¿Quienes son esos campesinos? La conquista de Kart-Hadast

Imaginémonos por un momento que somos un habitante de la ciudad de Roma a finales del año 212 a.C. (541 a.u.c.). Es de día pero unas nubes sangrientas cubren el cielo azul debido a las desastrosas noticias que llegan desde Iberia: los hermanos Cornelio Escipión han muerto en batalla contra los púnicos cerca de la zona de Ilorci -hay muchas teorías sobre dónde se desarolló la batalla, entre Castulo y Lorca, teóricamente-. La desgracia se cierne sobre la gens Cornelia y sobre toda Roma al conocer la noticia, lo que provoca que el desaliento se apodere de la ciudadanía y muchos miren al cielo pidiendo una explicación a Júpiter. Todas las esperanzas que habían depositado en una victoria contra los ejércitos de los familiares de Aníbal habían caído en saco roto…

¿Todas?

Un muchacho de apenas poco más de veinte años, Publio Cornelio Escipión, sobrino e hijo de los cónsules asesinados, es nombrado Proconsul y puesto al mando de las tropas que, una vez más serán enviadas a Iberia para luchar contra el púnico. Muchos critican la decisión del Senado por pensar que el joven es demasiado inexperto, aunque había estado, que no luchado, en la batalla de Cannae, unos años antes, acompañando a su padre, al cual, según Polibio, había salvado la vida.

Así que, nosotros, ciudadanos de Roma, últimos refuerzos que quedan apenas en la ciudad, sin experiencia de ningún tipo en armas y que estamos más preocupados de que nuestro huerto no sea quemado por celtas o púnicos de los que andan todavía con Aníbal, somos elegidos para formar las cuatro legiones que se enfrentarán a la máquina de guerra, 45000 hombres totalmente preparados que tienen en Iberia su centro de operaciones. No olvidemos que las campañas de Aníbal fueron más un empeño personal o familiar, que una empresa propia del Senado cartaginés.

Se nos envía casi con lo puesto -el senado no nos proporciona nada- o con lo que nos queda de nuestros padres o abuelos a luchar a una tierra extraña, por mar, a la desesperada, un par de años más tarde de la caída en batalla de ambos cónsules. El viaje es lento, muchos nunca han montado en barco y están casi todo el día vomitando por la borda. Las armas que hemos recogido de familiares o incluso rapiñado de las necrópolis están un poco oxidadas…Pero allá vamos, dispuestos a ganar sea como sea, a invertir la situación de la guerra.

Desarrollo del conflicto: la conquista de Krt-Hdst

En una entrada anterior ya explicamos cómo iban pertrechados los efectivos que combatieron en batallas o conquistas de ciudades como esta, así que no nos extenderemos en este asunto, sino más bien en cómo planteó Escipión la llegada a la ciudad, la sorpresa y el movimiento rápido de tropas y el cómo se conquistó Kart-Hadast en tres días.

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En la imagen, algunos de los miembros del Grupo de Recreación Histórica y Arqueología Experimental “Legio I”: en primer plano un Veles, primera línea de ataque, son los más jóvenes e inexpertos, además de los más pobres dentro del ejército; a la derecha el Vexilifer de la Legio, encargado de llevar el estantarde y, finalmente, unos hastati o principes que formarían la segunda y tercera línea de ataque. Faltaría la línea de los triarii, más experimentados en batalla y cuya forma de vestir recuerda todavía un poco a la influencia griega dentro del ejército romano de los primeros años de la República. (Fot.: Legio Prima)

En la imagen de arriba podemos comprobar cómo irían vestidos la mayoría de los soldados de las legiones romanas entre la I Guerra Púnica y la batalla de Pidna (Grecia) aproximadamente. En concreto podría pertenecer a la línea de los hastati o de los principes, que iban vestidos casi de la misma manera y además podemos ver a un veles y al vexilifer de la Legio. Esta gente, junto con sus compañeros, anduvieron durante más de diez días (Polibio dice que fueron siete, pero es prácticamente imposible) hasta llegar a la ciudad con las murallas más altas que habían visto en su vida. Apostados en los cerros que la bordeaban, esperaron pacientemente a que su Proconsul Publio diera la orden para el primer ataque, frontal, contra la puerta principal, situada en el único punto en el que esta se unía con tierra firme mediante un istmo. Les han dicho que no se preocupen, que la ciudad caerá tarde o temprano porque son muy pocos y la población está contra los púnicos, pero nuestros amigos no se fían. Saben que los púnicos matan niños y los ofrecen a sus dioses como ofrenda. Hay miedo entre los soldados, pero puede más el sentimiento de venganza.

