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Guerra en Hispania (I): Caravaca, Julio César y Pompeyo.

Durante el siglo I a.e.c., la actual Región de Murcia sirvió de escenario para algunos de los episodios bélicos que decidirían el final de la República de Roma y la llegada de un nuevo sistema de gobierno: el Principado -conocido comúnmente como la época “Imperial”-.

Uno de esos puntos calientes fue la zona de la actual Caravaca que, tradicionalmente ha servido como punto de unión entre la alta Andalucía y Murcia. En Archivel, un pueblo cercano a Caravaca, nos encontramos un yacimiento en el llamado Cerro de las Fuentes, donde se estuvo excavando hasta hace pocos años. El castellum de Archivel habría sido construido por las tropas de Julio César durante la campaña militar que daría como consecuencia la batalla de Munda.

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*Siento mucho el ruido del viento!

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Julio, Bruto, Marco Antonio y otros chicos del montón

Si algo apasiona realmente de la Historia de Roma es el siglo I a.C., que supondrá todo el caldo de cultivo para el gran cambio de una manera de pensar al modo tradicional republicano a otra muy distinta impuesta por el que será el primer “emperador” -me gusta más llamarle princeps-: Octaviano Augusto. Él es la culminación de los personalismos en una Roma ganadora, creadora de grandes gestas y de grandes personajes, de los cuales podríamos decir que los incios para este siglo I a.C. serán Mario y Sila. Tal vez la mente más brillante sería la de César, cosa que nunca sabremos ya que no se le permitió desarrollar su programa político. Dicen que se cayó encima de una hoja de cuchillo…

Es curioso porque una de las preguntas que todos fallamos del Trivial es la de: ¿quién es el primer emperador romano? Todos tenemos claro que fue Augusto, pero a los señores de este carismático juego les gusta darnos donde más nos duele y decir que es Julio. Está claro que sin César, Augusto no hubiera existido. Él le enseñó casi todo lo que más tarde pudo poner en práctica, creando un nuevo sistema de gobierno. Un sistema que duró casi 500 años en la parte occidental y algo más de 1500 en la oriental. Pero una forma que no se reconoce apenas en los emperadores que ocuparán el solio imperial a partir del siglo III d.C. Esto sucede porque todo cambia: la sociedad, las opiniones, las religiones; y nada es externo a las personas que ocupan el trono. Trono. Esa palabra que tanto miedo daba a la sociedad de los cicerones y los catones. La sociedad de las elecciones anuales; donde para ser alguien debías endeudarte hasta límites insospechados -sobre todo gracias a Craso, el hombre del momento- debido a que lo que hicieras para promocionarte debías hacerlo con tu dinero. Se tomaban muy en serio el erario público, y ejemplos de castigos por el mal uso del mismo los encontramos durante toda la República.

Y con esta mentalidad llegamos al año 44 a.C. Toda una nube de políticos nuevos, senadores y demás personajes luchan, en un bando o en otro –populares y optimates- para hacerse con el poder. Unos para, supuestamente cambiar las cosas y los otros para dejarlas como están, respectivamente. Siempre ha habido partes de las sociedades que han tenido miedo al cambio y por el contrario otras personas que lo han querido a toda costa. Lo que nos cuesta dirimir muchas veces a los que nos dedicamos a estudiar la Historia es si los que quieren cambiar las cosas lo hacen por el bien del pueblo o por tener el favor del mismo y luego hacer lo que les plazca. En esas estaba dudando el Senado en Roma con respecto a la figura de Julio César. Lo queremos y apreciamos porque ha conquistado territorios nuevos para Roma, pero lo odiamos porque eso le vale para reconocimiento personal. Ha ganado la guerra, ya no podemos hacer nada, bueno, algo sí podemos hacer. Podemos dejarlo hecho un colador y asunto resuelto. Así que, de entre toda la maraña de senadores surge un nuevo Bruto. Y digo nuevo porque fue un Bruto el que derrocó el anterior modo de gobierno en 509 a.C., la Monarquía, y otro Bruto debía evitar que un nuevo poder monárquico surgiera y se viera reflejado en la figura de César. Y precisamente será ese Bruto junto con otros tantos el que traicione a César y lo asesine, elevando su personaje actualmente a la categoría de casi divino -debemos recordar que Augusto se hacía llamar en los epígrades hijo del Divino Julio-.

Te da por pensar en esas cosas mientras visionas películas como “La guerra de Charlie Wilson” y “Los Idus de Marzo”, título éste escogido totalmente adrede para escenificar la política americana comparándola con la romana de la época de la que hablamos. Ryan Gosling es el Bruto de George Clooney, representado como un César alejado de la realidad, que no quiere casarse con nadie. Una persona que aparenta ser íntegra en un mundo de leones en celo por un puesto en el gobierno de la supuestamente más adelantada sociedad del mundo actual. Pero caen en dos errores grandes al intentar comparar la carrera presidencial de USA con la vida de un Julio César moderno: el primero es que Julio César sí era de los que se casaban con cualquiera con tal de llegar a gobernar. De hecho Suetonio le llamaria mujer de todos los maridos y marido de todas las mujeres. El segundo error es en el que caemos normalmente al juzgar una sociedad antigua, querer compararla con nuestra manera de pensar y actuar, pues aunque el ser humano comparte identidades antropológicas comunes a las épocas, nos encontramos en constante evolución social -algunos piensan hoy en día que en involución- y todo marco histórico es incomparable, además de que tiene que ser mirado con los ojos antiguos y no modernos.

Dicho esto, recomiendo encarecidamente acercarnos a este tipo de cine de intrigas políticas porque, aunque sea cine, desgraciadamente muchas veces puede reflejar algunos aspectos de la realidad que al común de los mortales se nos escapa. Y siempre es bueno recodarle a cualquier político, de cualquier época, que es mortal.

 

Cartel del film "Los idus de Marzo"Cartel del film “Los Idus de Marzo”