  5. “Las atalayas de Aníbal”, o como renombrar a torres defensivas de los siglos XVI y XVII.

 

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En este segundo cartel la cosa se pone más seria. Se nota que el que lo ha hecho ha estado días y días sin dormir para poder escribir una historia, que no la Historia de la ciudad:

  1. Ya en el nombre nos salen ojeras de leer. “Cartago nueva” ¿really?. En todo caso sería “Nueva ciudad nueva”, debido a la evolución del nombre desde el púnico al latín, pero en todo caso, no se traduce, que queda muy feo hombre.
  2. Eso de que se llame así hasta el “último tercio del siglo V”, supongo que será hasta el último tercio que se tomaría el que lo escribió, en el bar de la esquina, porque el nombre de Carthago continuaría hasta la llegada de los musulmanes, de los cuales tenemos noticias en el entorno del teatro romano desde el siglo IX aproximadamente. Es entonces cuando pasará a llamarse Cartayannat l-Halfa.
  3. Lo de los nombres inventados de Skombraria y tal, suena más a casting para nombre de grupo heavy.
  4. Augusto no pudo iniciar ningún proyecto de romanización puesto que la ciudad ya estaba romanizada desde hacía más de un siglo. Lo que hizo Octaviano fue reformar la ciudad dentro del organigrama político y administrativo, para hacer lo mismo que en casi todas las partes del recién creado Principado: una Roma en pequeño. Básicamente, si viéramos a Augusto con los ojos del siglo XXI para nosotros sería un dictador que, tras ganar una guerra civil realiza grandes obras para que su pueblo lo vea como un gran constructor y gobernante. Pero lo mejor es que os leáis el magnífico libro de Paul Zanker Augusto y el poder de las imágenes.
  5. Con respecto a lo de César…¿por dónde empezar? Aparte de que todavía no sabemos si fue él o Pompeyo el que nombra COLONIA a la ciudad, básicamente al “escritor” se le ha olvidado eso, la palabra Colonia, que es el rango al que llega la ciudad en esta época. Y no, no se construye el foro en esta época, ni el teatro. El foro es de origen republicano y reformado en época de Augusuto, y el teatro se construye en época de Augusto, precisamente porque está dedicado a sus nietos: Cayo y Lucio.

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Y llegamos al último cartel, pero no por ello el mejor escrito. De hecho es el más inverosímil, porque claro, como todo el mundo sabe la tardoantigüedad es esa época que ocurre entre la llegada de Conan el bárbaro y Juego de Tronos.

  1. Con el nombre…idem, eadem, idem. Que no se traducen, leñe.
  2. Como todos sabéis, en España gobernaba Felipe VI hasta que llegaron los reinos germanos para establecerse y dejarlo todo pastas arriba con su morbo gótico. Para empezar, en esta época a la península se le sigue llamando Hispania y más tarde Spaniam, precisamente por los godos, que establecerán una monarquía electiva, como ha pasado en la actual Alemania hasta que comenzó a ser una república, debido a que en parte es heredera de esas tradiciones. Pero lo mejor es lo de las “construcciones” como “las termas de la Calle Honda”. Nadie sabe la cronología de las termas, menos el avispado e intuitivo escritor de esas líneas. Las termas fueron excavadas en el año 1984, no encontrándose una cronología segura, aunque se baraja la posibilidad de que fueran construídas en torno a finales del siglo I d.e.c., es decir, unos cuatrocientos años antes de lo que aparece ahí escrito. De hecho, se sabe que en el siglo V toda esa zona de la ciudad está abandonada y será reutilizada en el siglo VI por los bizantinos, en el breve espacio de tiempo que dominaron el Sureste peninsular. Y esto me lleva a…
  3. Lo que hace Leovigildo es una campaña de conquista de la Oróspeda, región que quedaba entre las posesiones bizantinas y las visigodas, en un territorio también entre las actuales Murcia, Alicante y parte de Castilla-La Mancha. De hecho, los investigadores de verdad no se ponen de acuerdo todavía en dónde estaría la frontera entre los visigodos y los bizantinos.
  4. No mentamos nada de los bizantinos aquí ¿para qué? Prefiero inventarme la llegada inexistente de inmigrantes norteafricanos presionados por un reino vándalo que ya no existía porque estaba anexionado a Bizancio. Lo que llega es cerámica procedente del Norte de África, como la Terra Sigillata Africana que podéis ver en el Museo del Teatro Romano de Cartagena, del cual recomiendo encarecidamente la visita.
  5. Y volvemos atrás en el tiempo, como Marty McFly, hasta el siglo V de nuevo, para comprobar que, pese a la construcción de un macellum (mercado) encima de la escena del teatro, “Cartagena es abandonada a su suerte”. Lo que ocurre es algo tan importante como la caída del Imperio Romano de Occidente, que se disgrega en diversos reinos que luego evolucionarán a esa amalgama política de la Edad Media.