Sin duda, la mejor manera de acercarnos a la conquista de la ciudad de Kart-Hadast a través de la literatura, la encontramos en los textos de Polibio (libro X, 9 y ss.) y de Tito Livio (libro XXVI, 42 y ss.), siendo un poco más novelesco el segundo, debido al aura mítico en el que envuelve las campañas de generales como los escipiones; pero siempre tenemos que acercarnos con prudencia a las fuentes escritas. No olvidemos que algunos de los pasajes se alteran a propósito para que el lector sienta mayor atracción y simpatía por el personaje en cuestión,y esta vez estamos hablando del salvador de Roma en el II Guerra Púnica, el que le dio la vuelta a la situación con el golpe de mano que supuso presentarse en Iberia y empezar a conquistar y dominar territorios hasta ahora en poder púnico.

Sobre la conquista de Kart-Hadast tenemos una narración básica mostrada por estos dos autores antes mencionados, que varía en algunas cosas pero que se parece en tanto en cuanto seguro que Livio leyó a Polibio y a raíz de ahí comenzó a escribir sobre el tema. Sabemos que el ejército se movió con una rapidez que solo han podido emular personajes de la talla de César o, más recientemente Napoleón. Que por los restos arqueológicos y la aplicación de la arqueología espacial podemos determinar que se rodeó la ciudad de tal manera que se controlaron todas las vías de comunicación, en un tiempo record, además de bloquear el puerto; pero algunos interrogantes nos quedan en su explicación. Walbank en su gran obra de 1967 Comentarios a la obra de Polibio, en su tomo segundo dedica una parte a esta batalla que pudo ser crucial para el principio del fin del dominio púnico en Iberia y el comienzo de la romanización, interpretando algunos pasajes de una manera que ha sido aceptada hasta fechas próximas, como cuando sitúa el campamento de Escipión en la colina llamada Mons Mercurii -actualmente Cabezo de los Moros-, donde en la actualidad, cuando llegamos a Cartagena por la autovía podemos divisar un castillo construido a fines del siglo XIX. Pero un estudio detallado del Libro X de Polibio nos da para otra sugerencia de la situación del castrum , a saber, realizando como hemos comentado anteriormente un rodeo de toda la ciudad, apostando vigilancia en los puntos más altos que rodean a la misma y construyendo el campamento cerca de la Vía Heraklea en un falso llano que va capuzando hasta llegar a la laguna interior. Hay que tener en cuenta que según las mismas fuentes, iban con Escipión alrededor de 20000 hombres, los cuales, según la historiografía tradicional deberían haber estado dispuestos en un área de menos de 1 hectárea (en el mapa, color morado). Pero si leemos los escritos de Alan Richardson sobre fortificaciones romanas y sus medidas, para este ejército necesitaríamos unas dimensiones de aproximadamente  70 hectáreas (en el mapa, color azul). Basándonos en yacimientos cercanos -La Mota tiene restos desde el siglo IV a.C. al II a.C. y fue interpretado como un punto de control del territorio, por ejemplo-, llegamos a la conclusión de que no hubo un solo campamento, sino varios alrededor de Kart-Hadast, como exponemos en el mapa siguiente:

carthago noua copiaCentrándonos en el ataque, sabemos que hubo el primer día del sitio uno frontal, en el cual nos narra Polibio que sucedió que las escalas no eran lo suficientemente altas como para llegar arriba de la muralla, y fue repelido. Es entonces cuando parece que a Escipión se le ilumina una gran idea en la cabeza: bordear la laguna interna con unos cuantos hombres y escalar por la zona del actual monte Molinete –Arx Hasdrubalis-. Posiblemente llevaría consigo a velites o a hastati porque eran las unidades que menos carga llevan y pueden escalar con más facilidad, aunque esto es solo una licencia nuestra, no demostrable. Sabemos que para despistar al enemigo se hicieron varios ataques al mismo tiempo: uno marítimo, otro a la puerta principal y uno más desde la zona del yacimiento de La Mota, aproximadamente, con lo que la defensa de la ciudad se volvió casi inútil, momento que es aprovechado por esta avanzadilla para escalar la muralla por una zona no defendida y saltar al interior. En la actualidad, gracias a las últimas excavaciones llevadas a cabo en el Molinete se ha descubierto ese posible tramo de muralla, y junto con yacimientos de casas púnicas arrasadas por las tropas de Escipión podemos intentar hacer un itinerario de sus tropas por el interior de la ciudad:

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Conquista de Kart-Hadast atendiendo al Libro X de Polibio: 1. Badear la laguna y llegar al Arx Hasdrubalis; 2. Tras conquistar el muro, buscar la forma de llegar a la puerta principal, dejando un reguero de casas quemadas; y 3. Abrir la puerta para que pueda pasar el resto de las tropas.

En el mapa que hemos colocado arriba mostramos en color rojizo el Arx Hasdrubalis, en color amarillo los restos de excavaciones arqueológicas -Calle Serreta, Calle San Cristobal la Larga y Plaza de la Merced- donde se han hallado casas púnicas afectadas por el ataque y en color verdoso la situación del otro tramo visitable de muralla púnica.

Así pues, tras tres intensos y duros días, la ciudad, joya militar de los púnicos en Iberia había caído en manos romanas. En la ciudad, tanto el Senado como los mismos romanos podían respirar tranquilos porque aquel muchacho junto con sus campesinos había sido capaz de devolver las esperanzas a todo un pueblo. Tras esta, otras muchas derrotas llegaron al bando cartaginés, desde un intento por parte de los ejércitos púnicos de Iberia de reconquistar la ciudad que se quedó en solo un intento, hasta la derrota final en Gadir.

Podemos decir que, la desde ahora llamada Noua Karthago supuso un antes y un después en el conflicto secular que envolvió a estas dos ciudades convertidas en potencias, dio un vuelvo a las pocas aspiraciones que le quedaban a un Aníbal cada vez más solitario en la Península Itálica y un soplo de aire fresco en los pulmones del senado romano.

Mucho se ha escrito de Escipión, más tarde llamado el Africano tras su gran victoria en Zama, incluso podemos encontrar rebuscando en los textos, litigios con ese mismo Senado que una vez lo había aclamado -a él no, pero a su hermano sí lo encontraron culpable de quedarse con parte del tesoro traído de la zona de Grecia, lo que viene a ser evasión de impuestos-, lo que hizo que se volviera un desconfiado y fuera a vivir a su villa de la Campania donde murió rodeado de los suyos, casi desterrado de la capital, como le ocurriría a Aníbal, que acabó en la zona de Siria, expulsado de Carthago, ciudad a la que, debido a las ambiciones de su familia habían hecho caer en desgracia. Casualmente, sus vidas fueron bastante paralelas en ese sentido y su final, solitario, recordando ulteriores triunfos en la oscuridad de una sala, con unas pocas lucernas encendidas para agradar a los suyos.

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“No mires atrás”. Zombies y mitología

Si comenzáramos hablando de una ciudad o un grupo de gente, establecido en un sitio de manera permanente, que les aleja de una realidad hostil, pero que, tras un cruento ataque llevado a cabo por otro bando deben abandonar la seguridad de ese sitio buscando cada uno la manera de sobrevivir. Si les dijéramos que los protagonistas -así se queda claramente expuesto- son un padre y un hijo que deberán de peregrinar salvando mil obstáculos para llegar a un final incierto… Podríamos estar pensando, los que tuvimos que estudiar latín y mitología, tanto en el instituto como en la carrera -lo siento futuros estudiantes, esto por desgracia no lo cataréis gracias a la actualidad- en el relato apasionante que hace aproximadamente dos mil años escribiera Virgilio sobre un hombre llamado Eneas que, desde una Troya destruída por los griegos debió de buscarse la vida junto con su padre Anquises y su hijo Ascanio. Un personaje, obviamente desarrollado por el autor a partir de los relatos homéricos para justificar la antigüedad de Roma.
Pero lo relatado en las primeras líneas no tiene nada que ver con eso, ¿o sí? Se trata del final de la primera parte de la cuarta temporada de la serie “The Walking Dead” -basada en parte en los cómics del mismo nombre-. Ese final abierto nos deja a Rick -¿Eneas huérfano?- y a su hijo Carl -¿Ascanio?- huyendo tras una batalla en la que un tanque -¿caballo de Troya?- de manera más literal que el caballo usado en la ciudad anatolia ha atravesado sus verjas y tras él otro bando de humanos supervivientes con el extraño personaje llamado “el Gobernador” encabezando la oleada. Todos los que han sobrevivido al ataque han tenido que huir del refugio en el que se escondían