De esta manera, podemos observar la sapiencia popular de la Historia de mi ciudad -y eso sin entrar en la creación de la primera, primerísima catedral de ¡España!, cuando ni existía el concepto de iglesia ni de cristianismo-; y el poco caso que se hace a la gente, muchas veces oriunda de la propia ciudad, que dedica su esfuerzo en el estudio de la misma.

*Nota mental: lo siento mucho por la calidad de las fotografías.

Minientrada

Heliogábalo: un emperador en el cole.

Jamás hubiera escrito la vida de Heliogábalo Antonino, conocido también con el nombre de Vario, para que nadie hubiera tenido noticia de la existencia de este emperador romano…

De esta manera comienza el relato que Elio Lampridio -supuesto autor de la vida de Heliogábalo- hace de este muchacho que gobernó Roma entre los años 218-222 d.e.c. La verdad es que no es un comienzo muy alentador. ¿O sí? El ser humano, especie en la que todavía incluyo a muchos de los que vivimos en los núcleos urbanos, siente curiosidad por las historias morbosas que rodean a personajes atormentados, y este muchacho no deja indiferente a nadie.

El problema al que nos enfrentamos a la hora de comentar o intentar hacer una vida de Heliogábalo, penúltimo emperador de la dinastía Severa, es precisamente la extraordinaria vida que llevó, según los autores que la trataron, ya en época romana, y de los que dependemos a la hora de acercarnos al joven Vario. Yo voy a ceñirme expresamente a la Historia Augusta, precisamente por ser la más alejada de la realidad y, porqué no decirlo, la más divertida. Pero para hablar de Heliogábalo según la Historia Augusta, o Elio Lampridio, autor que supuestamente escribe su vida para este compendio de biografías imperiales, primero debemos acercarnos a la obra.

¿Quién es él o ellos?

La primera vez que nos acercamos a este maravilloso libro, leemos que hay una serie de autores diferentes que escriben historias iguales sobre diferentes emperadores, entre el siglo II y finales del siglo III d.e.c.*, y este hecho provocó que desde el siglo XIX por lo menos, algunos autores se plantearan que esa multiautoría era realmente de uno solo que, parece ser, quería dárselas de que conocía a muchos autores y que le hacían un regalo al emperador de turno. Vamos, el postureo de la época. Conclusión: por lo menos en la edición en castellano que he manejado -de Vicente Picón y Antonio Cascón para ed. Akal- junto con la bibliografía que dichos traductores manejan, fue un solo autor, del cual desconocemos el nombre.

¿Y cuándo se compuso?

Aquí el tema está más complicado. Sabemos que, como los últimos emperadores tratados, Caro, Carino -hermano de Carina, que lo buscaba en el baúl de los recuerdos- y Numeriano, son justo los que gobiernan antes de Diocleciano, la obra tuvo que componerse desde el año 290 en adelante, aproximadamente. Algunos autores, como Dessau, han querido centrarla en el reinado de Teodosio, y justo entre los años 385-388, más de cien años después del reinado de los últimos nombrados. Otros, como el señor Seeck, se la llevan al siglo V; pero el amigo Mommsen la fecha entre el 330 y el reinado de Teodosio. Obviamente, Mommsen, como siempre, es el más listo, porque pone un arco de años mucho más amplio y así no se “pilla las manos”. Así que nos podemos imaginar a los diferentes estudiosos del tema pugnando por llevar la razón, al modo del partido de fútbol entre filósofos de los Monty Python.

Una vez que ya hemos tratado la “magnífica” obra en la que nos vamos a basar para esta descripción de la vida de Heliogábalo -hay más escritores antiguos como Herodiano y Dión Casio, que son más exactos pero más aburridos- pasemos a hablar del joven:

Pequeños datos biográficos imparciales:

Nació en el año 203 en Emesa (Siria) y fue asesinado el 11 de Marzo de 222 en Roma, tan solo menos de cuatro años después de haber accedido al trono, al cual llegó cuando contaba unos quince años. Debemos imaginar a un muchacho con facciones sirio-palestinas, criado al modo oriental, que en aquella época rezumaría el intento de llegar al boato de las cortas persas de cuando las Guerras Médicas, pero que se quedaría en solo eso, un intento. Todo eso mundo había cambiado desde que Roma plantara el pie en Oriente y convirtiera Siria en una provincia, mezclando las tradiciones propias de la zona con las exportadas desde otras partes del Imperio. Pero en los primeros años del siglo III, donde ni los emperadores eran nacidos en la Península Itálica, sino que Septimio Severo era originario del Norte de África, esa mezcolanza proveía a Roma de un tesoro sin igual.