-casualmente una prisión que les liberaba de una muerte segura-.
Vemos cómo elementos literarios o mitológicos usados hace milenios por un viejo alrededor del fuego para entretener o intentar explicar cosas que se perdían en los recuerdos de quienes le escuchaban, son usados de manera más o menos buscada, para hacernos atractivo el seguimiento de una serie de TV en la actualidad. Cuánto no hemos cambiado.
“No mires atrás” es la frase que Rick va repitiéndole a su hijo Carl mientras estos se alejan de su prisión de libertad, dejando tras de sí un reguero de sangre, muerte, destrucción y desconocimiento de cómo estarán los amigos y supervivientes, entre ellos la otra hija de Rck, Judith. Casualmente, Judith es el título de uno de los libros del Antiguo Testamento, usado para explicar la invasión por parte de los asirios a la zona de Babilonia y Fenicia. Judith -traducido por “la judía”- es la encargada de guiar a su pueblo a la victoria sobre el invasor, que se extiende como una plaga. Y será Judith la que, valiéndose de artimañas consiga rebanar la cabeza al general asirio Holofernes, como bien retrató en su día Caravaggio. Para el que no lo sepa, a un “caminante” -como lo llaman en la serie- o un “zombie” se le mata atravensándole la cabeza, ya sea de un fuerte golpe, disparo, una espada…
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Judith cortando la cabeza a Holofernes (Caravaggio)

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El ejército de Escipión el Africano. ¿Un ejército “profesional”?

Tal vez una de las motivaciones por las que empecé hace poco a dedicarme a la recreación histórica de la Segunda Guerra Púnica fue por aquel trabajo que tuve la inmensa suerte de hacer y presentar en 2010 bajo el título Arqueología militar de época romana republicana en Carthago-Nova y su entorno, como tesis de Máster en la Universidad de Murcia. Trabajo que me descubrió un mundo nuevo, el del ejército romano republicano. Siempre que pensamos en las legiones de Roma nos vienen a la mente tipos rudos, generales que buscan venganza y hombres totalmente uniformados bajo un signum a modo de águila. Pero el ejército republicano, por lo menos hasta el año 100 a.C. y las reformas de Mario, es otra cosa muy distinta.

Personas de todas las capas de la sociedad romana, siempre dependiendo de su status y de su dinero, eran llamadas cada vez que había un conflicto para elegir de entre sus miembros a los que ocuparían las cuatro líneas de esta legión totalmente diferente a las que solemos ver en cine, tv, novelas. Hay que pensar por un momento que eres un campesino que está tranquilamente cultivando tus tierras cerca de la ciudad de Roma y, de repente llega un emisario del Senado que ordena que todos los hombres desde lo 16 años tienen que presentarse en el Campo de Marte para la selección, por edades y por dinero, del nuevo ejército compuesto, siempre en esta época salvo en contadas ocasiones -durante la IIGP hubo en movimiento hasta 28 legiones- por cuatro legiones al mando de dos personas designadas como cónsules por el órgano de gobierno.

Sudor frío, una sensación de no saber si vas a volver, revisar el arcón de tu padre para coger esa espada desengrasada y revolver entre las habitaciones para encontrar las caligae -botas militares con clavos-.