En la familia, él y su primo Alejandro, que le sucedería en el trono, habían sido criados para cuando llegara el día de gobernar.

Así pues, tenemos a un muchacho menor de edad, que llega al trono tras una serie de asesinatos cometidos por el ejército dentro de la familia imperial, y que, precisamente por su juventud tuvo que apoyarse siempre en su madre. Por lo menos en el escueto tiempo que le dejaron gobernar.

¿Qué dice la Historia Augusta sobre el muchacho?

Viendo como empieza el relato de Heliogábalo -que, por cierto, se hizo llamar así por el dios protector de la ciudad en la que vivía-, nos podemos imaginar el desarrollo de la biografía; pero debemos tener en cuenta, sobre todo, que esto es un patrón de conducta que el autor atribuye a los emperadores, es decir, dependiendo de cómo haya sido en general el reinado, los va a atacar o defender, inventando hechos sobre los mismos para la comidilla de las personas que lo leyeran. Vamos, como las revistas de prensa amarilla de nuestros días, que con tal de estar en el candelero informativo, muchas veces no dudan en inventar noticias sobre personajes que suelen caer mal en la sociedad.

Tal vez, una de las hipérboles más descarada es cuando el autor escribe:

En sus triclinios de artesonado giratorio cubría a sus invitados de violetas y flores, hasta el punto de que algunos de ellos murieron al no poder salir al exterior (SHA, Hel. 7.5).

Texto que fue muy bien retratado por el magnífico pintor del siglo XIX L. Alma Tadema en su cuadro “Las rosas de Heliogábalo”.

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Pero las excentricidades del emperador no se quedaron ahí. Por ejemplo, en otro párrafo:

Reunió en unos edificios públicos a todas las meretrices que pululaban por el circo, por el estadio, por los baños y por otros lugares, y pronunció una arenga ante ellas como si se trata de una arenga militar, llamándolas “compañeras de armas”, y discutió con ellas sobre las distintas clases de posturas y placeres (SHA, Hel. 26.3)

Este texto y otros hacen referencia a la feminidad del emperador, del cual se llegó a decir que le gustaba vestir como una mujer, tal vez por esa imagen que siempre se ha tenido de las cortes orientales como muy sobrecargadas de abalorios y decoraciones en las vestimentas. Lo que está claro es, que por lo menos el muchacho se informaba sobre el tema sexual. El saber no ocupa lugar.

Según el señor Lampridio, una de las bromas que más gustaba a hacer en su palacio de Roma a Heliogábalo era la siguiente:

A menudo encerraba en un dormitorio a sus amigos, después de haberles emborrachado, e inesperadamente introducía por la noche leones, leopardos y osos desprovistos de garras para que, al despertarse con la luz del día o, lo que es más grave aún, durante la noche, se encontraran con estas fieras en la misma estancia, y como consecuencia la mayor parte de ellos murieron (SHA, Hel. 25,1)

Qué graciosa su majestad. Cómo le gustaba jugar a Vario, qué cachondo. Poniéndonos serios, esta sería una representación de la tradición sobre las bacanales o la figura del dios Baco, puesto que este siempre iba acompañado, según la mitología, de animales salvajes como las panteras, representación que intenta unir el como una persona se desmelena cuando va ebria.

En fin, toda una serie de actividades libidinosas que tanto autores más serios como Herodiano, como el autor anónimo de estos relatos confirieron, no solo al pobre y joven Vario, si no también a Cómodo, por ejemplo, desdeñando casi cualquiera de sus acciones “buenas” en pro de las antes mencionadas.

Pero, como digo muchas veces, debemos tener cuidado a la hora de enfrentarnos a textos como estos, tan cargados de hipérboles, puesto que la mayoría de las cosas que cuentan son mentiras; aunque también dentro de esos textos encontramos pistas sobre la realidad. En este caso lo podemos ver en el siguiente párrafo:

No se conserva ninguna de las obras públicas que promovió, salvo el templo al dios Heliogábalo, al que unos llaman Sol y otros Júpiter, el anfiteatro -coliseo- restaurado tras su incendio y los baños emplazados en el barrio Sulpicio, que había iniciado ya Antonino, el hijo de Severo. (HSA. Hel. 17.8-9).

¿Qué nos quiere decir este párrafo? Que tal vez el reinado del jovencísimo Vario no fue un paréntesis de caos y fiestas en afterhour, sino que algo se hizo, que fue machacado como en otras ocasiones para que no lo conociéramos. Algo que quedó perdido en la memoria de los que ya no están y que, solo la arqueología nos puede desvelar con el tiempo.

*Recordad, niños, que siempre uso d.e.c. = después de la era cristiana.