De ese tipo de gente, ciudadanos romanos desde el más pobre al más rico, estaba compuesto el ejército que acompañó a Escipión -más tarde llamado Africanus– a Iberia, o Hispania, como comenzaría a llamarse tras la llegada romana a la península. Para echar más leña al fuego, al llegar a Tarraco el panorama es desolador: los restos del ejército que había acompañado en el año 212 a.C. a los cónsules enviados a Iberia -casualmente el padre y el tío de Escipión- y que habían sido asesinados en la batalla de Ilorqui, aguardan asustadizos la llegada de tropas de refuerzo mientras que el púnico campa a sus anchas realizando razzias, ataques contra los pueblos iberos que no se unen a su causa, y Aníbal continúa en Italia.

¿De qué tipo de soldados está compuesto este ejército?

Ya hemos hablado de las dificultades a la hora de hacer una legión, hábilmente descritas por Polibio en el libro IV de sus Historias. Siguiendo al mismo historiador y para que veáis lo diferente que puede llegar a ser la realidad, aquí os describo grosso modo qué tipo de soldados vamos a encontrar:

1. Velites: Son la llamada “infantería ligera”. Los muchachos más jóvenes y gente con menos poder adquisitivo forman esta línea, armada únicamente con un escudo redondo y las llamadas hastae uelitari, hasta 6 jabalinas cortas con punta de madera o metálica. Las usaban para tirarlas al enemigo y desoncertar al mismo, mientras se movían con rapidez, pero muchos de ellos morían al ser los primeros que entraban en batalla.

2 y 3 Hastati y Principes: Son personas más mayores y que van armados, esta vez sí, con espada (gladius hispaniensis, campovalano,… ). La mayoría de ellos, para proteger los órganos centrales como el corazón, llevaban una plaquita de bronce llamada cardiophilax. Otro elemento que les caracteriza es el scutum un escudo que sirve para tapar casi todo el cuerpo a la hora de adoptar la posición de ataque. Estos ya se pueden permitir el llevar casco, que varía entre el archiconocido Montefortino al menos conocido Apulo-Corintio o el Ático modificado. Y su arma más característica es el pilum, pero de forma bastante diferente a los que podríamos tener en mente de época imperial. Este vale para engancharse al escudo del contrario al ser lanzado, con lo que queda inutilizado y el rival es un blanco fácil (tranquilos, que abajo hay fotos)

4. Triarii: Era la última línea, formada por personas más expertas y que además podían costearse el tener cota de malla, llamada lorica hamata, y una lanza parecida a las que llevaban los hoplitas griegos. Por lo demás, vestían igual que la línea precedente.

Cota de malla de origen celta, cascos griegos, escudos celtas. El ejército romano de esta época está muy influenciado por estas culturas y eso se refleja en su indumentaria. Debemos tener en cuenta que hasta hacía pocos decenios se luchaba al modo hoplítico y vestían como los fieros guerreros griegos que habían participado en la batalla de Maratón, por ejemplo. No es de extrañar que algunos centuriones llevaran incluso un hoplón, escudo circular que da nombre al magnífico ejército griego. Y para más peculiaridad, la persona encargada de llevar a estos valerosos muchachos a la batalla no era otra que Publio Cornelio Escipión, un muchacho de poco más de veinte años, casi sin experiencia militar -si obviamos la participación con su padre en Cannae y todos sabemos como acabó- y que es nombrado Procónsul (no fue Cónsul). Y aún así, conquistaron Krt-Hdst, echaron a los púnicos de Iberia, ganaron la Segunda Guerra Púnica y comenzó la Romanización de Hispania. Cosas, hechos con los que nos sorprende la vida.

Y si os pensáis que los púnicos eran salvajes con el chip Conan activado, estáis muy equivocados, pues si hay un ejército al que influenció la falange griega, fue al cartaginés, pero de eso se hablará en otra entrada. Con lo que todas las visiones románticas sobre el ejército púnico y romano que todavía laten en el subconsciente social general deben ser revisadas.

Ahora sí, las fotografías explicativas:

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Tribuno -derecha, es uno de los mandos intermedios- y Legado -izquierda, estarían los segundos en la línea de mando, tras el cónsul- de una legión republicana. El tribuno lleva una espada del tipo campovalano, coraza musculada -muy poco común-. (ed. Osprey)

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Líneas principales de una legión romana republicana. Tanto el hastatus o princeps como el triarius llevan casco montefortino y espada gladius hispaniensis. El hastatus lleva dos pila pesados (ed. Osprey).